* Mi mente estaba nublada por la ansiedad y el miedo, cada pensamiento girando en torno a Gavrel y al peligro inminente que Viktor había prometido desatar. Apenas había logrado arrastrarme fuera de la cama cuando comenzaron las llamadas, los mensajes, las obligaciones que Viktor me había dejado. Sentía que el mundo entero conspiraba para mantenerme ocupada, para evitar que pudiera pensar en una solución, en una salida. Las palabras de Viktor seguían resonando en mi cabeza como un eco sin fin: Voy a matar a Gavrel. Intenté concentrarme en las tareas que tenía delante, pero todo parecía irrelevante comparado con el miedo creciente que se apoderaba de mí. Sabía que Viktor no hacía promesas en vano, y si decía que iba a matar a Gavrel, lo haría. Me sentía atrapada en una pesadilla de la que

