+ ¡Maldición! Un chillido me hizo abrir los ojos de golpe. —¿Qué pasa? —pregunté, examinando su rostro con detenimiento. Luego vi que intentaba soltarse, me tranquilicé. Pensé lo peor, esta chica sí que me sacará el corazón. No puede quedarse tranquila, soy una persona buena, no la he matado aún, eso lo debería de agradecer, ya que otro en mi lugar no estaría dudando. —¿Me ataste a la cama? —ladeó la cabeza, apretando los labios—, ¿crees que soy un animal? Maldita sea, soy una persona, ¡no te he hecho nada! Eeeeh, no, pero sí mi presa, y es mejor ser precavido, ya que ella puede buscar la forma de escaparse y eso es malo para ella y para mí. —No quería arriesgarme —dije con una voz somnolienta y eché la cabeza hacia atrás. Su mirada podía matar en ese momento y sabía que tramaba

