—A ver si entiendo. ¿Estamos haciendo esto porque piensan que Fernando y Cristopher son narcotraficantes? —Catalina le da un fuerte empujón a Sergio, acompañado de una mala mirada. —¿Podrías disimular un poco, idiota? —refunfuña mi amiga entre dientes. Suspiro, sintiendo el estrés apoderarse de cada partícula de mi cuerpo. En un principio, seguir a Fernando se veía algo muy sencillo, pero ahora que estamos esperando fuera de su casa, escondidos tras unos árboles, me parece una completa locura. La noche ya se estaba haciendo presente y, por suerte, la oscuridad nos camuflaba de la idiotez en la que nos encontrábamos. Ignoro la estúpida discusión que tienen mis amigos y me centro en observar fijamente la puerta de la casa frente a mí, porque ya son cerca de las 21:00 hrs y Fernando deberí

