A pesar de que lo ocurrido con Cristopher fue hace varios días atrás, aún me siento abrumada. Ver la forma en que asesinó a aquel hombre a sangre fría, aún me provocaba pesadillas, además, la forma en que me miró cuando lo apresaron, aquella amenaza… esa maldita amenaza aún resonaba en mi cabeza. No quería que saliera jamás de prisión, pues, si lo hacía, estaba segura de que iba a cumplir su promesa, y sin duda alguna aún estaba muy joven para terminar muerta en un asqueroso y frío callejón. Por otro lado, me preocupaba que Fernando siguiera prófugo de la justicia, porque en cualquier momento podría aparecer a cobrar venganza contra nosotros. —Voy a llevar a Max a dar una vuelta al parque —le informo a Sergio, mientras me dirijo a tomar la correa del cachorro, quien al escuchar su nombre

