AMARGA DESPEDIDA

1912 Words
El nudo en la garganta no dejaba respirar a Alessia, las palabras de Julián fueron como un balde de agua fría en plena mañana, no sabía porque estaba soltándole aquellas palabras en su cara, ni tenía la más mínima idea de porque estaba gritándole apenas conteniendo su ira y mirándola como si fuese una desconocida o peor aun, su némesis. Alessia lo había visto enojado con ella muchas veces, pero esta vez su mirada era diferente, esta vez estaba tan molesto, que sentía que sería capaz de hacerla desaparecer con aquella mirada sombría y llena de ira. — ¿Qué...? ¿De dónde sacas que te he traicionado? Julián, ¿acaso no lo estás viendo? Me hice una prueba de sangre y estoy embarazada. —respondió Alessia con la voz entrecortada por el nudo que se había formado en su garganta, sin ser capaz de contener las lágrimas que picaban en sus ojos. El repentino comportamiento de su esposo la estaba lastimando en su corazón y más aún que la tachara de traidora. ¿Traidora? ¿Traidora por qué? La fuerte carcajada sin gracia de Julián resonó por la casa, logrando que Alessia se exaltara aun confundida y realmente afectada por la situación y por la directa acusación de su esposo. — ¡Esa parte me quedó clara! ¿Qué quieres? ¿Quieres que te felicite? ¡Felicidades, Alessia! ¡Felicidades por tu maravillosa jugada! ¿De quién fue la idea? ¿De tu padre? Ja. ¡Es imposible que ese bastardo sea mío! —sus últimas palabras resonaban en la cabeza de Alessia una y otra vez, quedando completamente aturdida. ¿Cómo es posible que haya dicho eso? Sintió como si le hubiese clavado miles de agujas en su corazón. —No puedo creer que me hayas hecho esto, Alessia. ¿Cómo pudiste engañarme? Yo te lo di todo y así es como me lo pagas, ¡eres una desvergonzada! El rostro de Julián estaba rojo por la ira, pero por dentro se sentía devastado por el hecho de que su mujer le vio la cara todo este tiempo, le había dado donde más le dolía, en su ego. — No entiendo de qué engaño estás hablando, ni mucho menos de que tiene que ver mi padre en todo esto, ¿cómo te atreves a referirte de esa manera de tu hijo? —Alessia se sentía perdida, el hombre frente a él no era el mismo, lo desconocía, no era el mismo que llegó hace unos minutos y la abrazó como si no se hubiesen visto en mucho tiempo. — ¿¡Mi hijo!? —de solo decir aquellas palabras sentía un mal sabor de boca. En un acto impulsivo y cegado por la idea de haber sido engañado por su mujer, se acercó a ella para arrebatarle el ramo de lirios que le había regalado con tanto cariño y lo estrelló contra la pared, haciendo exaltar a Alessia que lloraba en silencio queriendo despertar de tal pesadilla. —No vas a engañarme haciendo pasar ese bastardo por mi hijo. Es que debí verlo venir, tu padre debe estar detrás de todo esto. — Pero… —ella quería una explicación ante las falsas acusaciones de Julián, no soportaba un segundo más de aquel modo lleno de incertidumbre y angustia, escuchando palabras hirientes y presa del pánico por la manera en la que destruyó los lirios, tenía miedo de que su agresividad llegara más lejos, Julián estaba fuera de sus cabales. — ¡No hay pero que valga, Alessia! Para tu información y la de tu padre. ¡Yo no puedo tener hijos! ¡Soy estéril, Alessia! ¿Ahora lo entiendes? ¡Es imposible que sea mío! —Julián le soltó aquella información en la cara, tomando por sorpresa a Alessia, quien se quedó de piedra intentando analizar lo que acababa de decir. Alessia estaba más confundida que antes con la revelación de aquel secreto que su esposo jamás llegó a contarle, no entendía como era posible. La única respuesta que halló en su mente fue un milagro. Su mente estaba en blanco, por un momento llegó a pensar que Julián estaba mintiendo para no aceptar su responsabilidad, sin embargo, habló con mucha seguridad tal como lo hacía cuando decía la verdad, ella no sabía qué pensar, pero de lo único que estaba segura, es que el hijo que crecía en su vientre era de Julián, no había más respuesta que esa. ‘Jamás lo engañé con otro hombre.’ — Julián, no sé cómo ha pasado, pero te aseguro que es tu hijo, no te he engañado. —a pesar de haber sido destrozada por las hirientes palabras de Julián y de que todo apuntaba hacia ella, hizo un último esfuerzo por hacerlo entrar en razón, Alessia nunca le había fallado y le molestaba el hecho de que Julián hacía oídos sordos antes sus explicaciones. —Yo solo he estado contigo, te lo aseguro. — No te quiero escuchar, ni siquiera soporto ver tu cara un segundo más, esto es imperdonable. ¡Vete, Alessia! ¡Vete de mi casa y de mi vida, no eres digna de ser mi esposa! —el corazón de Alessia se terminó de romper, se sintió humillada y devastada. La estaba corriendo de su hogar y sin darle la oportunidad de demostrarle que él estaba equivocado. ¿Cómo podía ser tan cruel? Limpiando sus húmedas mejillas en silencio, Alessia decidió no insistir más, no iba a lograr nada si él seguía cerrado ante su idea, alegando que no podía tener hijos como si fuese la verdad absoluta. Tragó en seco en un intento por eliminar el nudo en la garganta, pero no lo logró y solo asintió con su cabeza. A pesar de que la situación era injusta, no iba a permitir malos tratos de su parte y falsas acusaciones, no se lo merecía. — Una vez que salga por esa puerta, no volverás a saber de mí. —advirtió con voz gélida, como si hace un momento no estuviera temblando de miedo al imaginarse de lo que sería capaz de hacer por la ira, pues hasta ese momento se dio cuenta que no había terminado de conocer a ese hombre que juró amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad. — Es lo que más deseo en este momento. —respondió Julián con indiferencia, mientras se aflojaba el nudo de su corbata sin dedicarle una mirada. Alessia caminó con paso firme hacia la puerta con el corazón hecho pedazos y con la única compañía de su bebé que crecía en su vientre, pero antes de poner un pie afuera, escuchó las últimas palabras de aquel hombre con el que se casó hace años y que tanto amaba, pero que ahora, le resultaba un completo desconocido, que negaba sin titubeos su paternidad y la señalaba sin detenerse a dudarlo por un segundo. —Te haré llegar el acta de divorcio y ni creas que verás un solo centavo de mi dinero. Alessia cerró sus ojos con fuerza dejando escapar un par de lágrimas, cuando Julián la trató como si fuese una interesada, como si se hubiese casado por dinero, no quiso escuchar una sola palabra más de aquel hombre que ahora le resultaba un completo desconocido y cerró dando un portazo. Julián era el claro ejemplo para Alessia de que nunca se sabe con quién se casa, pues después de lo acontecido dejaba claro que no había posibilidad alguna y no dejaba ni siquiera al beneficio de la duda de que ese bebé fuese suyo. Alessia veía como todas esas expectativas y sueños de formar una hermosa familia se desvanecían, para ella, todo esto fue como un balde de agua fría a plena mañana, no entendía como ese hombre que tanto amor juró y que tanto prometió no hacerle daño nunca, agarraba todo aquello y lo hacía bolita, como quien tira una hoja arrancada a la basura, era despreciable para ella vivir un acto como el que Julián le hizo. Lo que sí quedaba claro para Alessia, es que este no era el Julián del que se enamoró, ni tampoco era el aniversario que ella esperaba, pues parecía que alguien o algo le había estado influenciando a su esposo desde hace tiempo. Ahora que lo pensaba, ella había notado extraños comportamientos últimamente de su parte hacia ella, sin embargo, no le prestó atención, pues no parecía ser de mucha importancia en aquellos momentos, pero que, analizándolo detenidamente, ahora comenzaba a tener un poco de sentido. Parecía que Julián estaba haciendo otras actividades a escondidas y Alessia había querido ignorar qué era, pero después de su inesperada reacción, la venda en sus ojos se cayó y pensó automáticamente en todos los indicios que indicaban la posibilidad de que le haya sido infiel. Alessia salió de aquella casa que fue su hogar hasta hace unos minutos, su lugar seguro que compartía con su esposo, pero se había esfumado en un chasquido, convirtiendo aquel lugar en un infierno, una pesadilla de la que parecía no poder despertar. El nudo en la garganta le impedía respirar con normalidad, pero hizo su mayor esfuerzo por no verse destruida ante los empleados de la casa. Rápidamente se acercó al chófer, que pulía las lunas del Rolls-Royce, como si su vida dependiera de ello, ignorando por completo lo ocurrido dentro de la casa de sus jefes, la voz entrecortada de Alessia apenas fue entendible cuando entró al asiento trasero, tomando por sorpresa al chófer. — Lléveme a la casa de mis padres, por favor. —ese fue el único lugar que se le vino a la mente, ya era de noche y la situación no era la más adecuada para detenerse a meditar a qué sitio podría ir o a qué amistad recurrir, después de todo, no dudaba que sus padres estarían incondicionalmente para ella. No esperó que el chófer dijera una sola palabra y cerró la puerta con fuerza, no quería que nadie la viera en aquel estado luego de semejante bochorno. — ¿Está bien Sra. De La Torre? —le preguntó el chófer al entrar en el asiento de piloto, mirándola desde el retrovisor, sin poder ocultar la preocupación por lo mal que lucía su jefa, jamás la había visto de aquel modo tan miserable, sin dejar a la vista su radiante sonrisa. Alessia evitó derramar lágrimas en presencia del chófer, no tenía por qué dar explicaciones, solo necesitaba abandonar ese lugar que comenzaba a asfixiarla. — Sí, solo necesito salir de aquí lo más rápido posible. —dijo Alessia decidida, sin la más mínima intención de volver por más que le doliera en el alma. El chófer solo se limitó a conducir en silencio hasta la casa de los padres de Alessia, sin dejar de mirarla discretamente por el retrovisor. ‘¿Qué podría estar sucediendo? No entiendo, ¿qué he hecho mal?’ No dejaba de preguntarse Alessia sintiendo un dolor en el pecho, mientras lágrimas de ira, coraje y tristeza caían por sus mejillas una tras otra, mirando por la ventana del auto la oscura y fría noche de invierno. Su celular sonó en el bolsillo de su jersey y al ver la pantalla se encontró con un mensaje de Julián que terminó por romperla. No quiero saber más de ti, jamás te perdonaré lo que considero la traición más grande a mi nombre y orgullo, olvídate de mí. A partir de hoy, Alessia Rizzo no existe…
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