Vivian apretó los puños, su mente giraba con la imagen del vídeo. Víctor, su esposo, el hombre que pregonaba que la amaba y que la protegería, estaba en la cama con otra mujer con descaro impune. —No... yo no soy así —murmuró ante la pregunta de su amiga, pese a ello, una parte de ella consideraba la tentación. La traición dolía como mil cuchillos clavados en su pecho de manera inmisericorde, y la idea de venganza era un bálsamo fugaz para su dolor, sentía que, dándole a Víctor de su propia medicina, podía herir su ego tanto como ella tenía herido su corazón. Adara sonrió con malicia, sabiendo que había plantado la semilla de la duda y el resentimiento en Vivian. —Piénsalo bien, cariño. Jan es un hombre joven, guapo y sobre todo... está coladito por ti, no deberías perder esa oportunid

