**ELARA** Cuando los vi frente al altar, todo cambió. Julián y mi hermana estaban allí, juntos, tan cerca que parecía imposible separarlos. Sus manos entrelazadas, sus miradas firmes. Y entonces comenzaron los votos. Ese momento que debería haber sido solemne y puro se convirtió en un tormento para mí. Cada palabra que Julián pronunciaba era como un golpe directo a mi pecho. Promesas de amor eterno, de fidelidad, de entrega absoluta. Mentiras. Cada sílaba era una mentira que yo conocía demasiado bien. Intenté no escuchar, pero era inútil. Las palabras se colaban en mi mente como un veneno lento. Una parte de mí quería gritar, quería desenmascararlo frente a todos. Pero la otra parte, la más rota y resignada, simplemente se quedó allí, inmóvil, soportando el peso de la verdad en silencio.

