bc

Fuera de Tono

book_age16+
283
FOLLOW
1.9K
READ
teacherxstudent
opposites attract
self-improved
student
drama
bxg
city
highschool
secrets
seductive
like
intro-logo
Blurb

Jayde es la clase de chica que esconde un profundo dolor con una actitud agresiva. Cam es la clase de chico que le sonríe a todo el mundo. Ella es la clase de persona que uno nunca se imaginaría enamorada. Él es de relaciones largas. Ambos son como el agua y el aceite, pero hay algo que sería capaz de unirlos como nada más podría hacerlo: la música.

Ninguno de los dos pensó que se volverían a ver después de aquella fiesta, mucho menos en esas condiciones. Cuando ambos tengan que poner las cartas sobre la mesa, ¿podrá Jayde exponer su corazón o terminará corriendo como siempre lo hace?

chap-preview
Free preview
Capítulo 1
Si pudiera viajar al pasado y decirme a mí misma que no era buena idea salir de fiesta antes del primer día de clases, definitivamente lo haría. Pero, conociéndome, probablemente haría caso omiso a la advertencia y el resultado sería el mismo: una asquerosa e insoportable resaca. Estaba demasiado cansada como para poder pensar en algo coherente que no tuviera que ver con dormir por el resto de mi vida. Sabía que había sido una estúpida idea desvelarme y venir a la escuela con mi horrible cara de zombi, pero también sabía que, si hubiese intentado quedarme en casa a recuperarme, probablemente mis padres lo habrían notado y habría tenido que venir de todos modos. Pero, bueno, ¿para qué mentir? No me arrepentía en lo absoluto, a pesar de mi deplorable estado actual. Aunque la fiesta usara el inicio de clases como excusa para que todos nos reventáramos y aunque me hubiesen dicho que iba a ser algo tranquilo, todos sabíamos que probablemente sería la mejor fiesta de todo el año. Y mi mayor testimonio para corroborarlo era decir que había terminado recién hace un par de horas, teniendo el tiempo exacto para entrar a escondidas a mi propia casa y darme una ducha fría para quitarme el olor de alcohol de encima e intentar despertar mis sentidos atontados antes de comer una escuálida barra de cereal. Así que aquí estaba, al final del salón, luchando con una terrible resaca que me exigía cerrar los ojos y con un gruñido molesto en mi estómago que me rogaba por comida. ¿Qué podía decir? Con lo atrasada que estaba, sólo había alcanzado a comer lo suficiente para engañar un poco a mi estómago vacío y para llenar mi sangre con algo más que alcohol. Después de eso, sólo pude venir corriendo a clases, como la buena alumna que era, aunque me muriera por una cama. Y aquí seguía, rogando por un poco de silencio, por un poco de piedad para mi cabeza adolorida. Sí, debía admitirlo: me sentía y me veía como la mierda. Una arrugada pelota de papel cayó frente a mis ojos hinchados y lo único que fui capaz de hacer fue mirarla cansina, sin importarme mucho de dónde venía. Escondí la cabeza entre mis brazos y cerré los ojos, suspirando, pero una segunda pelotita aterrizó directamente en mis manos. Alcé la cabeza y la miré con odio, abriéndola de mala gana. “Nos vemos a la salida”, fue lo que logré leer, no sin una terrible molestia en la cabeza. Era como si estuvieran clavándome una aguja en la frente una y otra vez. Maldita tortura insufrible. Me apoyé nuevamente sobre mis brazos agotados, sin darle importancia al papel. No quería hacer nada. No quería pensar, no quería leer y mucho menos quería preocuparme por papeles anónimos. Sólo quería dormir. —Mátenme —murmuré para mí misma con la garganta seca, cerrando los ojos y entregándome por completo a los brazos amables de Morfeo. Pero antes que pudiera ser feliz, una tercera jodida pelota cayó a mi pupitre, haciéndome saber que ignorarlas sólo era peor. Gruñí por lo bajo y mientras la abría con un profundo odio pensaba en qué tan difícil era entender que no me importaba ni una mierda lo que alguien en este salón tuviera que decirme. Malditos todos. “¿Estás ignorándome, preciosa?” Resoplé irritada, sabiendo de inmediato quién era el imbécil detrás de los papeles, decidiéndome a demostrarle lo mucho que me importaban volviendo a recostarme sobre mis cómodos brazos. El idiota acosador era Kyle Smith, uno de mis compañeros más molestos en la faz de la tierra. Siempre me hacía bromas ridículas intentando que le pusiera un poco de atención para saciar su gigante ego y no le había hecho caso hasta ayer —u hoy, como sea. Habíamos compartido un par de besos en la fiesta, algunos tragos y algunas horas de baile desenfrenado, pero eso había sido todo, ni siquiera le había insinuado algo más como para que creyera que era buena idea seguir hablándome. No tenía derecho alguno a decirme “preciosa”. Preciosa su jodida mano, probablemente la única interesada en él. Aunque tratándose de un cavernícola poco inteligente como Kyle, me podía esperar cualquier cosa. Pero él y la clase pasaron a segundo plano cuando mis párpados se cerraron por completo, cayendo en uno de esos sueños pesados en los que no te das cuenta si tu cerebro creó alguna imagen o si soñaste algo. Mis brazos fueron la más cómoda almohada y la mesa fue la mejor cama que pude haber tenido. A decir verdad, más allá de mi necesidad de sueño, no me importaba analizar ningún maldito libro ni hablar sobre la idiotez de sus protagonistas enamorados y llorones. Porque, más que sólo aburrirme la historia, odiaba tener que racionalizarla. Odiaba que hicieran de la literatura sólo un texto al cual debíamos hacer añicos en vez de enseñarnos a entenderla, a analizarla más profundamente, no sólo en su estructura. Borraban toda la magia, desechaban la imaginación y la descontextualizaban. Odiaba que todo lo relacionado al arte lo transformaran en una obligación aburrida que nadie quería hacer, que nos llenaran de teoría y le quitaran la misticidad y lo sentimental a las palabras, a las melodías y a las imágenes. Odiaba la escuela por eso: porque todo lo que amaba, lo rompían en pedazos. Porque usaban mi tiempo para supuestamente enseñarme lo que más me hacía feliz como parte de un simple trámite, sólo porque estaba dentro de mi malla curricular y no porque realmente les interesara que a nosotros nos importara. —Hola, preciosa —escuché a los lejos. Levanté la mirada perezosamente y la luz me cegó por un momento, haciendo que mis ojos hinchados me dolieran incluso al pestañear. Hice una mueca de desagrado cuando me encontré de frente con Kyle y su estúpida sonrisa arrogante en ese rostro de niño mimado. —¿Qué? —gruñí alzando ambas cejas, provocándole una corta carcajada. —¿Después de lo que pasó me tratas así, cariño? —preguntó él, tan presuntuoso como siempre, alzando la barbilla con orgullo. Me sulfuré y apreté la mandíbula, aguantándome las ganas de arrancarle la lengua a ese maldito altanero. —¿Y qué fue lo que, según tú, fue lo que pasó? —pregunté con falsa calma, mirándole directamente a los ojos. Él sonrió con astucia y malicia. —¿Quieres que te lo recuerde? —ronroneó como un seductor de cuarta. Me levanté de a poco, entrecerrando los ojos y sintiendo que todo el sueño que me había estado torturando, desaparecía súbitamente. Le sostuve la mirada sin vergüenza alguna y él mantuvo sus dientes expuestos. —No, no quiero que me recuerdes nada —gruñí—. Porque no me importa lo que haya pasado. Sí, nos besamos. Sí, bailamos, la pasamos bien y todo lo que quieras. ¿Y qué? ¿Qué se supone que significa eso? Kyle hizo lo más estúpido que su pequeño cerebro pudo pensar y me tomó de la cintura, apegándome contra él y susurrando contra mi cara como si eso pudiese cambiar algo. —Significa que puede seguir pasando. Mi cuerpo se tensó y mis mejillas ardieron de rabia. Lo empujé con fuerza y él tropezó con una silla, desprevenido, terminando por mirarme como si estuviera loca. —Entre tú y yo no va a pasar nada —dije colgándome la mochila al hombro, cargando mi peso hacia un lado—. No te voy a decir “cariño”, no me voy a lazar sobre ti para llenarte de besos y abrazos como si tú significaras algo para mí, como si me interesara tenerte de alguna forma en mi vida. No seas infantil. Si me interesara que un ser tan insignificante y estúpido como tú me siguiera hablando, créeme que te lo habría dicho. Pero no lo hice, ¿verdad? Kyle se arregló la camiseta y se irguió como el macho alfa que se creía. —Eres una perra loca, Jayde —contestó burlón y herido, haciéndome reír. —Puede ser. —Sonreí—. Pero esta perra loca te encanta y no puedes soportar que te rechace después de lo bien que lo pasamos, ¿no es así? —Me encogí de hombros—. Pero así es la vida, Kyle. A veces una chica sólo se quiere divertir. Y no, significa no. Deberías aprender eso para que te vaya mejor en la vida. Caminé triunfante hasta la puerta del salón, dejándolo ahí con todos los insultos que probablemente estaba procesando a causa de su pisoteado orgullo. Y es que simplemente no podía evitarlo. No podía evitar reírme de hombres como Kyle. Siempre pensaban que eran el centro del maldito universo, que podían tener a la chica que quisieran y que nadie tenía el derecho de rechazarlos. Creían que todas sus conquistas se debían exclusivamente a sus encantos, como si ninguna mujer tuviera poder de decisión. No se daban cuenta que existían algunas mujeres astutas, de esas que captaban su atención con pequeños gestos meticulosamente escogidos, de esas que los miraban con ojos inocentes mientras los hacían creer que ellos las estaban seduciendo cuando en realidad eran ellas quienes lo estaban haciendo. Parecía ser que no les cabía en la cabeza que existiera alguna chica que quisiera divertirse sin soñar con un final de cuentos de hadas. Y por eso me odiaban. Me odiaban porque era capaz de seducirlos, besarlos y volverlos locos para después ignorarlos, dejándolos con ganas de más, de ser los ganadores, los propietarios del trofeo que mostrarían a sus amigos como una gran hazaña. Muchos de ellos me habían tratado de puta, pero eso no significaba nada para mí, así que no me iba a echar a morir por escucharlo. Sabía que, como ellos creían que éramos un mercado de llegar y llevar, cualquier rechazo hacía que nos insultaran, que nos dijeran frígidas o que confundieran cualquier tipo de desinterés con orgullo y desdén al género masculino en su totalidad, porque, tal como dije antes, se creían el centro del universo. Yo tenía la firme convicción de que las mujeres teníamos el mismo derecho que los hombres a disfrutar de la sensualidad y la sexualidad, siempre y cuando nos sintiéramos preparadas y fuéramos capaces de hacernos cargo de nuestro cuidado. Así que, bueno, ellos podían decirme “puta” todas las veces que quisieran, pero bien sabían que soñaban con que fuera verdad. Jamás habían logrado meterme a sus camas, y eso era lo que realmente les molestaba. En la escuela yo era una figura un tanto mediática, debía admitirlo. Si bien nunca me di a conocer como una roba-novios, como una líder déspota y cruel o algo por el estilo, sí me di a conocer como una jugadora, pero de las difíciles de vencer. Era por eso mismo que me perseguían: porque querían ganar. Lamentablemente, muchos eran incapaces de soportar la derrota y hablaban de mí con el peor de los resentimientos posibles, pero eso, por supuesto, no hacía más que endulzar mi victoria. —¡Jayde Adeline Kenner! —exclamaron de pronto a mis espaldas, haciendo que una sonrisa se dibujara instantáneamente en mi rostro, volteándome en el acto para encontrarme con mis cuatro idiotas favoritos corriendo hacia mí, asfixiándome entre sus brazos. —¡Eh, vamos, necesito aire! —exclamé divertida, forcejeando inútilmente contra ellos y su fuerza desmedida, soltándome entre risas—. Son unos tontos. —Tus tontos, Jayde —respondió Cole, batiendo rápidamente sus pestañas de arriba a abajo, sonriéndome con inocencia. —Claro que son míos, esclavo. —Alcé las cejas con superioridad, cargando el peso de mi cuerpo en una sola pierna, recalcando lo obvio—. Y la próxima vez que quieras dirigirte a mí, pide permiso. Cole rió meneando la cabeza. —¿Y qué tal tu día, Jayde? ¿O debería decir “ama”? —preguntó Drew, pasando un brazo por sobre mi hombro mientras nos alineábamos para caminar hacia el patio principal. Me encogí de hombros. —Ama está bien, gracias —respondí ladeando una sonrisa—. Eh, tengo sueño, tengo hambre y estoy cabreada. —Me encogí de hombros—. Ya saben, lo normal. Todos soltaron una risa. —¿Y por qué estás cabreada ahora? —preguntó Trent, alzando sus cejas oscuras en mi dirección y curvando una sonrisa divertida. —¿Cuándo no está cabreada Jayde la amargada Kenner, mejor dicho? —preguntó Jensen, soltando una carcajada sonora, llevándose un golpe en el brazo de mi parte. —Yo no soy amargada —me defendí entrecerrando los ojos y cruzando los brazos. —Como digas, amargada —respondió burlón, llevando ambas manos a su nuca con despreocupación. Rodé los ojos y murmuré por lo bajo. —Entonces, ¿por qué estás enfadada ahora? —preguntó de nuevo Drew, luchando contra los rulos que caían sobre su rostro al tener que mirarme para abajo. Bufé. —¿Se acuerdan del idiota de la fiesta? —Asintieron con la cabeza, mirándome confundidos. —¿Qué con él? —preguntó Cole, frunciendo el ceño. —Hoy empezó a j***r, mandándome papelitos en clases mientras yo intentaba dormir. ¿Quién en su sano juicio osa hacer eso? El que no me deje dormir, merece mi odio eterno. Y si esa no es una buena razón para estar enfadada, entonces no sé cuál podría serlo. Los cuatro soltaron una risa y menearon la cabeza, como si no tuviese razón. A decir verdad, ellos nunca habían terminado de aceptar mi relativamente nueva manera de comportarme. Cada vez que podían, me aconsejaban que lo dejara y volviera a ser la misma de siempre. Pero yo era terca como una mula y no quería volver a ser la misma persona a la que quise borrar casi por completo. Aunque eso no significaba que no estuviera cansada de toda la mierda que tuviera que ver con chicos. Su alocada testosterona me podía de los nervios la mayor parte del tiempo. —¿De verdad no te aburre que sea siempre lo mismo? —preguntó Cole, enarcando una ceja y formando una sonrisa burlona en su rostro, guardándose las manos en los bolsillos. Me encogí de hombros. —En cierta forma me divierto —respondí restándole importancia al asunto, pero terminando por darle una segunda vuelta y hacer una mueca—. Bueno, a veces. —No creo que debas gastar tu tiempo en tipos así —reprochó Trent, meneando la cabeza—. Sabes que siempre te protegeremos, pero no es necesario que busques problemas. Sabes que te puede pasar la cuenta y que, además, difícilmente van a cambiar sólo porque los dejas como estúpidos. No evidencias nada que los demás no sepan, a decir verdad. Reí mientras tomábamos asiento sobre el césped, formando un círculo. —Sí, supongo que tienes razón. —Ladeé la boca y suspiré—. Pero no es como que busque problemas, son ellos los que empiezan con… —Excuuusas —canturreó Drew, amplificando el sonido con sus manos alrededor de su boca. —Sólo deja de hacerlo, Jayde —dijo mi rubio amigo Jensen con una sonrisa amigable y cordial mientras pasaba su brazo por mi hombro—. Sé que te divierte en su momento, pero después te fastidia y andas de mal humor, teniendo que soportar a esas lapas descerebradas por todos lados. Así no vale. Hice un puchero. —Lo sé. Siempre tienes la razón —respondí bajando los hombros—. Es sólo que… no quiero volver a lo que era antes, chicos, en serio. Sé que todos esos idiotas me ponen de mal humor, pero tampoco han sido tantos. Estoy controlándolo de a poco y tampoco estoy yendo a tantas fiestas como antes. Este es mi último año, siento que necesito resistir hasta llegar a la universidad y empezar de cero. —La Jayde de antes no tenía absolutamente nada de malo —dijo Cole, hablando con voz casi paternal—. La de ahora tampoco, pero tienes que entender que cuando tú actúas distinto, los demás actúan distinto contigo. Antes no teníamos que amedrentar a nadie para que te dejaran tranquila. —Todo lo que haces, también repercute en nosotros, Jayde —agregó Drew, alzando las cejas y mirándome con esa irresistible cara de perro mojado. —No lo había pensado así —susurré mirando como mis manos sacaban el césped—. Lo siento. —No se trata de pedirnos perdón, Jayde —dijo Trent con voz suave—. Nos alegra poder defenderte. —El problema es que quizá en algún momento esto pase a mayores —continuó Jensen—. Todo esto no te hace feliz. Vengarte con esos imbéciles no te va a ayudar a sanar, Jayde. Sólo te hará guardar más y más rencor. Apreté los labios y les miré con una sonrisa débil. —¿Por qué siempre tienen la razón? —Fácil. Porque somos los mejores —presumió Trent, lanzando besos al aire. —Son unos tontos —refunfuñé riendo. —Tus tontos favoritos —dijo el de rulos, pestañeando varias veces, haciéndose el inocente. Solté una risa y lo abracé con fuerza. —Pero todavía no se me olvida esa fiesta donde me dejaron sola —protesté haciéndome la sentida, logrando que me miraran con profunda indignación—. Eso pone en duda su categoría de “favoritos”. —¡Por favor, eso fue hace como un mes! —exclamó el rubio, alzando los brazos con dramatismo—. Además, no era la primera fiesta donde te dejábamos sola. —De hecho, creo que casi nunca te dejamos sola —corrigió Drew—. ¡Eras tú la que se iba! —¡Exacto! —saltó un apasionado moreno—. Deberíamos traer a memoria todas las veces en las que desaparecías y nosotros nos quedábamos como imbéciles buscándote por todos lados. —Ya, sí, ambos tienen un punto —admití diplomáticamente—. Sin embargo, en ninguna de esas fiestas apareció la policía. —¡Ya supéralo, Jayde! —exclamó Cole, frustrado. Los cuatro resoplaban y discutían, intentando hacerme entender que no había sido su culpa entre frases ininteligibles que se mezclaban cuando ellos mismos intentaban ponerse de acuerdo en un argumento, hablando los cuatro caóticamente al mismo tiempo, haciéndome reír mientras ellos seguían refutando alterados sobre las muchas veces en las que yo había hecho algo similar sin recibir ninguna queja después. Y yo sólo los miraba divertida, sin importarme realmente lo que pudiese o no pasar después de las fiestas, porque, después de todo, los hombres no eran ni por asomo mi debilidad y definitivamente no comenzarían a serlo ahora.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Apuesta por un amor. (Saga familia Rossi- Duque)

read
109.1K
bc

Nota De Amor

read
1.9K
bc

Una hermosa coincidencia

read
103.0K
bc

¡Lo quiero a él!

read
40.4K
bc

Sorprendiendo al Bully (Serie de Amor Verdadero Libro 1)

read
99.0K
bc

Mi Guardaespaldas

read
2.8K
bc

Solo dos veces al año

read
15.3K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook