Nicolas El calendario marcaba tres semanas desde que un casco enemigo se estrelló contra mi costado izquierdo, las costillas todavía dolían, no como un puñal, pero como un recordatorio constante de que, por ahora, no podía correr, lanzar o siquiera entrenar, solo observar y esperar. El fisioterapeuta venía cada dos días, me hacía hacer ejercicios de respiración, movimientos suaves, y me obligaba a descansar, aunque eso era lo más difícil. Porque no podía hacer nada y sin Melissa aquí, los días eran… más largos, no por hecho de que ella hiciera las cosas, sino porque el hecho de no verla tomando sus clases o intentando cocinar juntos, su ausencia pesaba más que otras veces. Había aprendido a hacer el arroz sin quemarlo, más o menos. Las flores que ella dejó en el florero del comedor s

