Impida quien lo Impida Mi vida había cambiado, me sentía como una reina y aquello que nunca pude tener, Dios me lo brindaba consolo abrir mis ojos cada mañana. Florecita me trataba como si fuera su hija, además, retomé mi carrera, la cual tuve que comenzar en los primeros años, según mi equivalencia. Nancy se había convertido como en mi asistente, resolvía cada cosa por mí. Me reunía con el señor Macroni varias horas en su oficina privada, donde podía hacer mis prácticas de administración, conociendo todo lo relacionado con la empresa. En verdad era un patrimonio muy grande con muchas sedes en varios estados de Estados Unidos y se abría también en América Latina. Aprendía cada día más y él me estaba tomando mucha confianza, sin embargo, en sus ojos se le notaba una gran tristeza; t

