Capítulo 5

1842 Words
—¿Qué haces durmiendo Alessandro? —Mateo me levanta y es algo tarde por no decir que demasiado. —Me dormí muy tarde. —Apúrate Me ducho y me alisto, estoy tan emocionado que por poco no logro desayunar y salgo rumbo al centro comercial donde sé que posiblemente la voy a encontrar. Parqueo mi auto y subo hacia la tienda donde ella trabaja, cuando llegué no lograba ubicarla hasta que la vi agachada acomodando algunos productos de belleza en un mostrador, me acerqué a ella y la miré unos segundos —¿es real esto? —me pregunto Tomé valor para saludarla. —Buenos días —ella se levantó, al verme vi en sus ojos asombro y me sonrió. —Hola. —Veo que estás mucho mejor. ¿Cómo has estado? —noté un nerviosismo en ella que me desesperó. —Muy bien, gracias por preguntar ¿y tú? ¿Qué has hecho? —Muy bien gracias, me había preguntado qué sería de ti y en serio lo siento tuve que marcharme para atender un asunto importante fuera de las cuidad que me tomó varios días, más de lo que imaginé, hace unos días que regresé por lo que supuse que estarías aquí —más que importante era molesto, sus ojos cafés penetraban en mi corazón. —No te preocupes, de todas maneras hiciste mucho por mí y te lo agradezco, no sabes cuánto — me miraba un poco nerviosa —¿te puedo ayudar en algo? —No, solo pasaba para saber de ti —ahí supe que no podría dejar de verla, necesitaba estar con ella — ¡es un gusto verte! — sus pómulos se tornaron de color rosa. —A mí me da gusto también volver a verte — ¿le daba gusto verme? Tomé la decisión de volver más tarde por ella, era una locura lo que iba hacer y lo iba a intentar así ella me rechazara en el intento, ya sabía el horario que tenía la tienda por lo que no sería difícil. Me fui de ahí rumbo a la oficina desesperado a que llegara la hora de salida de mi chica de ojos misteriosos. —¿Dónde has estado Dinuzzo? —dice Mateo furioso porque lo dejé botado en el apartamento. —La encontré tenías razón estaba en la tienda, más tarde iré por ella, aunque no se lo dije ojalá no se moleste. — Bueno el que no arriesga no gana hermano … yo no pude contener la risa por la manera en que lo dijo —Eres un enfermo Mateo —digo en carcajadas. —Soy tu mejor amigo, ni modo ahora te aguantas. Salgo de la oficina después de varias horas, me he retrasado bastante y solo espero que ella siga en el centro comercial. Me bajo del carro y veo a una pareja discutiendo bastante acalorados, la voz de la chica se me hace conocida y al prestar más atención me doy cuenta que es Gabriella, decidí caminar hacia ellos para saber si todo está bien, tenía temor que le hiciera algo nuevamente. —No, no has entendido de aquí no te vas a ir hasta que yo te diga o a excepción de que sea conmigo —le decía el hombre a ella. —¿es enserio? ¿por qué te aferras en joderme la existencia buscándome?. Me acerco a ella tomándola por la cintura. —¿estás bien? —sus ojos se abrieron como la primera vez que me vio y sentí un calor que bañó mi cuerpo dejando un hormigueo en él. —Si todo está bien solo que me tengo que ir a clases y se me está haciendo muy tarde. —Vamos, yo te llevo —ella afirma con su cabeza y no puedo evitar tomarla de la mano para llevarla al auto y ese hormigueo se hacía más intenso con ella tan cerca. Le abro la puerta para que se suba, cierro y me subo para llevarla a la universidad. —Gracias por salvarme de nuevo —me da ternura como es ella y le guiño, ella sonríe y sé que tiene vergüenza su rostro está colorado. — Se nos está haciendo costumbre. — Si creo que sí —es hermosa a pesar de estar como un tomate rojo, así que decidí molestarla un poquito. —Aunque no me importaría seguir salvándote, creo que puedo acostumbrarme a ello. Solo que tendrá un costo adicional, si estás de acuerdo claro está — agacha su rostro y podía notar que quería salir huyendo de la vergüenza, me dio tanta gracia la escena que comencé a reír tanto que ella también reía. — Te diviertes burlándote de mí señorito —yo seguía riendo —Un poco, acepto mi culpa al respecto. Llegamos a su universidad y aunque quisiera estar más tiempo con ella debe irse. — Muchas gracias por traerme, no sabes de la que me salvaste —me acerqué y le di un besito en su mejilla. — No tienes porqué, aunque ¿aceptas una invitación a cenar mañana? —MMM, claro yo encantada. —Te recojo después del trabajo —ella me dedicó una cálida sonrisa y se bajó del auto. Me quedé ahí esperando hasta que entra al edificio, una vez dentro me fui para el apartamento a descansar. Por primera vez sentí que la había encontrado —¡es ella! —Me dije. Estaba seguro de ello y no iba a permitirme perderla. —¿Qué vas a hacer hoy Ale? —estaba alistándome para ir a buscar a mi chica. —Iré por Gabriella al trabajo y la llevaré a cenar …Mateo se sienta en mi cama. —¿es ella verdad? — yo volteo a verlo sorprendido —¿Por qué preguntas eso? —Puedo verlo en tus ojos, además que nunca te había visto así. Solo te pido que tengas cuidado, recuerda que Lía anda como loca. —No sé mi hermano creo que la encontré mi hermano, no sé, ella me tiene loco no puedo explicarlo. ¡es ella! Mi hermano. Lo único que me preocupa es que esa mujer haga una locura. Salgo para ir a recogerla y duro algunos minutos dentro del auto asegurándome de verme bien para sorprenderla — ¿Qué tiene ella para ponerme así? Decido que ya es hora de bajarme e ir por ella. Ingreso al local y logro verla recogiendo sus cosas. —Buenas noches —digo saludando a todos los empleados, me acerco a ella para tomarla de la mano —¿vamos? —ella se despide de una de sus compañeras. Hice una reservación en un restaurante muy lindo, entramos y nos acomodamos en nuestra mesa, le ayudo corriendo la silla para que se siente. Estoy algo nervioso, ella es perfecta a mi vista. —¿Qué deseas comer? —le digo observando el menú. —MMM no sé, normalmente no vengo a estos sitios —me sorprende que me diga eso. —¿y eso por qué? —pregunto con malicia —No sé, en realidad no tengo una explicación. —Bueno, te voy a sorprender —ella me volteo a ver sonrojada, agachó su rostro mordiendo sus labios volviéndome loco ¿Cómo podría mantener la cordura con ella? —Bueno, confiaré en ti. —tus deseos son órdenes para mí — su mirada se posó en mí y solo levanté mi mano para acariciar su cabello, acaricié sus labios con mi pulgar. Mordí mi labio, tenía ganas de besarla desesperadamente. Alcé mi mano para pedir de cenar, el mesero tomó la orden y minutos después llegó con nuestros platos, yo la observaba mientras comía y pensaba en si seguía con su pareja aunque era obvio que no si estaba aquí conmigo. —¿Qué pasó con tu pareja? … me daba tanta pena haberle preguntado eso, pero tenía que saber si quería arriesgarme con ella. —Ni te imaginas, decidí terminar la relación y cuando llegué al apartamento por mis cosas ya las tenía empacadas y listas para que yo me fuera … no podía creer lo que ella me decía. —No puede ser ¿de verdad? —Sí y no solo eso, me reprochó si tenía otro hombre, en fin … hizo una pausa — ¿te puedo preguntar de dónde eres? —¿te causo curiosidad? — Si un poco —y ahí estaba de nuevo su sonrojo que me encantaba. —¿un poco? — entrecerré mis ojos dudando de su respuesta —Bueno somos italianos, pero tenemos varios años viviendo aquí. ¿tú eres de aquí? —me quedé pensado en mi pregunta, hay Alessandro que pregunta más estúpida es obvio que es de aquí. —Si creo que sí, mis padres nunca me han dicho lo contrario —alcé mi ceja “que tonto soy” y ella solo me reía. Saqué mi celular, lo desbloqueé y se lo acerqué a ella e hizo lo mismo con el suyo, lo tomé y agregué mi número en sus contactos. —Ahora podré molestarte día y noche. —dije. —Dudo que lo hagas, no me molestarías, al contrario. Salimos de cenar para llevarla a casa ya es un poco tarde seguramente sus padres deben estar preocupado, vamos camino y de la nada tomé su mano entrelazándola con la mía, sentía rico llevarla así y podía ver de reojo como observaba nuestras manos. Me bajé del auto para abrirle la puerta y al bajar me acerqué a ella, podía ver en sus ojos nervios por estar tan cerca, yo solo le sonreí. —Me gusta esto — dije tomándola de la cintura para atraerla más a mí — No tienes idea de cuanto me gusta esto —Quizá fue muy atrevido de mi parte, pero no podía con las ganas de probar su boca. Me acerqué a ella y el roce de mis labios con los suyos me hizo no querer detenerme, acaricié su rostro y tomé sus labios en los míos como si no hubiera un mañana, solo quería besarla, sentir su calor cerca de mí. Tenía que detenerme y no podía tampoco quería hacerlo, me separé de ella contra mi voluntad dándole pequeños besos con una gran sonrisa. —Descansa princesa —Descansa tú también —llevó su mano acariciando mi mejilla, su tacto me hizo que una electricidad recorriera todo mi cuerpo ¿esto puede ser posible? Entró a su casa y me marché hacia la mía, reía como bobo al recordar sus labios suaves y dulces. —¿Cómo te fue galán? —me pregunta Mateo quien está sentado en el sofá con una risa malvada. —Muy bien hermano, ella es perfecta —dije limitando mi respuesta, ya parecía bobo riendo solo ahora si le contaba me iba a creer loco. —Ándale, me gusta verte feliz amigo. Tomé una ducha, la necesitaba porque me había dejado vuelto nada y así poder irme a dormir tranquilo aunque fuera un poco, ella sigue en mi cabeza dando vueltas.
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