— Cariño, ven acá, siéntate con tu padre un momento, quiero hablar contigo. —Le pidió Don Alessandro a su hija Alessia, con un poco de vergüenza por lo sucedido la noche anterior. Él solo buscaba disculparse por la manera en la que reaccionó la noche anterior. Se le notaba en su rostro la vergüenza, no dejaba de darse masajes en la espalda a sí mismo, era su manera de llenarse de valor para hablarle a su hija, como todo hombre, odiaba la idea de disculparse, pero él tenía algo que ayudaba a solucionar cualquier problema, dinero. — Oye, no estoy molesta, lo de ayer, fue muy tonto y yo estoy avergonzada de mi manera de actuar y confrontar mis problemas. No me mires con esa cara de angustia, dejemos el pasado en el pasado. —Comentó Alessia, que rápidamente se fue hasta donde su padre, tomó

