Me despierto con un terrible dolor en mi cuello, lo que me provoca hacer una mueca con los labios a la vez de que gruño sin que lo pueda evitar. —Cállate, deja dormir en paz. La voz soñolienta de Cata justo a mi, me hace dar un respingo al percatarme de que nos encontrábamos tiradas en el piso del living del departamento mío y de Sergio. A su lado, Antony roncaba como si apenas estuviera empezando la noche y, en los dos pequeños sofás, se encontraban David y Paolo, en una posición tan incómoda, que me hace pensar que sufrirán justo cuando logren despertar. Parpadeo en varias ocasiones, al sentir como mi cabeza amenaza con explotar ante los efectos de la resaca y la droga que me metí en la noche… joder, si es que cuando salimos de esa dichosa fiesta del demonio, todos terminamos metidos

