CAPÍTULO III DOMINGO

898 Words
UN DOMINGO  Denver, (Colorado). ―Ya estamos a una cuadra de la residencia ―mencionó Oliver, dirigiendo su mirada hacia mí. Yo miré alrededor cada detalle, estaba en un océano, «no es lo mismo nadar en río que en aguas abiertas», pensé. Allí estaba sumergida, tenía que nadar en este mar, porque toda meta planteada se debe proyectar, trabajar, luchar y por último, alcanzar.  A eso había venido a este  país, no podía permitir que el miedo me paralizara, por tener al frente algo nuevo por descubrir. Se veía todo limpio, una ciudad muy agradable, me gustó mucho desde el principio.  Entramos a una residencia, por un garaje con puerta automática. Luego, el amigo de Oliver se detuvo frente a unos jardines. Allí estaba el edificio que luego sería, mi apartamento.  —Es aquí tu nueva casa —dijo Oliver. Yo miré y sonreí, luego bajé del carro emocionada. Al hacerlo, bendije ese suelo, algo que me aconsejó mi tía mamá Elisabeth en el aeropuerto.  El amigo de Oliver miró su reloj insinuándole que era tarde. Ellos se despidieron, luego Oliver cargó mi maleta mientras me explicaba la zona, mostrándome todo en breve. Después subimos por el ascensor, presionó el número dos y cuando salimos, la puerta del apartamento estaba al frente.  ―Entra Liza, esta será tu residencia. ―comentó. ―¡Que hermoso Oliver! ―exclamé. Él sonrió, era la primera sonrisa, desde que nos vimos desde que llegué. El apartamento estaba pintado todo de blanco, era muy moderno y bello, superando mis expectativas. Me mostró la habitación principal en la cual él dormía, era grande, con un hermoso balcón y un baño en suite. Luego, me mostró el segundo dormitorio, no era tan grande y a su lado se encontraba un segundo toilette, pero más pequeño, los cuales me corresponderían. Después caminamos hacia la cocina, que daba justo frente al  salón; este tenía un balcón que sobresalía y se podía ver todas las áreas verdes de la residencia―. ¡Me encanta esto..., aquí te cocinaré los mejores platos! ―Exclamé. Luego me le acerqué para acariciarle su cabello, pero de inmediato retiró mis manos de su cabeza.  ―Liza voy a descansar ―concluyó―, nos vemos en un rato.  Quedé atónita... Cuando se marchó, tomé aire y me senté en uno de los muebles del salón. Estaba frente a lo que llaman desamor, aquel sin ganas, a quien se le acabó la batería, es decir, ante la indiferencia. Cuando el amor es indiferente es muy claro , hay una absoluta desconexión, es decir "yo no existo para él".  «¿Qué le había pasado a Oliver?», me preguntaba, no sabía dónde había quedado su amor, su entusiasmo y nuestros planes. Estaba segura de que, si yo le contaba esto a mi tía mamá, me daría una clase magistral sobre qué hacer . Pero allí en aquel pequeño recinto estaba sola, así que sola tenía que buscar una solución, pensaba: cuando un hombre en la relación de pareja comienza a ignorar a la mujer, está limitando el amor. «Cuando un amor comienza a apagarse, no significa que debes morir por aquello, a veces las limitaciones son importantes en el ciclo de una relación. Es un proceso de aprendizaje, que se debe tomar para validar la vida y saber si es o no amor, evitando caer en cuadro emocional que convierte nuestra vida en una dependencia . Nunca se debería depender de otra persona para poder "ser", porque aquello solo roba el amor propio». Entendí en aquella reflexión, que todo tendría una respuesta a mis preguntas. Luego de unos momentos me di cuenta de que mi adorado novio, estaba respirando otro amor, otro perfume, acariciando otros cabellos y besando otros labios.  Oliver se encontraba en la alcoba, mientras  yo, me había quedado sentada en el sillón, pensado un mar de cosas. En un momento, sentí  su teléfono, luego escuché su conversación en inglés, que duró bastante, al menos unos cuatro minutos. Después salió del cuarto sin percatarse que yo aún seguía allí. Se dirigió directo a la puerta de entrada, yo tenía mi cabeza apoyada en el sofá, con múltiples pensamientos . Abrió la puerta y escuché la voz de una mujer. Era una chica de ojos azules, alta delgada, quizás de mí misma estatura, un metro setenta, asomaba en el corredor. Yo me levanté de inmediato y nos miramos mutuamente. Oliver se dio cuenta de mi presencia.  ―Pensaba que dormías ―me dijo al verme allí parada―, el viaje fue muy largo. Yo no le contesté, solo  me quedé observando la escena. Mi razonamiento se ponía de manifiesto, Oliver respiraba por otro amor. Él, al percatarse de lo ocurrido, le comunicó algo en inglés y ella se marchó como si nada. Cerró de nuevo la puerta, me miró y me dijo —: Liza debo salir dentro de un rato, me voy a cambiar.  Yo lo detuve buscando una respuesta, de lo que había ocurrido ―¿Puedo saber cómo se llama? ―¿Quién ? —me preguntó.  ―La chica que acaba de salir...   ―Ah sí..., ella se llama Liz Macroni y es la hija del dueño de la empresa donde trabajo ― me dio la espalda y entró a su cuarto para vestirse.  Cuando el amor retorna del más allá  Novela con derecho de autor
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