Una limusina negra nos esperaba en la puerta, fui la última en llegar por lo que recibí miradas de todas partes. Entre en la limusina sentándome al lado de Lance y en frente de Leo, lo que me puso nerviosa, ya que este último me observaba sin apartar ni un instante su mirada. Al lado de Leo estaba Nolan sonriéndome, supuse que se había percatado de aquel crucé incomodo de miradas entre Leo y yo, por lo que intentaba decirme que no pasaba nada, que me tranquilizara. Y si os digo la verdad aquella sonrisa me calmó bastante. Nolan parecía un buen chico y me entraron ganas de conocerle, pero, lógicamente, en ese momento tenía otras preocupaciones, así que esa idea tendría que esperar.
Miré por la ventana intentando olvidarme de todo. Coloqué mi brazo en la esquina del cristal para poder apoyar en el mi cabeza. Me sorprendí bastante al ver que había comenzado a llover, lo cual me vino bien, ya que me centré en observar el recorrido que hacían, y la huella que dejaban las gotas de agua que se chocaban con el cristal de mi ventana.
En una mirada a una de las gotas mis ojos se centraron en lo que había más allá, en el coche que caminaba al lado.
Era una familia, con el padre conduciendo, la madre guiándole como copiloto y los tres hijos atrás, dos chicas y un chico de diferentes edades. Estaban comiendo y riéndose a la vez, parecían tan felices que sentí como mi corazón se detenía. No obstante, no fue solo por eso, sino, también porque yo conocía a aquella familia. La chica mayor era mi mejor amiga, Jade.
Estaba viva, estaba bien.
Creía que todos habían muerto en el accidente, pero ahí estaba, como si no le hubiera pasado nada.
Entonces esta miró su móvil. Su rostro se iluminó con la luz que emitía el aparato, lo cual no me llamó la atención o, por lo menos, no tanto como su cara, se le había ido borrando la sonrisa poco a poco hasta convertirlo en lágrimas. Se mordió el labio y se apoyó en la ventana de la misma manera en la que yo estaba, dejando ver lo que había que había visto en su móvil.
Era una foto, una foto en la que salíamos las dos. Llevábamos el pijama puesto y teníamos un moño mal hecho. Estábamos sentadas en la cama, yo abrazándola de lado y ella intentando huir. Recordaba bien aquel día, yo intentaba hacerla cosquillas y ella huía de mí. Se había quedado en mi casa a dormir toda una semana y aquel era el último día. Mi hermana, como cada noche, no se separaba de nosotras en ningún momento y como mi cámara de fotos era nueva y de las buenas, le había dado por sacar foto a todo en todo momento. Lo cual me alegró al ver esa foto y un par más en la que se nos veía muy felices.
Deseé salir de la limusina y correr a abrazarla, tenía tantas ganas de estar con ella que mis ojos se llenaron de lágrimas y toqué el cristal como si así la estuviera tocando a ella. En aquel momento Jade levanto la mirada y fijo sus ojos sobre mí, lo que hizo que mi corazón latiera muy rápido.
—No puede verte, los cristales son demasiado oscuros —informó Lance, susurrándome en el oído.
Me limpié las lágrimas, la limusina comenzó a acelerar dejándoles atrás. Mis ojos la siguieron hasta el último momento. A continuación, cerré los ojos y deseé que todo pasara rápido.
—Después de clase iremos a comprar algo de comida, la abuela nos ha hecho una lista larga —dijo Lewis, rompiendo el silencio.
—En ese caso quedamos en la puerta principal en cuanto acaben las clases —siguió Lewis.
—Yo hoy salgo antes ya que el profesor no va a venir —avisó Caleb.
—¿A sí? —Dudó Arthur.
—Lo dijo el otro día, pero como nunca estas atento...—bromeó Lance.
—Es demasiado duro ir a dos colegios, uno por la noche y otro por la mañana —argumentó Arthur.
—Todos lo hacemos y no nos quejamos tanto —se burló Mathias.
Arthur no respondió, se limitó a mirar mal a Mathias y suspiró.
—Ya hemos llegado —advirtió el conductor, al que nunca llegue a ver la cara.
Salí del coche y una chica se me acercó con el paraguas. Se desilusionó al verme y me apartó de la puerta para que dejara pasar a los demás. Observé mi alrededor que se limitaba a chicas, todas mirando la limusina como si iría dentro algún famoso. Entonces los vampiros comenzaron a bajar y las chicas a gritar. Se acercaron a ellos con paraguas. Una de ellas fue la chica que me estaba tapando, por lo que la lluvia me mojó en pocos segundos. Intenté salir corriendo hacia la puerta, pero con tantas chicas no podía pasar.
Poco después de que todos los chicos saliera, se fueron y alguien me agarró del brazo. Era una chica, que me miraban como si la hubiera pegado o pisado, por lo que le miré indecisa hasta que me percaté de que no estaba sola, unas veinte muchachas más la seguían por detrás mirándome igual, o incluso peor.
—¿Quién eres? —Me preguntó, irritada.
—L...Lia —tartamudeé.
—¿Qué hacías con ellos, Lia? —Siguió pronunciando mi nombre con asco.
—Yo... yo solo —No sabía que contestar.
—Es nuestra invitada —declaró Zack—. Tenéis que cuidarla mejor que a nosotros.
—Claro, Zack, así lo haremos —respondió una de ellas sonriéndole.
—Vamos ven, te ayudo —propuso la primera que me había tapado.
—Vale, gracias.
Fuimos hasta la puerta, era un instituto normal, con gente no tan normal.
El timbre sonó y todos se desvanecieron rápidamente por los pasillos por lo que me quedé sola. Me deslicé intentando encontrar a alguien que me diría a dónde ir, pero los pasillos estaban desiertos.
—Lia— me llamó Harry por detrás— Tienes que venir a esta clase.
Le miré fijamente hasta que movió su mano señalando la clase, entonces me dirigí hacia él y entré.
No había más de quince personas, entre ellos Lance, Mathias, Arthur, Caleb y Nolan.
La noche se pasó rápido, Lance y Caleb se pasaron todo el rato riéndose y tirando cachos de goma de borrar al profeso, quien no se enteraba de nada. Mathias y Arthur hablaban con dos chicas que tenían delante. Nolan estaba pintando la cara de su compañero de enfrente y Harry, quien estaba sentado al lado de Nolan, estaba dormido. Por lo que no me aburrí en ningún momento.
Cuando acabamos, tal como habían quedado, nos reunimos en la puerta principal. El último en llegar fue Lewis y, en cuanto llegó, nos montamos en la limusina. Fuimos directos a un supermercado.
Tuve que ponerme un el gorro para que no se me viera la cara, ya era de día y había bastantes conocidos por allí comprado.
Llenamos rápidamente el carro, ya que nos dividimos para buscar los alimentos. A mi me tocó quedarme con Leo y Nolan, quienes llevaban el carro, pero verles discutir por chorradas fue entretenido.
Al final todos se volvieron a reunir en un pasillo en que no había nadie. Me acerqué a la estantería, había un hueco por el que se veía el pasillo de al lado, donde observé la silueta de un señor, un señor que creía conocer bastante bien.
Tan pronto como se dio la vuelta mi sospecha se confirmó haciendo que mi corazón dejara de latir.
Era mi padre y a su lado estaba mi hermanita.
Les observé atentamente hasta que mi padre me vio y se quedó mirándome.
—¿Lía? ¡Lia! —Gritó mientras se le llenaban los ojos de lágrimas y salía corriendo hacia mí.
—¡Oh! ¡Mierda! —Pronunció Zack, agarrándome el brazo.