—¿Vio algo más que le gustara? —preguntó, pero solo recibió de ella un resoplido. Era caprichosa, y eso la hacía ver tierna ante los ojos de su custodio. El chico tuvo el atrevimiento de tomar su mano provocando un escalofrío que recorrió su piel con el tacto. El tiempo se detuvo para él, pues sintió lo mismo que cuando ella deslizó sus dedos sobre sus tatuajes. El corazón se le aceleró, y las piernas le temblaron. Pero ella no dio indicios de sentir lo mismo, pues dio el apretón de manos, y siguió a Román por los pasillos. Él sabía que las advertencias de Arturo eran serias, y que lo decía con toda la razón. Pero no tenía remedio. Había caído en donde nunca pensó caer, y lo había hecho con la chica equivocada. En su recorrido por los pasillos, Nina se detenía a ver los precios que p

