**JULIAN** Ahí estaban Elara y Erick, pero no estaban solos. Había un grupo de trabajadores alrededor, algunos colgando guirnaldas, otros pintando las paredes con rodillos y unos más moviendo muebles de un lado a otro. La habitación parecía una oficina en medio de una renovación, con cajas apiladas por todos lados, herramientas desperdigadas y ese inconfundible olor a pintura fresca que me golpeó de inmediato. Me quedé clavado en el marco de la puerta, incapaz de moverme. La rabia que me había traído hasta aquí empezó a desvanecerse, reemplazada por una incomodidad que se me instaló en el pecho. Sentí cómo mi garganta se secaba, así que la aclaré torpemente, intentando recuperar algo de compostura. Pero sabía que mi entrada abrupta había interrumpido todo. —Julian… —¿Qué haces aquí? —pr

