**ELARA** Amanecí con la pereza pegada al cuerpo como una segunda piel, esa que no se quita ni con un buen café. Las sábanas parecían conspirar conmigo, envolviéndome en un abrazo cálido que no quería soltarme. Pero había algo en el aire, algo denso, como si el día viniera cargado de electricidad. Una tensión silenciosa se colaba por las rendijas de la casa, infiltrándose incluso en los sueños. Intenté girarme, hundir la cara en la almohada y negociar unos minutos más de sueño, pero fue inútil. La casa ya estaba despierta… y en pleno alboroto. Las voces llegaban en oleadas desde el pasillo. Había pasos apresurados, puertas que se abrían y cerraban con un estrépito innecesario, como si cada movimiento fuera parte de una obra de teatro exagerada. El día había comenzado sin consultarme,

