SECRETOS Y UN CORAZÓN ROTO.

1678 Words
Ese mismo día en casa, Alessia aun conmovida por todo lo sucedido, pero decidida a obtener respuestas, tomó su monedero, unas gafas negras y sus llaves, con una discreta ropa cogió rumbo a casa de Julián decidida a obtener respuestas, ella sabía que muy probablemente, él estaría en casa. Mientras esperaba por el taxi, Alessia no podía evitar pensar lo que podría suceder, sabía claramente que solo tenía dos opciones; que se pudieran resolver las cosas o que se pondría todo peor aún más. Fuese lo que fuese, debía ser fuerte, pues ya comenzaba a pensar no solo por ella, sino por aquel bebé que en su vientre crecía. De camino a casa de Julián, que relativamente quedaba algo cerca, unos quince minutos le separaban. Ella misma se cuestionaba si estaba bien lo que hacía, en caso de no obtener lo que buscaba, ya empezaba a idealizar otro plan, tan fácil como comenzar desde cero, una nueva vida, todo sin su amado Julián. Por su parte, Julián no paraba en casa desde aquel día, solo se había dedicado a salir a ingerir alcohol con sus amigos, a divertirse de chica en chica y a tomarse la vida como no lo había hecho en mucho tiempo. Él aseguraba aun, que la culpa de todo esto la tenía Alessia y su familia, pensaba que era la manera de ellos controlar la mayoría de los negocios al involucrar un bebé entre él y la familia, habría una mayoría de poder del lado de los Rizzo, por ende, su orgullo y su postura eran verídicas, no daría su brazo a torcer. Julián se sentía en poder pleno de su vida, y esto le hacía subir su ego y su orgullo aún más, se sentía libre como nunca, y esto empezaba a fastidiar a Alessia, que por más que quería, no podía evitar estar al tanto de las redes de Julián, quien sin miedo y sin escrúpulos, subía y posteaba cantidad de fotos y cosas que pudieran herir a Alessia, todo un idiota engreído. Al llegar a casa de Julián, bajó del taxi decidida y caminó hasta la entrada con paso firme, se acercó al auto de Julián, mirando a través de la ventana de copiloto observa que hay unas cuantas botellas, algo de basura y un peculiar lápiz labial en el asiento del copiloto, de un tono algo llamativo, ella sabía claramente que no usaba ese tono, por lo tanto, no era suyo. Rápidamente, su parecer cambió, dejó de ver la opción de hablar y parecía estar solo decidida a ir y confrontar a Julián. — ¡Es un desgraciado! infeliz todo este tiempo solo ha sabido mentirme y hacerme ver a mí como la mala de todo. Qué fácil es negar tu paternidad Julián De La Torre. —con prisa, tomó su llave con fuerza y de la ira, le pasó la punta de la llave con fuerza por toda la puerta del copiloto, rayando de profundidad la pintura sin compasión, era evidente su frustración y lo haría pagar por cada una de las lágrimas que le haría derramar de aquí en adelante. Rápidamente se acercó a la puerta e intentó ingresar a la casa, pero solo pudo notar que la cerradura ya no era la misma. Al parecer, Julián había mandado a cambiar todas las cerraduras de la casa, dejando a Alessia sin absolutamente ningún accesol a lo que era hasta hace unos días su hogar. — Juro por mi hijo que te haré pagar Julián de la Torre, lo juro. —Decía Alessia con desprecio, seguidamente empezó a llamar a la puerta, a tocar el timbre e incluso a llamarlo por teléfono, pero Julián solo ignoró todo esto, parecía estar más ocupado adentro y nunca atendió el llamado de Alessia, como si su llanto y su desgracia no le movieran ni un pelo. Antes de partir de allí, Alessia era atacada por una lluvia de emociones que le llegaban y con más odio, que dolor, decidió regresar a casa de sus padres, esta vez caminando desconsolada nuevamente, parecía que ahora cada vez que regresaba a lo que era su antiguo hogar, salía más herida que la vez anterior. Ya eso no era hogar, ya todo aquello había quedado en el pasado. Después de cinco minutos caminando y sobre pensando, decidió tomar un taxi, ya que había olvidado completamente que sus padres tenían chofer. De regreso, la tarde comenzaba a caer, el cielo se oscurecía, las nubes empezaban a dar tintes grisáceos. La primera gota caía del cielo impactando con la luna polarizada del taxi, así como las lágrimas se derramaban discretamente en aquel asiento trasero, la tarde lluviosa comenzaba, y con ella, un mensaje de Julián diciendo. Gracias por el lindo detalle en mi auto, lo aprecio mucho. Y, por cierto, tus cosas ya te las enviaré con alguien, no quiero nada de ti en mi casa, estás loca, no sé cómo no lo vi antes. Nada más grotesco, que un mensaje con tales palabras luego de que en realidad Alessia estaba en todo su derecho de enfurecer y actuar de tal manera. El taxista solo se reservaba a mirar y conducir, mientras era consciente de que aquella linda chica, la estaba pasando fatal, por como se le veía en el asiento trasero. Ella en su interior, no podía dejar de sentir ese pequeño sentimiento creciendo dentro de su pecho, esa sensación de odio y rencor que parecía alimentarse con el pasar de los segundos, ya no caían lágrimas de dolor, ahora parecían ser lágrimas de odio, de rabia y de impotencia. Dicen que del amor al odio hay solo un paso, y esta barrera, Julián la había cruzado. Él ni se imaginaba lo peligrosa que podía ser una mujer cuando se enojaba y decide tomar venganza. Al llegar, Alessia le pagó a aquel amable hombre que solo se dedicó a conducir, se bajó y dejando la lluvia caer sobre sí, se quitó los lentes y dejó que su rostro se mojara dejando ver su rostro sin maquillaje, ya no se le veía dolor, solo tenía una expresión de ira. Su madre en la sala le esperaba ansiosa por saber que había sucedido. Alessia al abrir la puerta y entrar, va corriendo hasta su habitación para cambiar su mojada ropa, en ese mismo momento su madre se le acerca, viene de prisa hacia su hija, coge una toalla de la cocina y le ayuda a secarse un poco. — Cariño, ¿cómo te fue? Mira como te mojaste. —Dijo Doña Leticia, mientras secaba a su hija con una sonrisa que quería contagiarle a Alessia, esperaba buenas noticias, pero la realidad era muy distinta a lo que ella esperaba. — Madre, recuerdas eso que papá dice, cuando las cosas van mal no podrían ir peor, a mi me fue peor. —Respondió Alessia en tono de chiste, sonriendo con ironía sin querer mostrar debilidad de nuevo, mientras temblaba y secaba su mojado cabello con ayuda de su madre, solo sentía vergüenza de haber ido hasta donde Julián y ni siquiera ser escuchada por este. Doña Leticia solo miraba consternada de ver a su hija así. — El muy imbécil ni siquiera fue capaz de salir a hablarme o algo, no le importó que yo estuviera allí afuera por casi unos diez minutos, ya ni siquiera me duele madre, siento rencor, siento que lo odio por hacerme todo este daño y hacerse la víctima, el que no rompe ni un plato. —continuó Alessia claramente molesta y frustrada por lo que le sucedía, estaba comenzando a reaccionar y su parecer empezaba a cambiar, ya no era aquella mujer ciega que era cuando vivía junto a Julián, parecía que se le empezaba a caer la venda de los ojos. Y pensar que solo habían pasado un par de días, tan poco le hizo falta para empezar a conocerlo bien, había vivido cegada con la idea de tener un matrimonio de ensueño, se había esmerado por ser una buena esposa, pero no recibió lo mismo de vuelta. — ¿A qué te refieres con hacerse la víctima? Es un cretino, no entiendo como viéndote ahí aun sabiendo que estás esperando un bebé de él y aun así no te dejó ni entrar. —Comentó Doña Leticia, con una cara de molestia e indignada porque no pensaba que Julián fuese capaz de tales hazañas. —¿Y tus cosas? —Doña Leticia empezaba a sentir rencor también por Julián, ella apoyaría hasta el final a su hija, de eso no tenía duda. — ¡Anna! —Gritó a la señora del servicio, para que le atendiera una solicitud. — Dígame, Doña Leticia, ¿para que soy buena? —Respondió Doña Anna, muy obediente a sus jefes y atenta como siempre. — Necesito que me ayudes con la cena. Y por favor, prepara una taza de chocolate bien caliente para Alessia. ¡No tardes por favor! —Le solicitó Doña Leticia a Doña Anna, y continuó ayudando a secar a su hija. — ¿Algo más? ¿A la niña Alessia se le ofrece algo más? —Preguntó Doña Anna, muy atenta con la joven Alessia. — Estoy bien por ahora, Annita. —Alessia respondió con una sonrisa sin ánimos, que no le llegaba a los ojos. No le gustaba que la gente le viera triste o enojada, ella sabía ser muy discreta, así que, sin más, Doña Anna se retiró no muy convencida de sus palabras. — ¿Hay algo más que me quieras contar? —Preguntó Doña Leticia a Alessia una vez que se aseguró que no había nadie cerca escuchando su conversación, mientras se dirigía a salir de la habitación, se detuvo y exclamó — ¡Yo te conozco eres mi hija! Sé que hay algo más que me quieres decir. —Mirando directamente a su hija y con un leve levantamiento de su ceja derecha, esperando alguna palabra más de su hija, la cual soltó un suspiro cansado y accedió a contar un poco más. — Hay más por contar.
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