LA CALMA DESPUES DE LA TORMENTA.

1626 Words
— Como usted diga señora, ya le preparare todo en unos minutos. —Salió Doña Anna como jinete que escucha el disparo de salida, pues todo este tiempo estuvo un poco cerca de las mujeres escuchando un poco lo que había sucedido, estaba sorprendida no podía creer que la señorita Alessia estaba embarazada, y menos podía entender la reacción de Julián al haber escuchado aquella noticia. — Alessia cariño, ve y relájate déjame ver que puedo solucionar. —Aunque sinceramente no sabía qué solucionar, pues a ella no dejaba de preocuparle la opinión de su esposo, su esposo era quien tenía la voz de mando en el hogar. Sonriendo con cara de melancolía, le quería hacer saber a su hija que ella haría todo lo posible por verla feliz de nuevo. — Te amo madre, gracias, no sé qué haría sin ti. —Luego de dar la vuelta, se regresó y le dio un beso a su madre, estaba tan frágil en aquel momento que cualquier mínima muestra de afecto hacia ella, le hacía sentir como privilegiada. Alessia cansada de llorar y agotada, decidió que entraría al jacuzzi y mirándose al espejo, y mirando su reflejo triste y decaído, no dejaba de preguntarse, como es que todo había cambiado tan drásticamente en solo unas horas, pues para nada era su plan original, se suponía que Julián estaría feliz y contento, festejando y hablándole a sus conocidos de la maravillosa noticia, en vez de todo lo que sucedía, ella aun sentía fe y esperanza de que este entraría en sí y le pediría hablar del asunto en cualquier momento. — Doña Anna, ¿podrías traerme una copa de vino hasta el jacuzzi? Y por favor, que nadie me moleste mientras este allí. —le pedía Alessia a Doña Anna, que aún estaba a las afueras del jacuzzi esperando para atender cualquier pedido de la Sra. Alessia. — Enseguida mi niña, ya vuelvo. —Doña Anna, salió en busca de uno de los mejores vinos que poseían en la bodega de vinos, lo sirvió en una copa brillante y reluciente y se dirigió hasta el jacuzzi de nuevo acompañada, no solamente del vino, sino de un platillo con algunas fresas con merengue y un libro el cual llevaba por título (RENACIENDO DE MIS CENIZAS). Alessia comenzaba por desnudar su hermoso y pálido pero compartido cuerpo, pues ya era una realidad, llevaba una nueva vida consigo misma, aquel bebé que, indiferentemente de si fuese niño o niña ella ya amaba, en aquel momento ella sintió tan grande conexión con su bebé, y mientras se miraba al espejo y se dejaba entrever sus bragas ajustadas, la cual parecían verse muy ajustadas, se acariciaba la barriga y le decía: — Pase lo que pase, te prometo que tú y yo vamos a luchar por ser felices, te lo prometo. —con una sonrisa que le nacía del alma por el simple hecho de saber que iba a ser mamá, eso era algo que ella había estado planificando mucho tiempo atrás, aquella idea de ser madre que desde un tiempo atrás tenía, ahora era una realidad. — Disculpa que le interrumpa mi niña Alessia, aquí te traigo la copa de vino que me pediste, además, vi oportuno el momento para traerte algo que te encanta mucho y te animará un poco. —dejando la copa de vino a un lado del jacuzzi y el platillo de fresas con merengue italiano, podía ver en aquella joven un reflejo que pasaba por su mente, pues la joven Alessia se le hacía conocida. Algún tiempo atrás cuando ella era joven, paso una situación algo parecida, ella embaraza muy joven, y un hombre que nunca quiso hacerse responsable de su embarazo. Eso le recordaba al ver a Alessia en ese estado. — Oh, tú si me conoces, ¡mejor que mi familia! —exclamó Alessia, mientras se brotaba una sonrisa de su rostro. — Gracias por siempre estar para mí, después de mi madre, eres lo más parecido que tengo a ella. —sonriendo, tomó una de esas fresas y la saboreó, mientras parecía que aquel sabor le alegraba por un momento la vida. —Si necesitas mi consejo, no hay problema alguno que tú no puedas superar mi niña, eso yo lo sé, algo me dice que estás hecha para triunfar. —Ella no podía dejar de ver en esa Joven Alessia, un reflejo de ella misma. Ella fue esa Madre sin experiencia y sin apoyo, la cual lucho para salir adelante y sacar a su hijo de aquel mundo gris donde algún día se encontró. — Creo que te será útil si deseas leerlo —mientras sacaba de su delantal un viejo libro, el cual entregó a Alessia y sonriendo con mucha melancolía, expresó. —En mis tiempos más oscuros este libro me iluminó, tal vez haga lo mismo por ti. No me gusta verte así y sea lo que sea, quiero que sepas que estoy para apoyarte como apoyaría a una hija mía. —Luego de sonreírle, salió de la habitación dejando en privacidad total a Alessia. — Gracias, en serio Annita, creo que me será útil tus consejos y tu libro. —Respondió Alessia, mientras le hacía puchero a Doña Anna y sonreía con mucha melancolía por aquellas palabras de apoyo que había acabado de escuchar. Doña Anna, salió y cerró la habitación, y dejó puesto por fuera un colgante que decía No Molestar, para que la joven futura madre desconsolada, estuviera en paz y tranquilidad. Alessia tomó esa copa, cogió el libro y se adentró a esas aguas burbujeantes tibias y olorosas a rosas, buscando calma y paz, por un momento parecía que los problemas desaparecían, y que esa alegría que tanto le era frecuente volvía a ella. ‘Qué extraño libro.’ Pensó, y dejándose llevar por las viejas páginas, el vino y las fresas con merengue, continuó a leerlo, sin saber que este libro sería parte esencial para ella en su futuro. Luego de algunas horas de lectura y relajación, mientras dejaba un poco atrás aquel mal día, se durmió en el jacuzzi dejando a un lado el libro y todo mal momento que podría estar afectándole. Al despertar, notó que habían pasado un par de horas, ella esperaba despertar y tener nuevas y buenas noticias, pero al parecer nada de esto sucedía, Julián no había escrito ni llamado. Alessia veía en vilo como pasaron esas horas de paz, hasta que ya era de noche, ni siquiera una señal de interés por conversar llegaba, absolutamente nada. Su madre por otro lado, tampoco le tenía muy buenas noticias, pues intentó hablar con Julián y este solo le dijo que se sentía ‘confundido’ y que lo que Alessia alegaba no podía ser cierto, pues es imposible que él pudiese tener hijos. Desconsolada como cualquier madre que ve a su hija sufrir, decidió no decirle nada y solo preguntó, al ver a su hija Alessia salir de la habitación del jacuzzi. — ¿Cómo te sientes hija? ¿Mejoró un poco? —haciendo a un lado su teléfono se levantó de la silla y le comentó. —Julián no contestó mis llamadas, seguramente no se sentirá bien para conversar tampoco, pero lo importante es que tú estés bien, cariño. Te amo y como tu madre, quiero que cuentes conmigo hoy y siempre. —Ella muy en el fondo, sabía que esto no acabaría bien, pues al conversar con Julián, ella notaba que él no sentía empatía alguna por Alessia queriendo, más bien, hacerla ver como la culpable de todo y dejando entender que él no estaba dispuesto para hablar con ella ni solucionar nada. — Madre, no te preocupes ya hemos tenido suficiente con este tema, me siento un poco mejor, pero no quiero volver a sentirme mal, solo quiero que ya no hablemos más de este tema, por lo que queda de noche. —respondió Alessia a su madre, dejando a un lado sus sentimientos por Julián en aquel momento y solo se centró en ella y su bebé. Después de todo, ya sentía que había sufrido mucho aquel día, con su cabello recién limpio que parecía estar cubierto por oro, su rostro hermoso perfecto, como si de un ángel se tratara, y su linda piel, se dirigió a su habitación, se puso algo cómodo y se sentó a admirar lo que podría ser su vida, pues en cierta forma en ella empezaba a verse una mujer líder, alguien que no quería esperar nada de nadie más, sino de ella misma, tanto llanto derramó por un hombre aquel día que empezaba a abrir los ojos y se daba cuenta a sí misma, que estaba mejor solo cuando pensaba en ella y su bebé, Doña Leticia le siguió hasta su habitación y le dijo. — Cariño, tu padre debería llegar pronto, trata de actuar normal frente a tu padre, recuerda que él es una persona muy a la antigua y tal vez no le venga bien esta noticia tampoco, por ahora. —Doña Leticia sabía que se avecinaba una tormenta, posiblemente más devastadora que la primera, pero esta vez, ella tenía algo muy claro, quería apoyar a su hija. Mucha razón tenía Doña Leticia, pues dicha noticia no caería bien a Don Alessandro, el cual si tenía muchos motivos para temer cualquier cosa que pudiera suceder entre su hija y su yerno, pues gran parte de su negocio dependía directamente de Julián, fue este el que hace unos años le ayudó a sacar adelante el negocio cuando él hizo una importante inversión, digamos que sacó a flote la compañía. La pregunta era, ¿acaso se puede poner a un padre en contra de su propia hija solo por dinero y comodidades?
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