**ELARA** Nunca pensé que al abrir la puerta de mi casa me encontraría con esa mirada. Mi madre estaba allí, esperándome. Pero no con el ceño fruncido, ni con los labios apretados listos para disparar un reproche. No. Esta vez sus ojos brillaban con una dulzura tan inesperada que me dejó desarmada, sin defensas. —Elara, hija… qué gusto verte —dijo. Su voz fue suave. Cálida. Casi frágil. Me quedé quieta en el umbral, con la mano aún en el picaporte, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper el momento. Por un segundo pensé que había escuchado mal. Mi madre no me hablaba así. Nunca. Siempre había críticas envueltas en cortesía, siempre juicios escondidos entre palabras correctas. Pero ahora… ahora parecía otra persona. —Pasa —añadió, apartándose para dejarme entrar. Obedecí s

