Capítulo 1: Mi día.
【James Kambe】
Salgo de la ducha de agua caliente que había tomado, con la toalla en mis manos la froto contra mi rostro, así asegurándome que no quede rastro de humedad.
Al acercarme a mi armario procedo a secar mi cuerpo, observando mi ropa colgada, diría que me he vuelto una persona muy seria que solo utiliza ropa formal, tomo del primer cajón un bóxer al azar, para después tomar mi uniforme de trabajo.
El cual consiste en un blazer negroo, pantalón de vestir negroo, chaleco negroo, zapatos de vestir de un color marrón oscuro y una camisa de vestir de color granate con el cuello blanco. Una cortaba oscura con una raya gris en el medio.
Si me viera en la calle, diría que voy a un funeral de tanto negroo, pero que puedo decir me gusta vestir bien. Soy un hombre de un buen porte.
Termino de vestirme y antes de salir a la cocina, busco entre mi primer cajón, una cajita de terciopelo. Donde están guardados cuidadosamente mis eslabones rectangulares, mi reloj y mi barra de corbata. Me colocó los eslabones en el cuello de la camisa y en mis puños. El reloj en mi muñeca izquierda, la barra en la corbata donde debe estar mientras que me dirijo hacia la cocina.
Preparo rápidamente un té Oolong importado desde j***n, me miro en el espejo de la sala, me percato que no me he peinado.
Con los dedos peino mi flequillo hacia atrás, totalmente llevo mi cabello hacia atrás, pero como siempre unos pequeños mechones en mis sienes son rebeldes y se quedan en su lugar original.
Resoplo y sirvo el té en una taza, la cual tomo y la llevo cerca de mis labios, soplando para que se enfriara un poco.
Observo desde mi apartamento la ciudad de Toronto, la cual he llamado hogar por muchos años. Suena mi teléfono, al desbloquearlo veo que es Víctor, atiendo de mala gana.
Yo: Buenos días.
Víctor: Buenos días, Detective Kambe, siento mucho llamarlo tan temprano, pero es un asunto urgente que requiere su presencia de inmediato en su oficina.
Yo: No te preocupes, estaré allá en cinco minutos.
Víctor: Pero…
Yo: Ni más ni menos.
Cuelgo y guardo mi teléfono en mi bolsillo delantero, termino de beber mi té rápidamente para que me haya llamado tan temprano, es porque es algo muy urgente.
Tomo las llaves de mi descapotable oscuro, beso mis dedos para luego ponerlos en el vidrío del portarretrato donde tengo la foto de mi madre. Salgo poniéndole seguro a la puerta y tomo el ascensor. Saludo con la mano acompañada de una sonrisa leve a la dama de seguridad del edificio.
Me monto en mi descapotable, quito el techo y de la guantera, saco mis lentes oscuros procediendo a ponérmelos enciendo el auto, con semblante de confianza manejo hasta la Organización.
Mientras que siento el aire golpeando mi rostro trato de pensar que sería tan importante como para molestarme tan temprano.
Llego sin el menor problema, estaciono mi auto y camino para tomar el ascensor desde el estacionamiento, presiono el botón número 8, me cargo contra la pared, otra vez me paso las manos por mi cabello. Manteniendo otra vez mi peinado.
Se abren las puertas y camino con confianza; sin embargo, jamás dejo atrás mi cara seria y algo fría, por lo que me han dicho más no hago caso a esos absurdos comentarios.
Llego a mi oficina y desabotono mi blazer, al sentarme, organizo vagamente mi escritorio, desprendidamente entra Víctor todo sulfurado, como si fuera Elton John mientras que se presenta en un escenario.
Me sobresalto un poco, sin demostrárselo, me levanto y estrecho su mano, me percato que está sudando, frunzo los labios, me seco mi mano en mi pantalón, sentándome nuevamente.
—Bueno, ¿Qué era tan urgente?. —Interrogo algo fastidiado, le miro expectante, solo resopla y me entrega un sobre de manila, lo abro y son los expediente de un caso que no sea resuelto en cinco años.
—Lo que tienes en las manos es el caso más difícil de resolver en toda la historia de la Organización, muchos detectives muy reconocidos han tratado, pero al final se rindieron fácilmente y todos en la junta decidieron dártelo a ti. — Se encoge de hombros, con una pequeña sonrisa de lado. Ruedo mis ojos posando de nuevo mi vista rápidamente leo de que se trata.
“La familia Jackson ha sufrido varios asesinatos en estos últimos años; no queriendo tomar la justicia en sus manos, ha llamado a los investigadores más capacitados de la GTPCM, aunque vivían en Boston por protección de testigos, los reubicaron en Toronto”.
—Mmm. — Suspiro al ver que no está tan grave la situación es como otros casos, no veo la diferencia entre este u otro caso. Frunzo mi entrecejo mirándolo des aprobatoriamente.
—Han tenido pistas, hallazgos, ¿Indicios de dónde empezar?. — Pregunto de manera neutra, solo se sienta frente a mí, se apoya en mi escritorio, cosa que no me gusta, pongo una cara de pocos amigos, ni se inmuta.
Hemos trabajado desde que entre acá, nos hemos visto en muchas facetas, pero aún sigue siendo el mismo de siempre, inmaduro, todo el tiempo me lleva la contraria, a veces no tiene cerebro, pero cuando se trata de trabajo es de fiar. Aún no lo aguanto, pero es el único de esta f*****g Organización que ha aguantado mis humores de mierda.
—Toda la información está a tu disposición en la sala de conferencias, solo con una condición…— Sonríe pícaramente, lo que es propio de él, no me impresionaría las condiciones que viene.
—¿Cuál es la condición?. — Pregunto con tono dominante que sepa quién manda aquí, me levanto y le miro desafiante. Me la devuelve con la misma intensidad.
—Yo también estoy en el caso. — Dice firmemente convencido, por lo que me encojo de hombros y camino hasta a la puerta dejándolo con la palabra en la boca. Escucho detrás de mí, un gruñido seguido de unos pasos pesados.
—Hey, entonces…— Suelta con enojo, me volteo y le miro sin ninguna emoción, le hago un ademán con la mano para que me siga y lo hace sin rechistar.
Llegamos a la sala de conferencias, la cual es caracterizada por una enorme mesa que se extiende por la sala con sillas ordenadas a su alrededor, al final de la sala está una cartelera, con fotos de personas, documentos, con chip que con un hilo rojo conectan algunas de estas fotos.
«Como si se tratará de una cartelera de investigación como en las películas».
La miramos detenidamente, todo al parecer no concluye, ya que ese método solo sirve en las películas, no en la vida real. Me acerco más a la cartelera y observo las fotos de los empresarios Jackson, en la calle y como desprevenido le toman fotos sin su consentimiento.
—Entonces… ¿Estoy en el caso o no?. — Suelta algo divertido y cínico a la vez, volteo mi cabeza para verlo y asiento leve, como si se hubiera ganado un premio salta de la alegría, ruedo mis ojos por enésima vez en el día…
—Está bien… Aquí dice que el primer sospechoso se llama Collins y que trabaja en una panadería. — Señalo una foto de un hombre pisando los 25 años, tez blanca con pecas, cabello con ondas doradas. Víctor se acerca un poco y lo inspecciona con la mirada.
—Deberíamos ir a buscarlo. — Propone.
—Sería buen comienzo. — Acepto y nos ponemos en marcha, esquivamos los llamados de Williams Johnson, que vendría siendo nuestro grano en el culo, desde hace unos meses, los socios de la Organización pusieron a un superior a cargo de mi Departamento, solo para monitorear que las cosas estuvieran bien.
«Es mentira, solo quieren saber cómo es que no falló ni un solo caso, por fortuna jamás lo sabrán».
Al crecer con dinero, tienes ciertos privilegios, creo que el dinero resuelve todo, al menos es lo que yo he vivido. No quiero decir que compre a los delincuentes, sino que compro fuentes y tecnología para tener a mi alcance toda la información que requiero. Porque el conocimiento es poder.
Estamos en mi descapotable, por lo que leí la panadería queda a unas cuantas cuadras de la Organización. Por lo que me parece un buen comienzo.
—¿Cómo vas con Emma?. — Pregunta con un tono amable, sonrió amargamente al recordar que Emma es solo una dama de compañía, la cual nada más llevamos una relación exclusiva de solo sexo.
—Solo cogemos, nada más. — Respondo cortante, no me gusta mezclar mi vida personal con el trabajo, a mi parecer es algo insensato, por eso nadie sabe algo de mí. Los que lo han intentado les he salido con una patada. El único que puede saber algo de mi vida personal es el hombre que está sentado al lado de mí, porque es el más fastidioso y no se detiene si no consigue lo que se propone. Por eso se lo digo, también me veo reflejado en él.