Sin embargo, pronto a Vivian se recuperó de la impresión inicial y se irguió en toda su altura para enfrentar a su esposo con una firmeza que por un momento causó sorpresa en Víctor, aunque solo fue por breves segundos porque pronto la ocultó. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó y en su tono de voz no había un ápice ni de sumisión, ni de arrepentimiento— ¿Cómo supiste dónde estaba? —Eso no importa Vivian —dijo Víctor con voz fría, empujándole los papeles del divorcio como si fueran un arma. —Toma. Ahora no puedes negarlo. Me has sido infiel. Ella miró los papeles en su mano y la rabia se abrió paso en su interior ¿Cómo se atrevía a hacer eso?, se preguntó e intentó exponer sus argumentos, pero Víctor no se lo permitió. —Víctor, ¿Es en serio? No puedes hacer esto cuando… —comenzó a dec

