Capítulo 6

629 Words
La alarma del móvil de Axel volvió a sonar y esta tomó el aparato de mala gana y le quitó la batería para que la dejase en paz. No quería levantarse, no quería ir a trabajar, no quería dejar su casa que era su único refugio en ese instante. Además, no había podido dormir en todo el día debido a las pesadillas, así que estaba completamente irritada. Y eso sin contar las innumerables llamadas de amigos, familiares de Josh, preguntando porque cancelaban el matrimonio que se debía realizar en tres semanas. - ¿Dónde está ese idiota? –había preguntado Perrie, la hermana de Josh –. No lo puedo creer... Axel, lo siento tanto, me siento tan avergonzada por su comportamiento y Amanda... Jamás creí que ella fuese a actuar de esa forma tampoco. - ¿Acaso tú los obligaste a acostarse juntos? Tú no tienes nada por lo cual te debas sentir avergonzada –respondió ella, medio dormida. - Mamá aun no le ha dicho nada a papá, teme por su salud. Estamos esperando el momento adecuado para hacerlo, ¿lo comprendes? Claro que comprendía, pero no le parecía justo tener a Joseph en la ignorancia de los hechos y dejarlo hacerse más ilusiones, pero eso era algo que ya no le correspondía a ella decidir, era obligación de Josh, pero aun así no dejaba de preocuparse. - Perrie, debo dormir porque vengo saliendo del trabajo y no sé ni que estoy diciendo. Hablamos luego. Después de esa charla con la melliza de su ex, se durmió, solo para agregar a sus pesadillas a Dominic Bryce. ¿Cómo podía ser posible que Dominic Bryce tuviera el poder de acabar con su paz en cuestión de segundos? Él simplemente había llegado a invadir el único lugar en el que sentía que valía la pena pasar su tiempo y por un instante la hizo pensar en pedir unos días de baja solo para no verlo, al menos por el tiempo que Richard estuviese internado. Pero ella no tenía que irse, ella no estaba haciendo nada malo, en todo caso el que debía irse y evitarla a toda costa sería él y su estúpida novia. Su novia. Elsa, esa bruja desgraciada se había quedado con él después de todo. Suspiró con frustración y ahogó un grito con la almohada. - Más le vale a ese par no estar en mi santuario ahora que llegue -refunfuñó, hablando consigo misma-. ¿Quiénes se creen para atormentarme de esta forma? Par de idiotas que se merecen el uno al otro. Se levantó de la cama y buscó algo para comer en el refrigerador y maldijo en voz alta el nombre de Josh, al ver que lo único que había en el lugar era un cartón de leche y para colmos había caducado. Él era el que se encargaba de hacer las compras de la casa para evitar que ella comprara dulce y grasas en exceso. Salió de su casa aún con su ropa de dormir y el cabello medio suelto y enredado, importándole muy poco si se veía bien o mal, estaba muriéndose de hambre y la tienda de conveniencia no quedaba muy lejos de su edificio de apartamentos. A mitad de camino se arrepintió de no haberse puesto algo que la cubriese mejor ya que estaban empezando a caer los primeros indicios de nieve de la temporada y hacía demasiado frío, eso sin contar el viento que azotaba con violencia por todos lados. Hasta el cabello se lo había metido en la boca. Corrió hasta llegar a la tienda y cuando ingresó al local, Steven, el dependiente de medio tiempo que le coqueteaba a Bella cuando llegaba la saludó con un efusivo movimiento de mano y pasó por alto su espantoso semblante. Tenía unas ojeras enormes y un humor de los mil demonios debido al cansancio por la falta de sueño. Buscó lo esencial para subsistir lo que restaba de esa semana y cuando se dirigía al pasillo de aseo femenino escuchó una voz que la hizo perder la poca paciencia que le quedaba. - Le dije a Dom que no había nada que preocuparse, Richard es muy fuerte y que saldrá de esta rápido, así podremos volver a casa todos juntos. Se detuvo a medio pasillo y se dio la vuelta para no verle ni siquiera la sombra a esa desgraciada, pero se dio en las narices con el pecho de un hombre que pasaba frente a ella. - Lo siento –susurró mientras se masajeaba la zona que se había lastimado. No recibió respuesta de parte del hombre, quien permaneció sin moverse un solo centímetro. "Pero que mal educado", pensó Axel, sin molestarse siquiera a voltear a verlo, continuando con su camino. - Oh, eres una de las enfermeras que están cuidando de Richard. Axel se detuvo al escuchar esa otra voz femenina y le resultó conocida. Muy a su pesar se giró para ver de quien se trataba. El alma se le volvió a caer al suelo al ver a las tres personas que tenía enfrente. Dominic, Elsa "la bruja" y la matriarca de los Bryce. ¿Pero qué estaba pasando con ese par de idiotas? Aparecían en su vida sin ser invitados y todavía se daban el gusto de mirarla como si fuese basura. La mujer mayor se acercó a ella con una inmensa sonrisa dibujada en los labios, a pesar de que se notaba el ambiente de tensión entre los involucrados. - ¿No tienes que ir hoy al hospital? -preguntó la señora. Axel dudó en si debía responderle, pero decidió ser amable con la madre de su amigo Richard. - Tengo el turno de la noche -respondió, haciendo un gran esfuerzo en no ver a ese par como se tomaban de la mano y le daban la espalda. Apretó con demasiada fuerza la agarradera de la canasta de compras. - Me alegro saber que estarás junto él, pareces muy paciente y mi chico es algo inquieto y no le está haciendo la tarea fácil a la enfermera que lo está atendiendo en este momento -se quejó la señora y Axel sonrió sin querer. Ese era el Richard que ella conocía, impaciente, siempre activo, sin quieres estar en un mismo lugar por un largo período. - Iré a ponerlo en línea en unas cuantas horas -le aseguró ella, guiñándole un ojo. - Muchas gracias, linda. - No hay que agradecer. Adiós -se despidió Axel, al no soportar más presencia de esos dos. Tomó camino a otro pasillo y se topó con los padres de Josh, quienes discutían porque Joseph quería llevar justamente lo que estaba fuera de su dieta. Al verla, el hombre se acercó a ella con una alegría descomunal. En cambio, Jade, la madre de Josh, se le veía avergonzada y preocupada. - Axel, querida. ¿Qué haces aquí? ¿Y Josh? –le preguntó su ex suegro. - Hola, Joseph. ¿Qué estás tratando de contrabandear de la tienda? –Axel cambió de tema. - Solo un par de cosas, nada más. ¿En dónde está mi hijo? –él tampoco estaba dispuesto a cambiar de tema. - Salió por unos días, ¿no recuerdas que te lo dije? –Jade intervino al ver que ella no sabía que responder. - Ese muchacho debe poner en una balanza sus prioridades, está por casarse y anda trabajando en otro lugar. ¿Cómo lo soportas, querida? Si, ¿cómo soportaba no verlo por días cuando salía de la cuidad a juicios o a conferencias a otros lados? Ella quedaba sola en casa, extrañándolo como un condenado. - Porque lo amo, por eso lo soporto –respondió a su pensamiento, pero no se percató que lo había dicho en voz alta. Jade le ofreció una sonrisa cargada de tristeza, mientras los ojos de las dos se humedecían debido a las lágrimas. La mujer se le acercó y le dio un fuerte abrazo. - Lo siento, cariño, no deberías estar pasando por eso. En casa hablaré con él. Lo siento –murmuró. - Sé cuidadosa, por favor –tampoco quería que la salud de Joseph se viera comprometida. - Vamos, Joseph, debemos ir a tu revisión y le diré al médico que has estado haciendo trampa con la comida. - Nos vemos, querida. Cuando mi hijo regrese, dale una buena regañada, pero dile cuanto lo amas también, ¿de acuerdo? –Joseph la abrazó en señal de despedida y Axel estuvo a punto de soltarse a llorar. - Lo haré –sonrió con tristeza. Observó la figura de Dominic Bryce pasar junto a ella y claro, iba en compañía de la bruja esa y de su madre. Los tres se detuvieron a unos cuantos metros de donde ella estaba. ¿Acaso esa escena podría empeorar? - Por cierto, tu vestido de novias llegó esta mañana a nuestra casa, creo que hubo algún error a la hora de poner la dirección... Si, definitivamente las cosas podían empeorar. .... Pero creo que es mejor así, según la tradición, el novio no debe ver el vestido hasta el día de la boda, pero la regla no dice nada de los suegros –se rio Joseph. - Ya vamos, eres peor que una señora cotilla –Jade salvó nuevamente a Axel de tener que dar explicaciones y se llevó casi arrastras a su marido. Axel suspiró con algo de frustración y pasó de largo ante la mirada de sus vecinos de pasillo. Era mejor retirarse de ese sitio cuanto antes. - ¿Dónde está tu marido? -Steven le preguntó mientras empacaba sus compras, desde que ambos se habían mudado a vivir juntos, el muchacho ya los llamaba de esa manera. Estaba claro que le parecía de lo más extraño que ella fuese a hacer las compras de la casa y no él-. Hace días que no lo veo. - Tiene mucho trabajo –mintió, nuevamente. No era ni el lugar ni el momento adecuado para hablar sobre ese tema. Además, a unas cuantas personas detrás de ella se encontraba su pesadilla andante. - ¿Bella vendrá a la boda, cierto? Axel aprovechó que Steven había terminado de empacar sus compras y las tomó con velocidad para así poder escapar. - Hasta luego, Steven. Salió del establecimiento y el viento y la nieve habían empeorado. Los dientes le castañeaban debido al frío del demonio que sentía y las manos le temblaban. - ¡Rayos! -se quejó, cuando la bolsa en la que llevaba los cartones de jugos se le rompió de la agarradera, haciendo que el contenido cayera al suelo, llenando sus zapatillas de jugo de manzana- ¡Maldita suerte la mía! ¿Cuántas cosas pueden salirme mal en un solo día? - ¿Necesitas ayuda? Otra vez la voz de la madre de Richard la hizo maldecir mentalmente. Se dio la vuelta y le sonrió a la mujer, pero la sonrisa se esfumó cuando vio con quien iba a la par. La tipa rubia de ojos azules la veía con una risa maliciosa en sus labios. - Estoy bien -aseguró cuando logró recuperar el habla. - Este clima esta de locos aquí, ¿no quieres que te acerquemos a tu casa? -ofreció la señora de bellos ojos verdes. - No... Vivo a unas cuantas calles de aquí, muchas gracias, de todas formas -Axel preparó su escape a como lo había hecho con Steven, pero esa mujer era más lista que ese chico coqueto. - No es ningún problema, mi nuera y yo debemos regresar al hotel para preparar unas cuantas cosas para la novia de Richard, pero mi otro hijo Dominic, no tendría problemas al acompañarte hasta tu casa. Tanto Axel como Elsa abrieron la boca al mismo tiempo. - ¡NO! -gritaron ambas. - De verdad, no es necesario -agregó Axel, con más calma. - Nada de eso, mira como el clima está empeorando. - Vivian, creo que ella no se siente cómoda con tu petición -Elsa le sonrió hipócritamente a su suegra y esta observó a Axel sorprendida. La figura de Dominic se hizo presente en ese momento, que salía de la farmacia que estaba a unos cuantos locales de distancia. Cuando sus miradas se cruzaron, él la desvío de inmediato. - Mamá, Elsa, ¿qué están haciendo aquí? Les pedí que fueran directo al hotel. Está haciendo un frío del demonio. Axel no pudo evitar sentirse invadida por el tono grave y profundo de su voz. No había cambiado nada desde la última vez que lo había escuchado. - Nos hemos encontrado con la enfermera de tu hermana y tiene problemas con sus comprar, le he ofrecido llevarla a su casa. Dominic la volvió a ver con la boca abierta y el asombro era legítimo en sus ojos. Axel deseó que se la tragara la tierra o ya como mínimo que el viento soplara con mucha fuerza y la enviara lejos de ese lugar. Se sentía tan avergonzada con esa situación. Lo único que quería era alejar a Dominic de su radar, pero al parecer no iba a estar tan fácil. - Mamá... - Ella está ayudando en la recuperación de tu hermano y es una de las pocas que pueden con su temperamento, es lo mínimo que podemos hacer para agradecerle -el tono de voz de Vivian Bryce cambió drásticamente y tanto Dominic como Elsa se tensaron. - Señora Bryce, ese es mi trabajo. No tiene por qué sentirse comprometida -Axel trató de calmarla y le habló como solía hacerlo con los pacientes que se alteraban más de la cuanta. - La llevaré a su casa, pero por favor vete al hotel de inmediato madre. Axel, agarró con fuerza las bolsas de compras al escuchar las palabras de Dominic y se echó hacia atrás. Ni muerta viajaría al lado de ese hombre. Jamás. - Gracias, mi vida. - Amor... - Elsa, llévate a mamá directo al hotel, las veré en un momento allí -Dominic se acercó a su novia y la besó fugazmente con mucha delicadeza en la frente. La joven apartó la mirada y sentía que algo se le había atorado en la garganta y le impedía respirar con facilidad. Ambas mujeres tomaron uno de los taxis que estaba estacionado en el lugar y en cuanto se perdieron de vista Axel reunió todo el coraje que le quedaba y retomó su camino. Su cuerpo entero temblaba y sabía que no se debía solo al frío. Tenía los nudillos blancos por la fuerza con la que agarraba las bolsas y los ojos le ardían debido al cúmulo de lágrimas que se estaban haciendo presentes. Debía resistir solo un poco más hasta llegar a su casa y en ese lugar si podría sacar todo sin restricción alguna. Ese había sido uno de los acontecimientos más humillantes de toda su vida, no solo se tuvo que enfrentar a sus ex suegros y mentir, también se tuvo que cruzar con Dominic y Elsa. El claxon de un auto la hizo pegar un brinco del susto y observó el reluciente cuatro por cuatro, n***o que estaba demasiado pegado a la acera en la que ella iba caminando. - Sube. El conductor no era otro sino Dominic, conducía con tal lentitud que varios conductores que venían detrás de él se quejaban, completamente irritados por la lentitud con la que se movía. Axel ignoró su petición y apresuró el paso. ¿Acaso se había vuelto loco? ¿Por qué razón le estaba hablando? Creyó que lo que le había dicho a su madre era una mentira nada más para calmarla, pero jamás imaginó que realmente pensaba que él la llevaría a su casa. Dominic volvió a sonar el claxon un par de veces. - Tu madre ya no está cerca, puedes irte -dijo ella, tratando de hablar con voz firme y dudo en si él la había escuchado. Era la primera vez que se dirigía a él directamente desde que se habían vuelto a ver. - Yo no miento -le gruñó él-. Si le dije que te llevaría, eso mismo haré. Axel se detuvo en seco y le dedicó una mirada llena de ironía. - Yo no quiero que me lleves a ningún lugar. - ¿Caminaras bajo este clima? - Por favor, da la vuelta y vuelve a desaparecer de mi vida –cerró los ojos para intentar mantener la poca calma que le quedaba. Dominic se río sin ningún rastro de humor y se mordió el labio inferior. Detuvo el auto y se bajó de este y se quedó de pie justo frente a ella, con ambas manos metidas en los bolsillos de su reluciente pantalón n***o de vestir. - No hago esto por ti -fue lo primero que dijo él luego de escanearla de pies a cabeza-. Por alguna extraña razón le has agradado a mi madre y no quiero que este más preocupada y mucho menos alguien que no vale la pena. Sube al auto. Axel ladeó la cabeza al escuchar lo que acababa de decirle y ni qué decir del tono con el que se dirigía hacia ella. Ese idiota creía que ella seguía siendo la misma mujer tonta que agachaba la cabeza ante los insultos que le propinaban. - ¿Quién carajos te crees que eres para decir si valgo o no valgo la pena? –le respondió mientras lo encaraba–. Vete al diablo, m*****o cretino– se dio la vuelta luego de mostrarle su dedo corazón y continuó con su trayecto, sintiéndose victoriosa al dejarlo plantado en media calle. "Bien hecho, Axel", se felicitó a sí misma, al no permitir que sus palabras cargadas de veneno la afectaran. Cuando dio la vuelta en una de la esquina, prácticamente corrió hasta llegar a su casa, se estaba congelando. - De verdad que ese idiota tiene la cara muy dura -le dijo a su reflejo en el espejo del baño, mientras se terminaba de cepillar los dientes para ir al trabajo-. Él es quien no vale nada. Mira que volver con la mujer que lo engañó en su noche de compromiso... ¿Puede alguien ser más idiota?
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