Capítulo 2: La pista perdida.
【James Kambe】
El único que puede saber algo de mi vida personal es el hombre que está sentado al lado de mí, porque es el más metiche y no se detiene si no consigue lo que se propone. Por eso se lo digo, también me veo reflejado en él.
«Eso jamás se lo diré».
— ¡Hombre!, deberías tener alguna novia de vez en cuando, es malo que te quedes solo, algún día querrás a alguien para compartir tu vida. — Me sermonea, solo ruedo los ojos, sigo conduciendo, aunque muy en el fondo sé que es cierto.
—Vamos a concentrarnos en la investigación, no te preocupes por mí. — Le corrijo, llegamos al estacionamiento de la panadería, la cual está protegida por vidrios con letras que dice “promoción 3x4” para ver que está en las vidrieras, unas tortas de chocolate, por el anuncio me percato que venden helado.
«Buen pretexto para conversar con el sospechoso».
—Ya que estamos aquí, voy a comprar…
—Shh, vamos a suponer que vamos a comprar helado, para hablar con el sospechoso. — Me apresuro en decir.
—Ah, bueno, pero nada más te aclaro en la vida real si voy a comprar un helado. — Lo dice con una voz juguetona, la cual ignoro, abro la puerta y espero que pase primero, al entrar se aspira el aroma de un buen café acompañado de la variedad de dulces.
Con mi mirada inspecciono disimuladamente el lugar hasta que doy con el sujeto.
—Buenas, ¿Qué se les ofrece?. — Nos pregunta calmadamente, nos acercamos, le mira expectante.
—Mi amigo quiere un helado, podemos escoger…
—Claro, acompáñenme hasta el congelador. — Nos dirigimos hacia una esquina de la panadería, miramos a través de vidrio de este, Víctor, señala un mágnum de la marca Tío Rico de marca sudamericana.
«Los he probado y puedo decir que tiene buen gusto».
Se lo entrega en las manos y me dirijo a pagar el helado como siempre de todas maneras no me cuesta pagar dinero, me sobra.
Leo rápidamente su lenguaje corporal y está nervioso, como mueves las manos, tiembla, llevo mi vista hacia la pared que tiene atrás y leo los certificados de salubridad, a juzgar por el sello están falsificados. Arqueo una ceja, le miro y me entrega la factura.
—¿Puedo hacerle una pregunta?. — Pregunto de manera neutral, no quiero que se alarme porque un hombre que lleve traje como para ir a un funeral le haga un interrogatorio.
—Eh… Supongo que ¿Sí?. — Se encoge de hombros, frunciendo un poco la nariz, sin saber qué hacer, se apoya en el mostrador, entrelaza las manos. Le miro inquisitivamente.
—¿Cuándo fue la última vez que el inspector de salubridad vino?. — Suelto tranquilamente, mientras le miro sin ninguna emoción. Víctor, que ha estado alejado comiendo su mágnum se acerca, le miro de reojo y también está expectante. El chico traga grueso y palidece.
—Mmm… Hace un mes. — Por su tono de confianza fingida sé que miente y a mí nadie me miente. Asiento salgo de la tienda con la suficiente información como para conectar algunos puntos.
Abro la puerta de mi descapotable me siento, me pongo mis lentes oscuros y espero a que Víctor se siente.
—Gracias por el hela…
—No hay de qué. Si manchas el auto, me las pagarás caro — Digo rápidamente con un tono de advertencia.
—Entonces, ¿Encontraste algo?. — Me mira tal cual como niño comiendo un helado mientras le pregunta algo serio a su padre.
—Si… Los sellos de los certificados de salubridad están falsificados, lo que me lleva a deducir que tiene multas por salubridad y que necesita dinero para pagarlas. — Le miro con superioridad, Víctor carraspea, limpiándose con la manga un poco del helado en sus labios me mira misterioso.
—Mientras que estaba sumido en tus pensamientos, puede ver que tenía un refrigerador atrás de él cuando escogía el helado, en dicho refrigerador tenía unas notas las cuales leí, “Pagarle a la chica millonaria por encubrirme en los certificados”. — Me saca la lengua, yo ruedo los ojos, aunque me ayuda mucho confirmando mis teorías. Arranco el auto, nos dirigimos de nuevo hacia la Organización, cuando ambos vemos una silueta femenina totalmente vestida de negroo, muy sospechosa.
Nos miramos de reojo, no hace falta decir ni una palabra para que yo tome la palanca, ponga el carro en “Marcha atrás”. Nos devolvemos hacia la panadería que tiene cuentas qué pagar.
Con un frenazo, vamos de golpe hacia el frente, ya que yo tenía las manos en el volante, evite un buen golpe, mientras que Víctor se dio contra la guantera por consecuente suelta un bufido, lo ignoro, salgo rápidamente apoyo mi oído contra el vidrío de la panadería disimuladamente y Víctor como es Víctor me imita. A través escuchamos unos gritos de furia.
Voz femenina: Scott, págame lo que me debes.
El chico: Nat, por favor dame dos meses más, aún no vendo lo suficiente.
Voz femenina: Con que ese es el problema… Bueno, tendrás que hacer un trabajo para mí.
El chico: Por favor otro trabajo no.
Voz femenina: No me interesa tus súplicas, tendrás que recoger un cargamento por mí, el lunes a las 6:00 a.m. y el punto de entrega será cerca por el puente Humer River.
El chico: De acuerdo.
Se escucha la campana de la puerta, velozmente me volteo hacia donde está Víctor, quedamos de frente, algo incómodo hasta que veo que pasa la calle.
Sigilosamente, le sigo, mira hacia atrás, me quedo de piedra, intento no hacer nada para alarmarla, sigue caminando y yo sigo pisándole los talones. Hasta que la pierdo entre la multitud.
—¡Maldición!. — Chasqueo los dientes frustrado por perder una posible pista, me llevo mi mano hacia mi mentón, apoyando mi codo en mi brazo que descansa en mi torso adquiriendo una postura pensativa.
Camino lentamente hacia donde está Víctor, nos miramos frustrados y ambos nos dirigimos nuevamente a mi descapotable. Arranco otra vez mi auto, vamos hacia la Organización.
Cómo me voy a perdonar que deje ir una oportunidad de oro, de todas maneras al menos comenzamos con algo que ninguno de los otros investigadores han podido percibir.
***
Estamos en la sala de conferencias, uniendo dos puntos, sigo pensando en cómo un panadero pudo haber conocido a alguien que está posiblemente enmarañado en cosas tan turbias.
Me siento en una de las sillas que están organizadas en la mesa de conferencias y subo los pies a la mesa. Juego con un bolígrafo que me conseguí en los escritorios de las secretarias.
—¡Mierda!, es que no consigo la conexión, hay muchos puntos desalineados sin un patrón…— Muerdo la punta del bolígrafo con frustración. Es inaceptable la pista que se me fue como sal y agua entre los dedos.
Respiro pausadamente, sé que soy muy exigente conmigo mismo, pero, tengo que hacerlo para ser el mejor, para resaltar de todos los demás. Opino y tengo una gama de tecnología de alta punta. «¿Por qué No utilizarla?».
Me levanto incitado por esa brillante idea que se me acaba de venir a la mente, me dirijo hacia la puerta de la sala y cruzo saliendo hacia el pasillo encaminándome hacia el ascensor.
Entro en el ascensor, en un botón oculto, abro la mini cajetilla incrustada en el tablero del ascensor y presiono el botón oscuro con el número cero escrito en él.
Nadie sabe que existe este botón, excepto Víctor, que mete sus narices donde no debe. Antes de que se cierren las puertas, él las detiene y entra. «Ya se había tardado mucho».
Sentimos como cada vez descendemos más y más, hasta que de un golpe frena esta patética cosa. Estamos en lo más profundo del edificio, El sótano del sótano. Mande hacer todo esto cuando recién entre a la Organización, sin decirle a nadie, por supuesto, me encargue que todo esto se hiciera con la más máxima discreción, lo cual fue todo un éxito.
Nos adentramos al salón oscuro lleno de computadoras, armas, libros, todas esas cosas misceláneas de ese tipo. Me siento frente la computadora principal y sin perder tiempo empiezo a teclear la información que se me ha proporcionado y al oprimir Enter me salen varios resultados impactantes, sigo leyendo hasta que me topo con un rostro familiar.
—Esa es la chica, pero…— Aun sin procesar completamente lo que leo sigo hasta lo más debajo de la información que me proporciona el ordenador.
—El chico de la panadería está en graves problemas. — Sentencia Víctor con un tono divertido.