Incorporándose en sí mismo inhaló profundo y salió de la cabaña olvidando las bebidas llegando hasta sus empleados y narrándoles lo acontecido, y todos ellos comenzaron a hablar sin entenderse nada de lo que decían hasta que el capataz puso un alto y habló preguntándole qué haría ya que el atardecer llegaría en unas pocas horas, a lo que Marcelo respondió que planeaba dormir en un hotel y temprano en la mañana volvería para abrir de una vez por todas el ático y el sótano así como las habitaciones clausuradas buscando lo que fuera que allí hubiera.
El capataz y tres hombres más se ofrecieron en acompañarlo en la mañana siguiente en tal tarea, despidiéndose de Marcelo quien abordó su camioneta marchando al hotel.
Ya en la mañana del miércoles Marcelo, el capataz y otros tres hombres ingresaron a la cabaña, y abrieron cada puerta sin mayores problemas sin dar con nada relevante, entonces llegó la hora de subir al ático mas la puerta se encontraba trabada u sostenida por una fuerza desde dentro, así también ocurrió con el sótano, en vista de tal contrariedad acordaron retirar las puertas de esos dos lugares con ayuda de las herramientas y así lo hicieron; la humedad escurría por las paredes y el aire estaba viciado a un punto tan alto que no lograban respirar, mas no pensaban retrasar la tarea por lo que con unas improvisadas máscaras confeccionadas con pañuelos de tela los cinco retornaron con la exploración dividiéndose en dos grupos, tres hombres limpiarían el ático y Marcelo y el capataz harían lo propio con el sótano.
En resumidas cuentas no hallaron nada que mereciera la pena el esfuerzo, cabe aclarar que no habían objetos de culto, altares o manchas que denotaran algún viejo ritual, tanto en el ático como en el sótano solamente dieron con viejos y desgastados muebles en estado deplorable, camas desarmadas, veladores rotos, espejos opacos y un par de mesas cuya madera denotaba haber sido víctima de las polillas y los gusanos taladro. Sin dudarlo Marcelo les ordenó que desecharan todo sin excepción pues no deseaba tener nada de ello; el capataz viajó a la tienda con la finalidad de comprar dos puertas mas la tarea le tomaría casi todo el día y para cuando regresó el ocaso daba comienzo por lo que la colocación de las puertas nuevas deberían de efectuarla a la mañana del jueves.
Marcelo sentía mayor seguridad comunicando a sus hombres quienes ya consideraba más que buenos amigos sino hermanos que dormiría en la cabaña, ellos protestaron con severidad mas la determinación presente en Marcelo no pudo ser rota y terminaron cediendo haciéndolo prometer que ante cualquier problema él los buscaría sin importar la hora.
Marcelo cayó rendido por el cansancio en su plácida cama creyéndose a salvo y en paz dejó que la pesadez invadiera todo su ser sumiéndose en un profundo sueño reparador; a un lado de su cama sobre una mesita de luz reposaba un viejo reloj despertador a cuerda que marcó las tres en punto de la mañana y cual si fuera una invitación a la liberación de algo, todos los objetos sueltos de la casa, adornos y demás salieron disparados de sus estantes colapsando contra los suelos o en su defecto contra las pared contraria despertando al pobre y agotado Marcelo quien en un acto reflejo aferró las mantas que lo cubrían suponiendo así estaría bien mas no era cierto y lo sabía demasiado bien, por ello intentó sonar intimidante al gritar con todas sus fuerzas: ʺEsta es mi casa, vete de aquíʺ.
Aquella osada muestra de valor solamente empeoraría las cosas ya que desde el ático y el sótano simultáneamente comenzaron a oírse voces en discusión acompañadas por el repentino estallido de los vidrios de todas las ventanas, en cuanto a las voces continuaban aumentando el volumen sin comprenderse lo que decían, pero resultaba evidente que eran expresiones de odio mezcladas con desesperación ahogada. Pese a todo Marcelo no se movió ni un solo centímetro aferrando con suma energía las mantas, hasta que todo quedó en silencio por un minuto seguido a ello una fuerza similar a un terremoto hizo temblar la cabaña, Marcelo saldría de la cama y sosteniéndose de lo que pudo reposando todo su peso sobre su pierna sana logró llegar a la puerta precipitándose fuera dejándose caer de bruces al suelo seco y entre sollozos gritó con todas las fuerzas de su cansado cuerpo y casi todo el aliente que aún le quedaba: ʺEs mi casa, déjame en pazʺ.
Los empleados ya estaban junto a Marcelo pues el temblor los había despertado y decidieron acudir en su búsqueda al oír su grito, y ante ellos todas las luces interiores de la cabaña fueron encendidas mostrando la presencia de cientos quizás miles de sombras reposadas contra las ventanas sin vidrios, pero lo más horroroso de todo fue el escuchar voces gritando con claridad pidiendo ayuda.
Marcelo estaba paralizado, los trabajadores entonces lo tomaron por ambos brazos y huyeron de aquel condenado lugar llegando al bar de la ciudad donde permanecieron hasta que el sol lo dominó todo y entonces buscaron la ayuda de la policía regresando a la casa no sin antes dejar a Marcelo bajo los cuidados del médico quien debido al delicado estado del hombre lo trasladó al hospital.
En la casa hallaron un escenario desgarrador, puesto sobre los suelos yacían restos humanos, esqueletos sin carne, cráneos partidos y algunos miembros momificados por el paso de los años. Toda la cabaña en sí misma estaba llena de cadáveres pero sin lugar a dudas los sectores abarrotados de restos eran el ático y el sótano donde también reposaban retazos de telas que alguna vez fueron vestimentas.
Durante mucho tiempo la cabaña fue zona de investigación llegando a perdurar por tres meses en los cuales tanto Marcelo como sus trabajadores no pusieron ni un pie en esas tierras; finalmente la investigación concluyó determinando que la mayor parte de los restos pertenecían a los anteriores dueños de la cabaña, pero no hubo respuestas a cómo y qué los asesinó.
Tras la liberación de la cabaña los oficiales de policía le comunicaron la noticia a Marcelo mas uno de los mismos le aconsejó no regresar, compartiendo que en su opinión nadie debería de vivir en ese terreno; Marcelo una vez recuperado de sus lesiones y sintiéndose mejor de su pierna pues ya no requería del bastón para movilizarse, él en un repentino acto de insania mental, obstinación o posesión demoníaca retornó a la cabaña donde los cultivos se encontraban secos y los suelos descansaban sumidos en polvo, mas lejos de alejarse eso reforzó su decisión dándose de lleno a la reconstrucción de su cabaña aunque en esa ocasión nadie quiso acompañarlo ni siquiera sus más leales empleados a quienes consideraba amigos, estos en cambio persistieron en tratar de doblegar su voluntad y al fracasar en constantes intentos decidieron dejarlo ir bañados en un mar de lagrimas, ya que ellos no volverían a poner un pie en esas tierras ni por todo el oro del mundo.
Marcelo por su parte se tornó en un completo ermitaño dejando que el abandono y la soledad lo envolvieran, de vez en cuando la gente lo veía refaccionando la cabaña de manera precaria utilizando madera vieja y seca, y mientras el tiempo transcurría su aspecto iba en declive consumiéndose lenta pero progresivamente. Quienes lo cruzaban por las tiendas comprando provisiones decían al verlo que no era una persona sino una marioneta cuyos hilos invisibles eran sostenidos por una fuerza demoníaca y por ello casi nadie deseaba entablar una conversación con él.
Un año ya había transcurrido y sin falta cada tercer domingo del mes Marcelo acudía a las tiendas, mas al llegar el mes de septiembre él no apareció, mas nadie preguntó por él todos asumieron de buena gana que tal vez finalmente entró en razón y abandonó la cabaña para no regresar jamás.
Tres años tras la desaparición de Marcelo un joven matrimonio deseaba comprar la cabaña por lo que se aventuraron a llegar hasta la misma procurando charlar con el dueño de la vivienda ya que legalmente aun pertenecía a Marcelo.
Mas al llegar allí se toparon con la puerta entreabierta, ellos llamaron pero no hubo respuesta y sin embargo algo los incentivó a ingresar siempre anunciándose, y mientras más avanzaban notaban el abandono de aquel lugar hasta llegar a una habitación donde un tallado en la madera, efectuado por unos movimientos similares a las garras, dictaba: ʺEsta es mi casa, y aquí me quedoʺ. Seguido a esto la pareja decidió llamar a la policía y salir lo más próximo de allí ya que aquel anuncio los lleno de temor sin saber muy bien por qué.
Finalmente
Entonces Edgardo llegó al fin de su relato diciendo: ʺEse sería el primer caso que atendí; cuando llegué a esa cabaña un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, cabe destacar que yo no conocía los detalles de los eventos ocurridos. Yo era joven y aún me persigue lo que vi cuando derribamos esa puerta mi compañero y yo, divisamos una habitación cubierta por polvo y telarañas, donde una heladera reposaba junto a la puerta derribada, frente a esta estaba una cama aun tendida, de un lado una mesita y por último cerca de la ventana un sillón donde los restos de un cuerpo humano seco hasta tal grado que la piel estaba pegada contra los huesos y una expresión de horror plasmada en su semblante, descansabaʺ.
Una pausa involuntaria por parte de Edgardo para beber un sorbo de su vaso de sangría interrumpió la narración, pero la tensión me corroía así que terminé preguntándole qué sucedió después, a lo que me respondió: ʺSu cadáver fue enterrado en el cementerio de Penumbras City, la cabaña jamás fue habitada de nuevo; hubo una investigación intentando reconstruir los acontecimientos de la muerte de aquel pobre hombre, yo formé parte de ella recopilando todos los datos que he narrado y enterándome de lo demás por parte del comisario con quien había entablado una buena amistad. Sabe una cosa, lo más triste de todo fue que seis meses después dos jóvenes de diecinueve años de edad arribaron a la ciudad, provenían de Portugal venían con el único fin de conocer a su padre pues pensaban recuperar el tiempo perdido por culpa de su madre quien los separó de su padre cuando aun eran pequeñosʺ.
Ese cierre en su relato logró provocarme un nudo en la garganta y francamente tuve que ahogar las ganas de llorar vaciando mi vaso. Viéndome un poco calmado Edgardo me compartió que siempre que recordaba eso también sentía una melancolía insufrible, y el silencio dominó nuevamente hasta que ya repuestos Esteban llenó los vasos de todos y volvió a sentarse elevando las cejas y todos lo miramos con atención ya que su relato daría inicio.
Los naipes habían quedado sobre la mesa ya nadie de los presentes allí deseaba jugar, solamente estábamos atentos a la bebida y a las palabras de cada relato; como he mencionado Esteban narraría una historia acaecida en aquella ciudad, y dio comienzo: “A diferencia de Edgardo yo nací y crecí en Penumbras City, a mis dieciocho años de edad ingresé en la Universidad de Cruzánsata egresando con titulo de profesor universitario de historia y ciencias sociales. Pronto fui contratado por la escuela secundaria N° 576 alias "La Casita", siendo una forma irónica de referirse a la escuela ya que era y continúa siendo una edificación descomunal de cuatro pisos, el cuarto piso situaba la biblioteca mientras que en las demás se ubicaban los salones de clases y los laboratorios mas el lugar era tan grande que aun con tantos alumnos existían cuartos clausurados y escaleras en desuso. Cuando ingresé a trabajar ahí yo tenía veintitrés años, supongo que desde ya podrán asumir el temor que significó para mí semejante responsabilidad. Contener todo un salón de clases con jóvenes de dieciséis años por un lapso no menor a tres horas, viendo a dos grupos de jóvenes diferentes de lunes a viernes y aun así me consideraba afortunado por no tener que trabajar en más de un colegio. El viaje a la escuela no me tomaba más que veinte minutos desde mi departamento, mis padres por ese entonces estaban retirados también habían ejercido la docencia y en sus años de retiro tras verme con un trabajo seguro decidieron darse al cumplimiento de sus sueños viajando a Italia y estableciéndose allí dejándome el departamento donde crecí. En definitiva por ser ciudadano Penumbrense siempre estuve rodeado por hechos fuera de lo común, ya sea de manera directa o indirecta. Pero recuerdo que por ese entonces yo realizaba siempre el mismo trayecto hacia el trabajo en mi motocicleta Puma una belleza que adquirí en mis años de universitario. Bien como iba diciendo mi recorrido siempre era el mismo pasando frente a una singular mansión abandonada que lejos de aterrorizarme me infundía cierta curiosidad mas nunca entré hasta que a mitad de mi primer año como profesor durante una mañana fría de sábado desperté cerca de las cuatro am estaba decidido a explorar la mansión con la sola finalidad de salir de mi rutinaria y solitaria vida ya que por entonces el trabajo me agobiaba en sobremanera y no disponía de tiempo libre para entablar nuevas amistades. Con los primeros rayos del sol emprendí mi viaje, nadie custodiaba esos terrenos recorrí todo cabe decir que la tarea me tomó cerca de ocho horas, cerca de las tres de la tarde me hallaba en una de las habitaciones mirando por la ventana cuando a mis espaldas un objeto cayó reconozco que casi se me salió el corazón por la boca; traté de contenerme para no salir corriendo y voltee divisando ante mí un pedazo de madera desprendido del techo mas no sólo eso sino que al parecer había caído con un objeto polvoso que tomé entre mis manos y limpie con mi pañuelo resultó ser un cuadernillo de anotaciones, con tapas de cuero y un hilo del mismo material lo mantenía cerrado, simplemente me lo llevé conmigo y lo dejé olvidado encima de la mesa de mi cocina hasta que llegó la noche, finalmente antes de irme a la cama decidí revisarlo sus hojas eran amarillentas, algunas estaban arrancadas o carcomidas. Y en primera persona narraba lo siguiente: