Capítulo 5: El modelo.
【Víctor Tremblay】
Han pasado nada más y nada menos que dos días desde que volví a Toronto, desde que me tirotearon el brazo que me duele cañón. Al final me aseguré de que el rufián torpe estuviera preso por lo menos dos meses, le iban a dar una condena superior a la que ya tiene, sin embargo, le expliqué su caso al juez y accedieron, también gracias al soborno del detective Kambe.
Asimismo, hace un día Chopy me llego a la oficina con una noticia superinteresante sobre las sustancias prohibidas (estupefacientes), que también este tema está relacionado con Scott, me contaba que se fue a emborrachar a Scott y que lo dejo tan borracho que le dijo cosas que no debía.
Confieso que un modelo llamado An nuel X, le compra metanfetamina a diario y que le ha caído tan de gracia que lo ha invitado a fiestas a fachearse.
Le ha gustado tanto la sustancia que ha pedido conocer a la proveedora o proveedor, esa persona se hizo presente, se conocieron y hablaron, por ende An nuel X también es un enlace de la proveedora o proveedor.
Le conté a Kambe sobre la nueva información que apuntamos de nueva cuenta en el pizarrón de corcho y como recompensa abofeteó a Chopy con un fajo de billetes. No literalmente si no le compro más cosas tecnológicas para que vallase armando su centro de operaciones.
El día de hoy, por infortunio mío, me toca buscar todas las cajas que contienen el caso de la familia Jackson. El idiota de Kambe sabe que me duele el brazo, pero allí vamos otra vez con lo de “Gallina”. Por ello voy poco a poco llevando las cajas que contiene los papeles en cantidades pequeñas.
De la oficina al maletero de su auto esperándome como un verdadero arrogante mientras que se come una chupeta y teclea varias cosas en su móvil. «A veces lo odio con todo mi ser es un idiota, pero cuando empiezo a pensar en lo idiota que es siempre cambio mis pensamientos hacia mi novia trayéndome felicidad al instante».
Nos encontramos en la extensión de edificio central, aquí es donde guardamos toda la documentación, evidencias de casos de crímenes modernos de la policía metropolitana, para sorpresa mía el detective Kambe se ofrece a llevarme de vuelta al edificio principal.
«Debe tener una gran armonía en su mente para ofrecerse como tal». Sin mucha algarabía acepto y cierro su maletero con cuidado porque podría dañar su auto y si lo hago me saldría caro.
Al estar al lado de la puerta del copiloto de su auto, toca el control y los seguros se disparan dejando que nos adentremos al vehículo. Nos montamos y sin más, nos colocamos los cinturones de seguridad y el detective enciende el carro dando marcha como si nos persiguiera la policía. «Será que no se acuerda que nosotros somos la policía».
—Detective, ¿Puede bajar la velocidad?. — Le pregunto, ya que no estoy acostumbrado a infringir las normas de tránsito. Me aferro al cinturón porque presiento que podamos chocar.
—Víctor, para mí está es una velocidad crucero. —Me mira con aires de superioridad, la verdad eso no es raro en él. Ruedo los ojos porque casi todo el tiempo él es así, es raro cuando se compadece o muestra alguna emoción que no sea de superioridad, arrogancia, dominancia, arrogancia otra vez y seriedad mucha, pero mucha seriedad.
—Detective va a 10 kilómetros por hora sobre el límite superior del reglamento de tránsito. —Le explico, sin embargo, no me hace caso, es como si hablará con la pared. Ya es normal, no obstante, si mi vida está en riesgo le tengo que reclamar.
Me frustra esta relación tóxica que llevo con mi jefe superior inmediato y más en estas condiciones que me lo tengo que aguantar porque mi vehículo personal se encuentra en el taller en estos momentos. «Maldita sea, cuando tenga mi auto ya arreglado lo cuidaré como un bebé recién nacido».
No puede ser de la mejor manera, ya que esas cajas deben estar bajo estricta vigilancia porque se trata de un caso de alto grado de clasificación. Miro hacia atrás para monitorearlas, sé que están seguras; sin embargo, el detective Kambe tiene las ventanillas abajo por lo que entra aire y puede volarse alguna hoja.
«Creo que estoy ansioso es por mi perfeccionismo, a veces no lo puedo controlar y me controla a mí». Siento que da un frenazo me lleva a adelante evito ser golpeado con la guantera, ya que tengo puesto mi cinturón.
—Víctor no te preocupes por esos papeles, están a salvo con nosotros… — Empieza a parlotear mi mente, lo bloquea, no presto atención a lo que dice o hace, miro por la ventana como niño regañado y recuerdo algunas fotos que Chopy me mando al correo para que reconozca quién es An nuel X obviamente hice mi investigación profunda.
No he descubierto mucho de hecho. Todo está normal, veo hacia adelante como en el paso peatonal unos chicos que hacen malabares y vienen de auto en auto recolectando propinas hasta que llegan al auto de Kambe y este le da unos cuantos billetes.
Suena su nariz como si estuviera oliendo algo fétido. — ¿Están consumiendo metanfetamina?. — Inquiere mientras que lo mira a los ojos, ellos corren a máxima velocidad. Por lo que ambos nos miramos asentimos y como si estuviéramos sincronizados nos desabrochamos los cinturones, salimos del auto, corremos a la misma velocidad de ellos.
Casi alcanzo a mi objetivo, solo me faltan tres metros, de mi cinturón saco un arma paralizadora, le apunto mientras que corremos por la calle y disparo, paralizándolo con un electro choque dejándolo en el suelo, aprovecho y lo esposo con facilidad.
Le tomo el brazo obligándolo a levantarse y caminar frente a mí, escucho bocinas sonar porque estamos obstruyendo el paso, así que saco mi identificación y mi placa.
Se las muestro a las personas curiosas de poca paciencia, llegamos al auto abro la puerta del asiento trasero y lo lanzo allí ya sin ánimos de nada porque me empezó a doler el brazo derecho por mi herida de bala. Espero al detective Kambe que viene con el compañero igualmente esposado, abre la puerta del asiento trasero del otro lado y lo tira allí como un costal de papas. Procedo a sentarme y ponerme el cinturón fatigado por tanto movimiento que he tenido que hacer.
—¿Por qué nos arrestan si no consumimos droga?. — Inquiere y como dice mi abuelita Linda. “Él mismo se puso la soga en el cuello”. Miro a Kambe triunfante.
—En sí no le hemos dicho el porqué de su arresto, solo el detective le pregunto, sí consumían y empezaron a correr, lo que quiere decir por su actitud corporal.
Que, si lo están haciendo, por lo que están arrestados por consumir drogas en un estado que es ilegal hacerlo, todo lo que digan será usado en su contra en un juicio tienen derecho a un abogado y a una llamada con previo aviso. — Les dicto sus derechos, me pongo el cinturón porque sé lo que va a hacer Kambe, me agarro muy bien del asiento. Solo espero el golpe, veo que toma la palanca, la echa para atrás. Uno, dos, tres.
—Agh… ¿¡Maldición, pero a qué velocidad van!?. — Inquiere el primero mientras que me río de su golpe de susto y escucho a Kambe que también ríe lo que me asusta a mí y le miro raro.
—¿¡No son policías!?. — Pregunta el otro y Kambe se sigue riendo, ya está bien raro, donde se fue el señor serio.
—Esto es velocidad, crucero, caballeros. — Anuncia arrogante y allí está el Kambe de siempre, mientras que estamos en un auto que va a la velocidad de la luz, veo por la ventana y me percato de cómo nos vamos acercando de manera veloz al edificio central.
Llegamos de manera rápida al estacionamiento, me bajo con el dolor en mi alma porque me duele mucho el brazo y sé que me va a tocar todas las cajas llenas de documentos sobre los Jackson hacia el último piso del edificio. Miro a Kambe diciéndole como que “Vamos viejo, ayúdame”.
Él asiente, se suena los dedos de las manos, desabrocha sus puños, algo se guarda en el bolsillo, se quita el Blazer y se arremanga la camisa.
—Yo llevo las cosas para allá arriba, tú encárgate de llevar a estos dos a la sala de interrogatorios. — Me demanda dejándome la parte más fácil en este momento, pero aun así no me gusta que me esté dando órdenes de esta manera, no pienso más en eso y le abro la puerta a los detenidos, hago que caminen en frente de mí.
Los vigilo como un halcón, llegamos al ascensor y me los llevo al segundo piso, allí se harán cargo lo de interrogatorio mientras que sigo investigando el caso de lo Jackson. Al salir del ascensor veo que no hay nadie en recepción.
—Quédense aquí parados. — Le indico a los dos jóvenes que tengo bajo arresto, para ir a buscar al agente que está de guardia en estos momentos. Camino por el largo pasillo y los veo a todo en una oficina como teniendo una reunión de último minuto, todos me alzan su atención y saludo con la mano.
—¡Qué tal!, quisiera saber quién está de guardia. —Pregunto y me miran como si hablará en otro idioma. Se miran entre sí dos chicos, asumo que son nuevos en esta unidad. Caminan hacia mí para escucharlos mejor.
—Ya le conseguimos a nuestro inspector en jefe, está algo ocupado por el supervisor de comando. — Me garantiza para que me aguante un momento mientras me le dan respuesta a la petición que voy a formular. En este momento aparece en mi campo de visión un señor mayor de contextura gruesa, se ve conocedor de la materia por su actitud ruda.
—¿En qué le puedo servir detective?. — Se pone a mi disposición a lo que yo respondo.
—En colaborarme con dos personas detenidas que a cabo de arrestar por presumir que andan en el consumo de sustancias prohibidas (estupefacientes). — Le expongo con precisión. «Más claro no canta un gallo».
Indico y le doy todos los datos que he registrado de los nuevos detenidos. Estoy terminando de dar la información de ellos cuando me llaman por detrás y volteo, pudiendo ver que finalmente aparece el detective Kambe en mi campo de visión.
—Víctor, ya hablaste para que se le haga el interrogatorio a estos dos seres. — Habla el detective Kambe a penas me ve a lo que contesto.
—Sí, por supuesto, el mismo inspector les va a tomar la declaración y ver qué otra cosa más saben ellos. —Finalmente, los dividen en dos salas de interrogatorio, uno en cada sala y una mujer muy guapa entra a interrogar al primer malabarista que se nos acercó y el detective Kambe sin pena alguna entra en el siguiente cuarto de interrogatorio
No me sorprende su toma de decisiones de último momento, Kambe le quitó la oportunidad al inspector de interrogar, creo que esto va a ser un show por lo que entro a la primera cabina donde por detrás del vidrio ahumado podemos ver y escuchar el interrogatorio de la mujer y el primer apresado.
—¿Usted consume?. — La mujer le hace una simple pregunta, él parece estar todo nervioso ante su presencia.
—Yo… Yo… no sé qué decirle. — Se excusa mirando a otra parte. Si no hace contacto visual es porque está mintiendo.
—Me puede decir la verdad, no pasa nada, si dice la verdad va a estar mejor, dígame… ¿Tiene familia?. — Le vuelve a preguntar otra cosa distinta, él asiente con desgano.
—Eso me alegra, bien… ¿Hay alguien en particular que quiera ver de nuevo?. — Le interroga y él la mira fijamente.
—Sí, mi hermanita…(Rompe en llanto)… A ella, la quiero mucho, le diré la verdad, solo déjeme verla de nuevo. — Empieza a balbucear mientras llora, esa mujer realmente tiene talento, desde ahora la admiro.
Sin perder más tiempo salgo de allí y voy hacia la cabina donde el detective Kambe está interrogando al otro apresado, veo que este está más relajado que el otro, Kambe se pone sus lentes de sol y le sigue interrogando.
—Me gustan las cosas rápidas, dime cuanto por la información—le pregunta el detective Kambe y yo chasqueo los dientes porque está tomando el camino fácil. Y no debería de ser así, ya que en un interrogatorio hay un choque de dos corazones.
—¿Cuánto por qué? — Pregunta confundido el malabarista.
—¿Por qué me digas quien es el que te vende la droga? —Presiona el detective Kambe.
—¡No creo que un pobre detective con ínfulas de sepulturero pueda pagarme cien mil dólares por algún tipo de información! —responde el malabarista y no puedo aguantar la risa, carcajeo a viva voz y extrañamente el detective Kambe voltea con los brazos cruzados a mirar al vidrio ahumado donde me encuentro y aplasta los labios colocando una cara de desaprobación.
En eso veo que toca sus lentes oscuros y con la otra mano su oído izquierdo, susurra algo y ya no me interesa seguir viendo y salgo al pasillo, donde me encuentro con el supervisor. En eso salen al mismo tiempo la detective que estaba con el malabarista 2 y el detective Kambe.
—El vendedor es el modelo An nuel X—Lo dicen en unísono y se miran extrañados por la coincidencia. En ese mismo momento el malabarista 1 grita:
—Sí, es verdad la transferencia está hecha, me dio cien mil dólares—Celebra alegre que el detective Kambe le haya pagado por la información.