**WALDINA** La desesperación comenzó a colarse en mi pecho como un veneno lento. Intenté distraerme con la televisión, pero las imágenes en la pantalla eran solo ruido vacío. Abrí un libro, pero las palabras se deslizaban frente a mis ojos sin sentido alguno. Finalmente, tomé el celular y marqué su número. Una vez. Dos veces. Tres veces. Perdí la cuenta después de la décima llamada. Nadie contestaba. Cada tono que sonaba y moría sin respuesta era como un golpe directo a mi orgullo ya herido. “¿Dónde estás?”, susurré al aire, como si las paredes pudieran responderme. Pero no lo hicieron. Solo me devolvieron el eco de mi propia voz quebrada. La rabia comenzó a burbujear bajo mi piel, caliente y abrasadora. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo tenía el descaro de dejarme aquí, sola, preocupada y humill

