CAPÍTULO 43 La alegría se congeló y sentí que mi mundo se paralizaba.No podía creer aquello tan trágico, Nancy, por mi culpa estaba en un hospital. El señor de seguridad nos pidió tranquilidad y que mantuviéramos la calma. Nos pidió que entregáramos los celulares para evitar comunicaciones inoportunas. Yo estaba inconsolable, no veía el camino por donde estábamos transitando varios kilómetros. Solo levanté mi rostro, cuando Oliver, muy sorprendido,exclamó: — ¡¿El aeropuerto?! ¡¿Por qué nos traen aquí?! —Deben hacer silencio y hacer todo lo que les pedimos. Al ver aquello le grité: — ¡Señor! ¿Qué va a hacer con nosotros? ¿A dónde nos llevan? ¿Qué significa todo esto? —Entienda señorita, solo recibimos órdenes. Nos espera una avioneta privada y debemos abordar con urgencia. Quédes

