Vivian se detuvo en la puerta, su respiración irregular y el corazón galopando con un ritmo frenético. El murmullo de las traiciones resonaron al otro lado del umbral, cada palabra como una daga en su confianza herida. Pero en esos segundos de indecisión, algo hizo clic en su mente; el juego podía jugarse de dos maneras y ella podía poner sus propias reglas. Con dedos temblorosos, pero decidida, cerró la puerta con suavidad para que el silencio fuera su cómplice y ni su padre, ni la que creyó su mejor amiga se dieran cuenta. No era tanto, haberlos encontrado teniendo relaciones, sino por su conversación, el hecho de que su propio padre estuviera dispuesto a darle su empresa, a su amante y que esta siendo su amiga, buscara la manera de apoderarse de lo suyo, le dolía profundamente, porq

