Seguía teniendo una apariencia aceptable, sobre todo con su delantal de cocina puesto. Sonreí. Continué mirándolo detenidamente, imaginando un gorro de chef sobre su larga cabellera que entonces mantenía en una colita. La situación se fue poniendo mucho mejor cuando me tocó esperar ante la mesa a que no sólo cocinara sino que sirviera los platos de una manera bastante elegante y habilidosa. —Esto me recuerda a la vez en que para mí cumpleaños también preparaste cosas en la cocina —dije, con mi mente aquí y allá también. —¿Lo hice? —preguntó suavemente, elevando las cejas y rodando los ojos para mirarme por un momento breve, luego siguió mirando su actividad. Asentí. —Cocinaste bocadillos, un pastel… otras cosas más —recordé, feliz de tener en mi memoria momentos como aquel—. Fue el de

