—¿Cómo dices que se llama el tipo tatuado que nos invitó a su fiesta? —pregunta David con curiosidad. Me volteo hacia él y me hace mucha gracia verlo con aquel disfraz de Jack Sparrow. —Federico Montero, creo —le respondo con una sonrisa divertida—. Por cierto, te queda bien este disfraz. Mi reciente amigo levanta ambos pulgares hacia mí y me sonríe con emoción, para luego dejarse caer en el sillón de mi departamento y acariciar al pequeño Max, que pasa su lengua por todo el rostro del rubio. —Hola, bebés, llegó el alma de la fiesta. Catalina sale de mi habitación junto a Antony y no puedo evitar reírme ante sus disfraces. Ella al parecer es un enchufe y él un cargador, lo que se puede prestar para cualquier interpretación. David se ríe divertido junto a mí, mientras Catalina se ace

