―¡Oye! ―exclamó la voz de Shaina al otro lado del teléfono mientras Nina se dirigía a la cocina―. Me momifiqué esperando tu llamada. Da gracias al cielo que mi madre me mantuvo ocupada haciendo compras, y apenas me dio un respiro. ―Lo siento, loquita. Mi papá últimamente pasa más tiempo en casa, y sabes que no debo desperdiciar eso ―explicó Nina. ―¿Es en serio? ¡No lo creo! ―soltó incrédula. ―¡Sí! ―Pues, eso es genial. Supergenial, ¿no? ―Más que genial. Además, regresé a la universidad y estuve poniéndome al día. ―Entonces estás perdonada. Oye, te marco en un momento, ¿sí? No sé qué quiere don Elías ―señaló refiriéndose a su padre―. Ja, ja, ja. Me está mirando, te marco pronto ―finalizó colgando de repente. Nina miró por un momento el celular, y posteriormente lo guardó en el bolsi

