—¿Qué demonios, Jayde? —gruñó Drew, restregándose los ojos irritados y dejando la cama desordenada tras de sí—. ¿Por qué haces tanto ruido? —¡Drew! —dije agitada, pero feliz de verlo al fin despierto—. Ayúdame a abrir las cajas, por favor. —¿Qué? ¿Por qué? —Miró hacia la ventana, desordenando aún más su cabello con la mano—. ¿Qué hora es? Seguí rebuscando en las cajas, tirando prendas por los aires mientras armaba una lista en mi cabeza de lo que necesitaba encontrar. —Las ocho y media —dije rápido—. Tengo dos horas y media para encontrar la suficiente cantidad de ropa para armar una mochila decente, bañarme, ir al banco para cobrar el cheque y llegar máximo a las diez y media al terminal de buses. Sé que suena como mucho tiempo, pero siento que no lo lograré. Así que ahora necesito t

