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LO NUESTRO SOLO FUE CASUALIDAD

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Blurb

La vida de ensueño de Alessia Rizzo, era envidiable por todas las mujeres del medio, pero nunca se imaginó que una prueba de embarazo acabaría con tres años de feliz matrimonio con el reconocido empresario, Julián De La Torre.

Lo que para ella era motivo de felicidad, terminó convirtiéndose en un infierno, siendo cuestionada hasta por su familia, poniendo su fidelidad en tela de juicio.

Julián jamás pensó que su esposa sería capaz de engañarlo, sin embargo, tenía la certeza de la imposibilidad de tener hijos.

Cegado por la traición, la echó de su vida, sin ni siquiera darle el beneficio de la duda.

Humillada, abandona la ciudad para iniciar una nueva vida con su hijo.

Tiempo después, Alessia se ve obligada a regresar a la ciudad al recibir una trágica noticia.

Un reencuentro inevitable.

Una herencia.

Un secreto.

Un inesperado regreso, en el que Alessia se dará cuenta de que lo dejó de querer, sin dejarlo de amar.

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FELIZ ANIVERSARIO
Alessia no podía apartar la vista del papel con el resultado que confirmaba sus sospechas. Los acelerados latidos de su corazón golpeaban en su pecho con fuerza, al mismo tiempo que las lágrimas se escapaban de sus ojos sin poder evitarlo, pero cada una de ellas era de pura felicidad. Positivo. Un bebé era lo único que le faltaba para completar su felicidad junto a su amado esposo, le resultaba difícil de creer que en su vientre crecía el fruto de su amor. Después de años de ‘’feliz’’ matrimonio, al fin le daría la maravillosa noticia a Julián. Todo esto era importante para Alessia, ella veía poco a poco como su matrimonio después de algunos años entraba en monotonía, y sentía a Julián cada vez más distante, ya no compartían las mismas horas, incluso ya no acudían juntos al gimnasio ni hacían otras actividades que solían hacer juntos, ella comenzaba a sentir ese frío principio de invierno que desprendía su esposo, como si el tuviese otras prioridades más importantes que su esposa. Alessia tenía leves sospechas de que algo no iba bien, una camisa de su esposo impregnada de un aromático perfume con esencia de rosas, algún tiempo atrás, le hacían dudar un poco de su esposo, además verlo tan distante no ayudaba a su favor, habían sospechas pero ella prefería no pensar cosas que tal vez no eran reales, sentía que era imposible que Julián arriesgara tanto por andar aventurándose en tierras prohibidas, para ella eso no era posible, aquel hombre que amaba le había jurado amor eterno en el altar y eso la hacía no querer ver su realidad. Alessia siempre soñó con esa familia perfecta, hijos, un excelente esposo, una familia adinerada, de valores de negocios y de crecimiento. No dejaba de pasar por su mente como se vería su futuro, se imaginaba todo tipo de posibilidad, pero se extasiaba con la idea de poder tener hijos y enseñarles a hacer grandes hijos, que tocaran el piano, que estudiaran algunos idiomas, que les gustara el arte, la libertad y la justicia, que se llenaran de valores como sus padres hicieron con ella, que practicaran algún deporte, tal como lo hacía su esposo y ahora padre de su bebé, que fuesen personas de negocios y que siguieran dejando en alto ese apellido que esperaba, de alguna manera, permaneciera por siempre en su familia. Nada podía salir mal ese día. Aquella noticia, sería el mejor regalo de aniversario de boda. A Alessia se le hacía difícil dejar de pensar en eso, sin esfumar la genuina sonrisa en su rostro, mientras terminaba de preparar la mesa con la cena que había cocinado para su esposo, rechazando más de una vez la ayuda de las empleadas, pues Alessia se esmeraba para que esa noche fuera única e inolvidable. — Sra. De La Torre, su esposo ha llegado. —los nervios burbujearon en su sistema y su sonrisa se ensanchó más aún, como si eso fuera posible, cuando una de las empleadas le informó la llegada de Julián. — Gracias. Ya puede irse a descansar. —Alessia le ordenó sonriente y la empleada obedeció después de dudarlo por unos segundos, pues aún no acababa su turno de trabajo, pero esta era una ocasión especial y entendía que Alessia se esforzaba para disfrutar de un día especial junto a su esposo. — Con su permiso. —la empleada se retiró, dejando a Alessia completamente sola en el amplio salón, la empleada no podía dejar de pensar en lo bonito que iba a ser la sorpresa, incluso le deseó la mejor de las suertes a Alessia antes de marcharse a su habitación. —Suerte, Sra. Alessia, espero disfrute esta noche junto al Sr. De La Torre. Alessia le dedicó una sonrisa a la empleada y terminó de ordenar milimétricamente los cubiertos sobre la mesa como si Julián pudiera darse cuenta del más mínimo detalle, y tomó entre sus manos la caja de regalo que había preparado para sorprender a su esposo con la buena nueva. Julián llegó a casa, bajó de un lindo automóvil, uno de tantos que poseía, sosteniendo en su mano un regalo para Alessia, unos lirios hermosos color amarillo, y en la otra su chaqueta negra, caminando hacia la entrada, sin la más mínima idea de lo que su esposa le tenía preparado adentro, una sorpresa que lo dejaría impactado. En aquel momento, Alessia vio a Julián acercarse y salió casi disparada a recibirlo con un abrazo que la hizo sentir como si estuviera flotando en una nube, ignorando por completo el hermoso ramo de lirios que Julián sostenía en sus manos. Sus fosas nasales se inundaron con el exquisito aroma varonil que a ella tanto le encantaba y no pudo esperar un segundo más para juntar sus labios, deleitándose con la calidez que la envolvía a tal punto de olvidarse hasta del regalo que sostenía con fuerza y que cambiarían sus vidas. — Estás hermosa. —Julián susurró sobre sus labios esbozando una sonrisa que llegaba hasta sus ojos, admiró el radiante y perfecto rostro de su esposa, sin ser capaz de soltar su cintura, ni separar sus cuerpos que parecían unirse en uno solo con aquel cálido abrazo del que disfrutaba como no lo hacía hace mucho tiempo. Había esperado todo el día para estar de aquel modo con ella, quería sentir la suavidad de su piel, como si estuviera tocando una nube con sus dedos, Julián sabía lo importante que era esa fecha para Alessia. —Feliz aniversario, cariño. Julián recordó que aún sostenía los lirios traídos de las afueras de la ciudad donde crecían libremente, eran sus favoritos y era el primer regalo de muchos que había preparado para celebrar su aniversario de bodas. ‘Ella se merece lo mejor, y tal vez yo no soy del todo sincero con ella.’ Pensó Julián, mientras le entregaba los lirios con una mirada apasionada en sus ojos, él decía esto, porque sabía a lo que jugaba, pero era bien discreto en lo que hacía, no por nada Alessia seguía desempeñando un buen papel como la esposa más feliz. — ¡Son perfectas! —dijo Alessia al recibir sus lirios, pero, a pesar de que no podía resistirse a un ramo de lirios, no le prestó suficiente atención al caer en cuenta que era el momento perfecto para entregarle el regalo que Julián menos imaginaba. —Preparé algo para ti. —las palabras apenas salían de su boca y con manos temblorosas, le extendió la caja, sintiéndose ansiosa por ver su reacción. La respiración de Alessia se volvió irregular, mientras miraba detenidamente cada movimiento de Julián, quería guardar en su memoria ese momento tan especial, el día que completarían su felicidad al enterarse que serían padres. Un dubitativo Julián, abrió la caja sin apartar los ojos de la sonrisa nerviosa de la mujer frente a él, en realidad no le importaba que ella le diera algún obsequio, con su sola presencia era más que suficiente, su esposa lo era todo para él en ese momento, estar casado con ella y despertar a la siguiente mañana a su lado era el regalo que él esperaba, no obstante, no pretendía hacerle un desaire y menospreciar su regalo de aniversario. Cuando la mirada de Julián se desvió al contenido de la caja, Alessia mordió la punta de su dedo índice haciendo su máximo esfuerzo por disipar los nervios que la carcomían por dentro, esperando que terminara de leer los resultados de la prueba de embarazo y le echara un vistazo a las pequeñas y tiernas medias tejidas de bebé que seguían adentro de la caja. El ceño de Julián se frunció al terminar de leer cada palabra en aquella hoja e inesperadamente, la arrugó en su puño, al mismo tiempo que volvía la vista a Alessia, mirando con enojo y frustración, frunciendo sus cejas, sintiendo una opresión en el pecho que no lo dejaba respirar con normalidad. ¿¡Cómo era posible!? ¿¡Alessia embarazada!? Julián no apartaba los ojos gélidos del rostro confundido de Alessia, mientras pensaba en lo ciego y estúpido que ha sido todo este tiempo. ¿¡Hace cuánto le estaba viendo la cara!? Jamás se había atrevido a dudar de su esposa, jamás se había llegado a imaginar que ella sería capaz de engañarlo. ¿Embarazada? ¿Acaso es una broma pesada? ¡Eso es imposible! Julián se alejó lo más que pudo de ella, sin dejar de mirarla con ojos sombríos, como si de pronto su cercanía le repugnara. Hace unos segundos le agradaba sentir el calor de su piel en sus dedos, pero ahora no soportaba tenerla cerca, no quería ni verla. Alessia se quedó atónita en su lugar, mientras sus piernas comenzaban a temblar de miedo, no lograba entender la inesperada reacción de su esposo, la sonrisa se había esfumado de su rostro desde el momento que Julián arruinó la hoja en su puño, aquel papel que ella pensó que sería un motivo de celebración, de pronto sintió un vacío en el estómago, al mismo tiempo que una opresión en el pecho la dejaba sin poder respirar con normalidad y las lágrimas amenazaban con escaparse de sus ojos. Definitivamente, esa no era la reacción que ella esperaba, no se lo imaginó de aquella manera, no había planeado aquella cena el día de su aniversario para que Julián actuara como si le desagradara la idea de ser padre. En su mente, él sonreiría de felicidad con un brillo especial en sus ojos, la abrazaría efusivamente, le daría un par de vueltas en el aire, incluso lo imaginó acariciando su vientre que comenzaba a notarse un poco abultado, pero nada de eso sucedió, por más que quería creer que estaba bromeando, sabía muy bien que el rostro de Julián solo reflejaba el disgusto de la noticia. — ¿Me quieres ver la cara de estúpido? Dime, Alessia, ¿crees que soy imbécil? ¡No puedo creer que me hayas traicionado de esta manera, Alessia! —Julián no podía contener la ira desencadenada por una prueba de embarazo que comprobaba la infidelidad de esa mujer que fingía ser una buena esposa y una mujer felizmente casada con el hombre de sus sueños, pero que cuando no estaba, se enredaba con algún hombre. Ese papel era la prueba fehaciente de su traición.

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