La campana acababa de sonar y yo ya tenía todo guardado, lista para correr. Me puse de pie y caminé a grandes zancadas hacia la entrada, pero alguien se cruzó en mi camino sin aviso, sobresaltándome en el acto. —Hola —dijo sonriendo de lado, apoyándose en una pared para personificar la táctica de conquista más cliché del universo—. ¿Cómo estás? —Eh, bien. —Miré para el lado, buscando una buena excusa para no tener que escucharlo más. —Qué bueno. —Soltó una risa y se llevó una mano a la nuca, desordenándose su muy cuidado cabello—. Oye, Jayde, me preguntaba si estabas ocupada, como para que saliéramos o algo así. —¿Tú dices ahora? —Alcé las cejas. —Sí, ahora. —No puedo. —Me encogí de hombros y acomodé los libros que traía en brazos. Su entusiasmo decayó durante un segundo, pero se re

