**JULIAN** Me quedé en mi apartamento, solo, con la copa de mi mejor vino suspendida entre los dedos, como si ese pequeño ritual pudiera sostenerme a mí también. El cristal capturaba la luz tenue de la lámpara y la fragmentaba en destellos dorados, casi burlones. Cada sorbo descendía lento, espeso, quemándome la garganta, pero ni siquiera así lograba apagar el incendio que llevaba dentro. Era inútil. El vino no silencia lo que nace en el pecho; apenas lo vuelve más honesto. No fui al ensayo. No quise ir. La sola idea de verla allí, a Elara, compartiendo el mismo espacio con Erick, me revolvía el estómago. No necesitaba imaginarlos tocándose; bastaba con pensar en esas miradas que se dicen más cosas que cualquier caricia. Miradas que yo conozco demasiado bien. Miradas que, aun con los oj

