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1093 Words
Emily estaba en su casa reflexionando sobre lo que Helen le había aconsejado. Definitivamente, ella quería salvar su matrimonio y no dejaría que se fuera por la borda, por lo que pondría un plan en marcha para darle una agradable sorpresa a su esposo y revivir la pasión. Tomó el teléfono para llamar a su amiga Sarah para que le ayudara para que todo saliera bien. —Hola, Sarah ¿Cómo estás, amiga? Oye quiero pedirte un enorme favor. Tengo un plan y necesito tu ayuda—. Explicó Emily. Sarah se sintió extrañada ante la petición de Emily, por lo que la curiosidad la invadió. —Claro que sí, amiga. Ya sabes que estoy para ayudarte, pero cuéntame ¿Qué tienes en mente?— Preguntó Sarah. —¿Por qué no vienes a casa y platicamos?— —Sí, claro. Pero adelantarme algo, ya me dio curiosidad—. Espetó Sarah intrigada. —No seas curiosa, por teléfono no quiero platicar de esto, así que aquí te espero—. Dijo Emily mientras colgaba el teléfono. Por primera vez en mucho tiempo se sentía inspirada y sentía una gran emoción al saber que quizás la situación de su matrimonio podría cambiar para bien. Al cabo de una hora, finalmente Sarah llegó a casa de Emily. —Sarah, necesito tu ayuda. En verdad estoy decidida a qué mi matrimonio mejore, por lo que quiero hacer algo diferente—. Sarah la miró extrañada. —Bueno, ya dime de qué se trata, me estoy muriendo de curiosidad—. Espetó Sarah. —Esta noche quiero darle una sorpresa a Alexander. Quiero que pasemos una velada increíble, y necesito que me ayudes a organizarlo—. Explicó Emily. —Bueno, amiga. Primero que nada debes vestirte diferente. Tienes un cuerpo muy bonito, así que tienes que resaltar esos atributos, no te preocupes, yo te voy a ayudar con eso, y ese hombre se quedará con la boca abierta cuando te vea—. Ambas amigas pasaron un buen rato planeando cada detalle de la noche especial, desde el maquillaje y peinado hasta la elección del vestuario. Emily se sintió reconfortada al contar con el apoyo y la amistad de Sarah en este momento tan importante de su vida. Mientras tanto, Alexander se encontraba en la oficina, y por curiosidad, le hechó un vistazo a la carpeta que Damien le llevó sobre el proyecto de negocio que Fred quería presentarle. Sin duda alguna era un proyecto muy interesante y parecía que podría traerle muy buenas ganancias monetarias, pero debido a la historia personal que tenía con él, le impedía aceptar el trato. Era algo que, sin duda, tendría que pensar muy bien cuál sería su próximo paso. De repente se vio interrumpido nuevamente por la visita inesperada de su madre. —¿Qué haces otra vez aquí, madre? Preguntó el CEO en tono hostil. —Quiero hablar contigo, Alexander— Dijo Helen. —Ahora no, madre. Estoy ocupado—. Helen frunció el ceño en señal de desagrado ante la respuesta de su hijo. —A ver, muchachito. Estás demasiado insolente, a mí no me hablas así. No puedes andar atropellando a todo el que se te pone enfrente. Sobre todo cuando se trata de tu padre, así que quiero que te comuniques con él de inmediato, eso de llamarle viejo insignificante rebasó todo límite. Por la diferencia de edades, tienes que respetarlo—. Espetó Helen de manera tajante. Alexander se puso las manos en la cabeza y le dirigió una mirada desafiante. —¿Sabes, madre? No va a pasar mucho tiempo para que yo terminé de superarlo. ¿Y quieres saber qué diablos pasa con mi padre? Que siempre me quiere sabotear porque me tiene miedo, porque sabe que yo le puedo demostrar que puedo hacer más cosas en mucho menos tiempo que él—. Argumentó Alexander. —Ya te dije que tienes que respetar a tu padre. Así que llámalo cuanto antes—. —Está bien, madre. Lo llamaré más tarde, ahora si me disculpas, tengo bastante trabajo—. —Regresa a tu casa, Alexander. Y será mejor que arregles las cosas con tu esposa, ya te dije que no nos conviene que estés mal con ella—. —Ya te dije que voy a hacer lo que me pides. Pero por ahora, necesito arreglar unos pendientes—. Helen asintió y se retiró de la oficina, dejando al CEO bastante incómodo. La visita de su madre, solo añadió más tensión a su día. No soportaba recibir órdenes de nadie, y mucho menos de su madre. Pero por ahora tendría que ceder si no quería perder su puesto de CEO. Emily y Sarah continuaron planeando meticulosamente cada detalle de la noche especial. Sarah ayudó a Emily a elegir el atuendo perfecto que resaltara sus mejores atributos y la hiciera sentir segura y sensual. Después de horas de retoques y preparativos, Emily se miró en el espejo, sorprendida por la transformación que había logrado con la ayuda de su amiga. —Guau, te juro que no me reconozco, Sarah. Parezco otra persona—. Exclamó Emily. —Emily, eres una mujer hermosa, por dentro y por fuera. Debes creértelo, confía en ti y de lo que eres capaz. No dejes que nadie te haga creer lo contrario—. Dijo Sarah. —Muchas gracias, Sarah. Gracias por tu apoyo, significa mucho para mí. Te quiero, amiga—. Exclamó Sarah con lágrimas de emoción en su bello rostro. —Yo también te quiero mucho, sabes que siempre estaré aquí para ti—. Dijo mientras le daba un cálido abrazo. La noche llegó y finalmente Alexander llegó a su casa, después de un día lleno de tensión. Al abrir la puerta principal, notó de inmediato una atmósfera diferente en el ambiente. Un suave aroma a velas perfumadas llenaba el aire, y la iluminación cálida de la sala, lo recibió con una calidez reconfortante. —Emily, ¿Estás en casa?— Llamó mientras cerraba la puerta tras de sí. En ese momento, la silueta de Emily apareció mientras bajaba lentamente por la escalera y lo que el CEO vió, sin duda, lo dejó sin aliento. Su esposa, siempre reservada y recatada, estaba vestida con un sensual atuendo que realzaba sus atributos, un escote que dejaba ver su piel blanca y tersa, relajando sus firmes pechos. —Bienvenido a casa, cariño.— Exclamó Emily con una sonrisa brillante, acercándose a él con una seguridad que no había visto en mucho tiempo.
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