Su sonrisa se ensanchó, sus ojos brillando con una crueldad que me heló la sangre. —Te romperé, Emma. Poco a poco, hasta que no quede nada de la chica que eras. Haré que implores por mi misericordia, que supliques por el mismo destino del que ahora intentas escapar. Mis manos se cerraron en puños, el miedo luchando contra la rabia que crecía dentro de mí. —No puedes destruirme tan fácilmente —susurré, aunque en mi interior, las dudas comenzaban a crecer. —Eso lo veremos —dijo, inclinándose hacia mí, tan cerca que sentí el roce de sus labios a milímetros de mi piel—. Pero recuerda esto: todo lo que alguna vez amaste, todo lo que crees que puedes proteger… todo está en mis manos ahora. Gavrel, tu padre… incluso tú misma. No soy un hombre que se detiene ante nada para conseguir lo que q

