Luciano me saluda con un abrazo al encontrarnos en la parte inferior del edificio. Me refugio en sus brazos, hundo mi cabeza en su pecho y aspiro su aroma, embriagándome de aquella agradable fragancia que tanto lo caracteriza. A su lado me siento segura, a su lado es como si el tiempo no avanzara. —Hola, guapa, ¡Cómo te he extrañado! —exclama al besar mi cabeza en repetidas ocasiones, haciéndome reír. Muerdo el interior de mi mejilla, tratando de soportar la tentación de saltarle encima y comérmelo a besos. Ambos sabíamos que aún no era el momento, el mes aún no terminaba, por lo que, debíamos de soportar unos días más de semejante tortura. Aunque a decir verdad, yo ya estaba segura de amarlo con locura, si es que prácticamente desde que lo conocí me sentía enamorada de él. —¿Dónde es

