REGRESO A CASA

1857 Words
Definitivamente parecía que Alessia le había dado donde más le dolía a Julián, en su orgullo, el único problema es que Alessia seguía asegurándose a sí misma que no había más opción solo Julián podría ser el padre del bebé que ella estaba esperando. Sin poder sacarse de la mente ese momento amargo, llegó a casa de sus padres, donde sin pensarlo dos veces corrió a buscar a su madre para contarle lo sucedido. Al llegar, la señora del servicio le recibe alegre y a la vez preocupada por su inesperada visita a altas horas de la noche. — Joven Alessia, ¿cómo está? Qué grata sorpresa, ¿está todo bien? —preguntó Doña Anna aún más preocupada al notar que algo no andaba bien por la expresión de Alessia. Alessia desconsolada, se abalanza como si llevara un gran peso en su espalda, mientras le abraza y profundamente triste, logra pronunciar palabra con dificultad. — Anna, ¿dónde está mi madre? —preguntó Alessia, mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos sin poder evitarlo y se quebraba cada vez más, minuto a minuto. — Cariño, cálmate. —le dijo Doña Anna, antes de salir corriendo a buscar a Doña Leticia, la madre de Alessia. Con prisa, subiendo las escaleras y con dirección a la recamara de Doña Leticia, rápidamente tocó la puerta y habló sin esperar respuesta de su jefa. — Disculpe, Doñita, ¿estás? Le busca su hija Alessia, creo que es una emergencia, se le ve mal. —la voz de Doña Anna se escuchó hasta el interior de la habitación de Doña Leticia, la preocupación era más que evidente por su inusual tono de voz, y mientras se mordía una uña, esperaba que alguien le respondiera desde la recamara. Al escuchar emergencia y Alessia, Doña leticia dejó a un lado un libro el cual leía y salió apresurada a atender el llamado de su niña. Como madre, sabía que esa labor siempre estaría en vigencia en cualquier circunstancia, Alessia era su única progenitora, hija que concibió en su matrimonio junto a Don Alessandro Rizzo, hombre emprendedor y triunfador, el cual la vida le había sonreído en los últimos 20 años de matrimonio. — Doña Anna, prepárame dos tazas de té por favor. —solicitó Doña Leticia, mientras recogía su cabello y se ponía sus lentes de aumento después de salir lo más rápido posible de su habitación. — Enseguida, Doña Leticia. —Doña Anna salió de inmediato a preparar ese té para calmar un poco toda esa ansiedad que se veía en ambas mujeres. ‘No entiendo, que sucedería. Será que algo le sucedió al señor Julián, o a Don Alessandro, ¡Ay, dios mío, qué será!’ Pensaba Doña Anna, mientras preparaba unas tazas de té de miel y jengibre el favorito de Alessia, y otro de frutos rojos, para doña Leticia. — Mi amor, cariño que ha sucedido ¿por qué lloras? —Doña Leticia rápidamente preguntó con una punzada en el pecho al ver el estado en el que su estaba Alessia, nunca la había visto de aquella manera, de inmediato supo que algo andaba mal. De prisa acudió a abrazar a su hija y secarle las lágrimas que, de su bello pero triste rostro, caían sin parar. Alessia desconsolada se hace a un lado y recostada a la pared, con la mirada perdida en el techo, le dice a su madre con voz entrecortada lo que ha sucedido algunos minutos atrás en la casa que compartía con Julián. Le comenta como es que una gran sorpresa terminó en un desastre total. Las lágrimas no paraban de desbordarse de sus ojos sin control alguno y Doña Leticia, rápidamente busca unas servilletas de la mesa de estar para secar las lágrimas de tristeza y dolor que brotaban de los ojos de su hija, como brota el agua un manantial. — Mi amor, cálmate, todo va a estar bien, ya estás en casa sí, estoy aquí para ti. —Doña Leticia hizo un esfuerzo por tratar de calmar a Alessia, mientras la sostenía en sus hombros y Alessia se dejaba caer sobre ella como si fuera una niña, sintiéndose desconsolada y rota totalmente. —A ver, no termino de entender, ¿cómo es que Julián no puede tener hijos? ¿Y tú embarazo? ¿Cómo es posible? —Doña Leticia aun incrédula y confundida, sentía que su hija le tomaba el pelo, pero sabia que algo malo sucedía, porque no era normal ver a su hija de tal manera. — Madre, soy tu hija, jamás te mentiría, si este hijo no es de Julián, no tengo más explicación, con él me comprometí y a él he sido fiel siempre. —Alessia se sentía frustrada porque, a pesar del apoyo de su madre, parecía que no creía en su palabra. ‘¡Ojalá alguien me comprendiera en realidad!’ Pensó aquella pobre chica, la cual parecía haber empezado un viaje muy turbulento, desde ese momento en que le contó a su esposo la buena nueva. En aquel instante, Alessia solo se dejó caer en posición fetal en el suelo, se tomaba el rostro y no dejaba de llorar. De pronto Alessia se sintió disgustada, al ver que su madre permanecía en silencio, sabía que dudaba de ella, así que se levantó con enojo y salió con prisa llorando al jardín, queriendo despertar de tal pesadilla. Se dejó caer sobre la primera silla que tuvo a su alcance, haciendo su mayor esfuerzo para que su llanto cesara. Desesperada por tomar aire y encontrar algo de calma en aquel momento tenso, solo deseaba conseguir explicaciones, y a cambio, debía darle explicaciones a su madre dudosa. No sabía exactamente cuánto tiempo había transcurrido cuando se acercó de nuevo Doña Leticia, sosteniendo un par de tazas de té y las dejó sobre la mesa de jardín. En silencio, tiró de una silla al lado de su hija y se sentó con miedo de que Alessia volviera a reaccionar de aquella manera, ella quería entender lo que estaba sucediendo, pero todo era muy confuso, de lo único que estaba segura, es que sería abuela. Soltó un suspiro cansado y le habló a su hija con cautela. — Toma un respiro y bebe de tu té, te ayudará en tu estado. —Doña Leticia tomó de su té cuando su hija le obedeció y volvió a hablar cuando encontró el momento adecuado. —Cuéntame cómo sucedió. — Madre, Julián y yo tenemos muchos años juntos, pensé que era el momento, pensé que era la oportunidad indicada para darle un cambio a nuestro estilo de vida. —Alessia inició después de unos largos segundos, mientras saboreaba aquel amargo y picoso sabor del jengibre, tal como el mal sabor de amor que le rompía el corazón, y el dulce sabor de la miel, el cual le recordaba lo que diría a continuación. —Él me invitó a cenar el día de mi cumpleaños, hace unos meses atrás. Esa noche la recuerdo tan bien, yo la había pasado en mis clases de piano y en la universidad, eran días muy duros y complejos. — ‘Él siempre me hacía ver las cosas de un mejor modo, él me hacía muy feliz esos días’. No dejaba de tener esa constante lluvia de lindos momentos que llegaba a su mente junto a Julián. — Me llevó a un lindo restaurante que está ubicado en la vía a los páramos, un sitio lindo llamado Loma Linda, en ese lugar había unas cabañas con jacuzzi y vista a la ciudad nocturna. Julián había reservado en aquel hermoso lugar, mandó a adornar una mesa e incluso una habitación para nosotros. —Era inevitable que sus lágrimas no se escaparan de sus ojos y le recorrieran las mejillas rápidamente, mientras contaba aquel momento con gran lucidez. —Me compró un lindo vestido y unos tacones negros de gamuza como los que me encantan, el cómo siempre guapo y apuesto con un traje impecable, como suele vestir, ese fue el día que yo quedé embarazada, es imposible que no sea así, madre. No he estado con ningún otro hombre, tú sabes que yo no mentiría, me conoces mejor que nadie. —Alessia se desahogaba con su madre, sabía que era la única que le creería a pesar de la confusa situación. Mientras terminaba su té, vio su reflejo en la puerta de vidrío que conducía al jardín, tomó una servilleta y se limpió aquel llanto que caía de ella, estaba tan cansada de llorar, que solo quería olvidarlo todo y no saber más del tema. —¿Me puedo retirar, madre? Solo quiero descansar un rato y olvidar un poco todo esto. — Claro que puedes retirarte, cariño, no quiero que estés triste hija, me duele verte así. Todo se aclarará pronto y esto quedará como un amargo recuerdo. —Respondió Doña Leticia, intentando no mostrar su angustia y preocupación. Terminó su té con un último sorbo y se levantó para acompañar a su hija hasta adentro. Pero antes de retirarse del sitio, Alessia iba caminando junto a su madre y dejó algo claro, que ella necesitaba saber, algo que aun no le quedaba claro, en su perturbada mente. — Madre siento la necesidad de que él me hable me explique ¿por qué actuó así? Así no es Julián, el jamás ha sido un patán o una mala persona, algo no debe estar bien. —Miró a su madre y la abrazó como si sus brazos fueran su refugio, mientras le pedía a gritos a la vida ánimos y fuerza para superar este oscuro suceso, solo quería que pronto todo se aclarara. — Cariño, tranquila, yo le llamaré e intentaré saber qué sucedió, intentaremos solucionar todo esto. Pero, antes necesito saber, mi amor, ¿tu padre sabe de todo esto? —A Doña Leticia le preocupaba que diría su esposo al respecto, pues ella sabía que Don Alessandro no es una persona fácil, tiene mucho dinero y negocios de por medio con Julián, eso le angustiaba, no sabría qué postura tomaría en el asunto. Todo esto pasaba por su mente mientras abrazaba a su hija y le acariciaba el cabello tal como esperaría cualquier hija de su madre. — Madre, tú y más que tú eres mi único apoyo y ayuda, solamente tú y Julián saben esto. —Alessia se recogió su cabello castaño con reflejos rubios, metió su mano en la cartera, la cual había dejado olvidada a un lado en la sala de la casa y sacó una toallita húmeda para pasarla por sus mejillas, limpiando aquel maquillaje que, chorreando por su rostro, dejó marcas y evidencias del mal momento que había pasado el día que debería ser el más feliz de su vida. — Anna, prepara todo para que Alessia se dé un baño y se relaje en el Jacuzzi, necesita calmarse y relajarse un poco. —Era lo mínimo que podía hacer por su hija, hacerla sentir como en casa. ‘Tal vez le haga sentir un poco mejor.’ Pensaba Doña Leticia, aun con muchas preguntas por su cabeza, pero pocas respuestas para buscar una solución.
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