Han pasado Diecinueve años después de aquel trágico accidente donde murió Liza Fernández, pero aparece una joven de Nombre Liza María Fernández descubramos juntos su historia.
Diecinueve años después.
Puebla, México. 17 de diciembre de 2019.
Liza María Fernández.
Entender la distancia es algo que nadie puede saber hasta que lo vive. Despedir en el aeropuerto a mi novio, fue lo más triste que había experimentado.
― No me dejes aquí... sola ― le dije minutos antes de cruzar la puerta de embarque.
Él me miró y en sus ojos vi cuánto dolor le causaba separarnos, pero teníamos que hacerlo. Nuestros sueños no podían seguir postergándose, y Estados Unidos era el lugar que habíamos escogido para hacerlos realidad. Además, el universo era cómplice, pues todavía me parecía mentira cómo se había dado todo: La invitación para trabajar en una de las mejores empresas de telecomunicaciones en Denver, Colorado, había llegado como un regalo de Dios. Ninguno de los dos lo podía creer, nos parecía mágico.
― Nuestros sueños se realizarán amor mío. ― respondió mientras me abrazaba. Luego se marchó y con él un pedazo de mi inocencia.
Así fue que mi querido novio se fue de México a Estados Unidos. Yo, por mi parte, me quedé esperando el momento en el que él pudiera ayudarme, para así poder entrar y estar juntos como lo habíamos proyectado. Le escribía cartas casi todos los días, ya que el teléfono no era suficiente para llenar su ausencia.
Puebla, México. Carta a Oliver. 17 de diciembre de 2019.
Mí adorado Oliver:
Escribirte me hace bien y sobre todo hoy, el día de mi cumpleaños, que me siento más sola que nunca. Cuando me levanté miré la mesa del salón, y ni los chocolates ni las rosas estaban como todos los años. Sabes que cada aniversario me invade una gran tristeza, como si faltase una parte a mi corazón. Te lo contaba cada año y tú ocupabas todo tu tiempo en mí; no permitías que me sintiera así. Mientras recorríamos las calles de nuestro pueblo, pasábamos juntos todo el día. Hoy, cuando mi tía mamá Elisabeth, me despertó para felicitarme, se lo expresé de nuevo, pero ella, como todos los años, me repitió lo mismo: "Liza yo no podré jamás llenar ese vacío de tu alma, solo el tiempo te ayudará”. Sus palabras me volvieron a enojar, no me pude contener y le dije: "Tía mamá, dime toda la verdad". Pero de inmediato me respondió: "¿Cuál verdad Liza?” Salió del cuarto y cerró la puerta. "No te imaginas cuánto he llorado, me haces falta. Quisiera que tú y el destino me ayudaran a saber de dónde provengo, quién soy. Sin embargo, me llenaré de paciencia a esperar que tú logres, que tu empresa me contrate y que juntos podamos cumplir nuestros sueños.
Te amo Oliver.
No sé cuántas cartas le envié a Oliver, pues cada vez que tenía la necesidad de hacerlo, simplemente allí me encontraba, escribiéndole mis anhelos. Y mientras redactaba, lo imaginaba leyéndolas, sujetándolas con sus manos finas y sosteniendo el papel con su postura impecable. A mi tía le parecía extraño cuando nos veía juntos, decía:
— Liza, tú pareces el hombre y Oliver la mujer. — Es que yo era un poco ordinaria y Oliver bien ordenado y fino. Sin embargo, Oliver se dejaba llevar por mí, era yo la que creaba todo en nuestro mundo de burbujas: El primer beso, el primer te quiero, los planes de casarnos, los planes de irnos a trabajar en otro país; pues, siendo su madre de Estados Unidos era mucho más fácil para él y, además, hablaba correctamente el inglés.
Esa carta que escribí fue la última, porque después de pasar ocho meses sin vernos, me llegó mi visa de trabajo. Oliver había logrado que una empresa me contratara. Me envió el pasaje, solo me quedaba organizar todo y despedirme de mi "tía ma" (así le decía) y de mi abuelo Teodoro: Totó Fernández. Mi emoción era tan grande, que no entraba ni en mi cuerpo ni en mi maleta. Pronto estaría en suelo de Estados Unidos.