+++ Llegué a la cafetería con una mezcla de nervios y emoción revoloteando en mi estómago. Aunque cada día me sentía más cómoda en mi nuevo trabajo, siempre había un reto inesperado esperándome. Abrí la puerta y fui recibida por el cálido aroma a café recién hecho y la familiar sonrisa de Natasha. —¡Buenos días, Emma! —exclamó Natasha, con su característico entusiasmo matutino. —Buenos días, Natasha —respondí, colgando mi abrigo en el perchero. —Tengo una noticia para ti —dijo Natasha, acercándose con una mirada decidida en sus ojos—. A partir de hoy, serás la encargada de tomar los pedidos en caja. —¿En serio? —pregunté, sorprendida—, ¿crees que soy buena? —Lo eres —respondió Natasha, sonriendo—. Tienes un don para conectarte con los clientes. Eres buena captando lo que desean inclu

