Vivian salió de la oficina con una sonrisa que irradiaba una mezcla de satisfacción y alivio. Había tomado una decisión que, lejos de ser impulsiva, resonaba con la firmeza de su recién descubierta valentía. La sorpresa pintada en los rostros de sus colegas le produjo una gran satisfacción, jamás pensó que ella podía lograr brillar por sí misma y provocar admiración en los demás, y eso le dio una sensación de poder que nunca había sentido. Decidió ir al centro comercial para comprar lo necesario para acudir a la cena, una vez allí, con paso decidido, comenzó a recorrer las vitrinas. Se detuvo en una boutique selecta, donde le mostraron varios vestidos, sus dedos se deslizaron sobre las diferentes sedas y el chifón, hasta detenerse sobre un vestido que parecía aguardar por ella. Era Roj

