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1098 Words
En la oficina del CEO del corporativo Brooks se respiraba un fuerte ambiente de tensión. El solo hecho de que Alexander haya escuchado el nombre de Fred Andrews le causó un fuerte de desagrado, a lo que inmediatamente y sin pensarlo se negó a tener ningún tipo de contacto con ese hombre. —A ver, Damien, lo último que quiero saber en este momento es de ese tipejo—. Espetó Alexander. —Mira, Alexander. Aquí tengo toda la información en esta carpeta, deberías echarle un vistazo—. Insistió Damien. Alexander tomó la carpeta y la aventó directamente al suelo bastante molesto—. —¿Qué no entiendes, imbécil? Te estoy diciendo que no me interesa nada que tenga que ver con él. Además, no me has dicho qué pasó con Nataly. Espero que hayas cumplido con lo que te pedí—. Damien agachó la mirada mientras su nerviosismo se hacía evidente. —Lo siento, Alexander, pero Nataly se negó a firmar el acuerdo y también rechazó someterse a la prueba de paternidad. Te juro que intenté persuadirla de todas las formas posibles, pero no accedió— Explicó Damien, con tono apesadumbrado. La ira hirvió dentro de Alexander. Se levantó de su silla con brusquedad, y dio un fuerte puñetazo a su escritorio. —No puedo creerlo, Damien. Te di esa responsabilidad y no pudiste resolver ese asunto. Eres un incompetente, un inútil que no puede ni siquiera cumplir con una simple tarea. Pero claro, que se puede esperar de un tibio y un pusilánime como tú. Déjame adivinar, seguramente no pudiste resistirte a los encantos de Nataly. Pobre hombrecito insignificante, siempre dominado por las mujeres. Pero yo tengo la culpa, por confiar en un tipo débil y sin carácter—. Gritó Alexander, con voz llena de rabia y desprecio. Damien agachó la mirada, sintiendo las palabras del CEO como dagas que se clavaban en su pecho. —Lárgate de aquí inmediatamente, imbécil—. Gritaba Alexander cuando la puerta de la oficina se abrió abruptamente, revelando la figura enfurecida de un hombre. Se trataba de Benjamin Wilson, un líder empresarial y rival de negocios de Alexander. Su rostro estaba enrojecido por la ira y sus ojos fulguraban de furia contenida. —Alexander Brooks, eres un maldito traidor y un ventajoso. ¿Cómo es posible que seas tan miserable? Yo ya tenía un trato con el líder de la cadena hotelera del país—. Gritó el empresario avanzando con paso firme hacia el escritorio de Alexander intentando írsele encima, pero Damien logró detenerlo. Alexander frunció el ceño, sorprendido por la repentina irrupción y acusaciones de su rival. Se puso de pie, preparado para enfrentar la confrontación que se avecinaba. —Será mejor que se tranquilice, señor Wilson. No queremos un escándalo. Sabe perfectamente que no nos conviene. Además, le recuerdo que está en mi oficina. Si se atreve a ponerme una mano encima lo acusaré de allanamiento de morada y lesiones, incluso podría acusarlo de intento de homicidio. ¿Quiere que lleguemos a eso, señor Wilson? Porque podemos llegar si así lo quiere—. El señor Wilson respiraba agitado y lleno de rabia. Pero sabía que el CEO tenía razón, mientras estuviera en esa oficina, tendría que guardar la compostura. Alexander respondió con una sonrisa cínica, sin mostrar ni un ápice de arrepentimiento. —Usted, como el hombre de negocios de antaño que es, ya debería saber que así es como funcionan los negocios, señor Wilson. Usted no tenía aún un contrato firmado con el líder hotelero, solo era un trato de palabra, lo que yo hice solo fue adelantarme. En este mundo, los que no se mueven rápido, pierden. Simplemente, aproveché la oportunidad cuando se presentó, como cualquier empresario astuto haría—. Su tono seguro y despectivo dejaba en claro que Alexander no sentía remordimiento por sus acciones y estaba dispuesto a defender sus intereses a toda costa, incluso si eso significaba pisotear a quien se interpusiera en su camino. —Esto no ha terminado, Brooks. Esto no se va a quedar así, te aseguro que te arrepentirás de haberte cruzado en mi camino— Amenazó el hombre antes de salir abruptamente de la oficina. Después de que Benjamin Wilson salió, Alexander se relaja un poco y se gira hacia Damien con una sonrisa cínica en el rostro. —¿Ves eso, Damien? Eso fue solo un montón de alaridos vacíos de un viejo arrugado—. Se burló Alexander, con un aire de superioridad. Damien frunció el ceño, visiblemente preocupado por la reacción de Alexander. —Alexander, no deberías tomar esto a la ligera. Wilson es un hombre influyente en el mundo de los negocios. Podría intentar buscar venganza de alguna manera—. Advirtió Damien, al mismo tiempo que el CEO sacudió su cabeza, estando importancia a las amenazas de aquel hombre. —No te preocupes, Damien. Wilson es solo un anciano acabado con delirios de grandeza. No puede hacer nada contra mí. Y si lo intenta, estará cavando su propia tumba—. Respondió Alexander, con una confianza arrogante. Por otra parte, Nataly había estado planeando meticulosamente su venganza contra Alexander, y sabía que tenía que tener un aliado fuerte que compartiera su odio hacia el CEO. Recordó que tenían a una persona en común. Se trataba de Anthony Phoenix, un viejo amigo que compartía su resentimiento y amargura hacia Alexander Brooks por razones diferentes pero igualmente poderosas. Por lo que decidió llamarlo para pedirle que se reunieran. Nataly se sentó en la sala de su departamento con el teléfono en la mano y marcó el número y esperó ansiosamente mientras sonaba. —Hola, Anthony. Soy Nataly Ryan. Estoy segura de que debes acordarte muy bien de mí. ¿Crees que podríamos reunirnos?— Preguntó, con tono seductor en su voz. Hubo un momento de silencio antes de que Anthony respondiera. —Claro que me acuerdo de ti Nataly ¿Cómo podría olvidarte? Sobre todo la última vez que nos vimos.— Dijo Anthony con voz insinuante. —¿Te gustaría recordarlo? ¿Por qué no vienes a mi departamento esta noche? Sería interesante revivir viejos tiempos. Además, hay algo que quiero proponerte, que estoy seguro de que te va a interesar— Argumento Nataly queriendo despertar aún más la curiosidad de Anthony. —¿Ah, sí? ¿Y de qué se trata lo que quieres proponerme?— Preguntó con curiosidad. —Mejor te lo digo cuando vengas a verme, así que aquí te espero en mi departamento, Anthony. Te aseguro que no te arrepentirás—.
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