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1148 Words
Capítulo 13 El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, lo cual llenó de nostalgia a Emily, se sentía viva después de mucho tiempo al estar en ese lugar lleno de esos pequeños seres, pero era momento de regresar a la realidad. —Se está haciendo tarde, Fred. Creo que deberíamos regresar. Te agradezco que me hayas traído a este lugar tan maravilloso y estar rodeado de estos pequeñines—. Comentó Emily con cierta tristeza en su mirada. —Nooo, no se vayan, quédense más tiempo a jugar con nosotros—. Pidieron los niños al mismo tiempo. Emily fue invadida por sentimientos encontrados y tampoco quería marcharse, pero tenía que regresar a casa para no tener problemas con Alexander. —Lo siento, mis niños, yo tampoco quisiera irme, pero tengo que regresar a mi casa, pero les prometo que muy pronto volveré a visitarlos— —Oye Emily, por favor, cuéntanos un cuento antes de que te vayas— pidió entusiasmado uno de los niños. Emily sonrió ante la petición y asintió. —Por supuesto, ¿Qué cuento les gustaría escuchar? —preguntó con cariño, observando las caritas emocionadas de los niños. —Cuéntanos el de Blancanieves, por favor—. Sugirió uno de los pequeñitos, a lo que los demás asintieron. Los niños se sentaron alrededor de ella en forma de círculo. Mientras Emily empezó a narrar el cuento dándole un toque de emoción y alegría, de manera que todos los niños la observaban atentos. Fred y Sarah se quedaron a su lado, disfrutando del momento junto a los niños. Después de un rato, Emily terminó de narrar el cuento entre risas y aplausos de los niños, quienes se despidieron de ella con abrazos y sonrisas. —Gracias, Emily, te queremos mucho—. Dijo uno de los niños con gratitud. —Adiós mis niños, volveré pronto, se portan bien y ya saben, a estudiar mucho y ayudar a la señora Emma—. Les dijo Fred mientras se despedía y observaba a Emily y Sarah, quienes se encontraban en medio de abrazos y besos que recibían de esos pequeñitos. —Muchas gracias por haber venido, señorita Emily. De verdad los niños estaban felices y emocionados con usted, como hacía mucho que no los había visto. Ojalá regrese pronto—. Dijo la señora Emma. Emily asintió conmovida. Finalmente, los tres jóvenes se subieron al auto y emprendieron su camino de regreso. El viaje se prolongó en silencio. Emily estaba perdida en sus pensamientos y Fred concentrado en el camino. Sin embargo, ambos sabían que las cosas habían cambiado entre ellos y que tendrían que abordar la situación tarde o temprano. Mientras tanto, Alexander se encontraba en su oficina inmerso en un torbellino de incertidumbre. La noticia del embarazo de Nataly lo había sacudido sobremanera. De pronto recordó que habría importante reunión en un prestigioso corporativo con el que había hecho negocios hace algún tiempo, así que decidió ir para distraerse. Al llegar, inmediatamente, los ejecutivos y líderes de diversas empresas se acercaron a saludarlo y de pronto se vio inmerso en una plática llena estrategias y planes para el futuro. Después de la intensa plática, Alexander decidió ir a por un trago la barra. Mientras observaba el lugar, de pronto, se encontró con la mirada de una hermosa CEO de otro corporativo, cuya reputación rivalizaba con la de su propia empresa. La mujer, llamada Isabella Vancouver, quien se encontraba conversando con otros directivos empresariales, irradiaba una gran confianza y elegancia, desde lejos, ella lo observaba mientras levantaba su copa en señal de saludo, a lo que Alexander correspondió de la misma manera. Después de un breve momento, la CEO se quedó sola y Alexander no dejó pasar la oportunidad de acercarse. —Hola, ¿Me permite acompañarla? —preguntó con una sonrisa encantadora. Isabella lo miró con interés y asintió. —Claro, sería un placer —respondió Isabella con una voz suave y melodiosa. Ambos comenzaron a conversar animadamente, intercambiando anécdotas sobre sus respectivas empresas y compartiendo sus visiones para el futuro del mundo empresarial. Alexander estaba sumamente atraído por la inteligencia y la ambición de Isabella, así como por su gran belleza y carisma. —Debo admitir que estoy muy impresionado, señorita Vancouver. Su empresa ha logrado un crecimiento impresionante en los últimos años—. —Gracias, Brooks. Sin embargo, creo que aún tenemos mucho por hacer. Quizás en un futuro podríamos explorar nuevas oportunidades de colaboración entre nuestros corporativos—. Respondió Isabella con una mirada cautivadora. —Podría funcionar, no es mala idea, creo que podríamos interrelacionar muy bien—. Contestó él, mientras ambos se observaban intensamente. No podían ocultar la atracción que ambos sentían entre sí. La conversación se volvió cada vez más íntima, y pronto ambos se encontraron compartiendo confidencias y sueños personales. A medida que la noche avanzaba, la tensión entre ellos se volvía cada vez más palpable. —Creo que deberíamos seguir conversando en otro lugar. Tal vez un lugar más privado ¿No crees? Tengo mucha curiosidad en comprobar si es verdad lo que se dice de ti— sugirió Isabella con una sonrisa sugerente. ¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que se dice de mí si se puede saber?— Contestó él con una mirada insinuante. Isabella sonrió de manera sugestiva mientras tomaba un sorbo de su bebida. —Se rumorea que eres un hombre de negocios muy astuto y decidido, que no teme arriesgarse para conseguir lo que quiere—. Dijo con tono suave pero persuasivo. Alexander arqueó una ceja, intrigado por el juego de insinuaciones. —¿Y qué más se dice sobre mí?— preguntó al mismo tiempo que se inclinaba ligeramente hacia adelante para captar mejor cada palabra de Isabella. Ella dejó su copa en la mesa con un gesto elegante y se inclinó hacia él, quedando muy cerca de su rostro, mirándolo fijamente. —También se dice que tienes un encanto irresistible que deja a las mujeres sin aliento—. Respondió con una sonrisa traviesa en los labios. Una chispa de emoción brilló en los ojos de Alexander. —Bueno, supongo que solo hay una manera de comprobar si esos rumores son ciertos. ¿No crees?—Comentó con una sonrisa juguetona. La atracción entre ellos era imposible de ocultar mientras continuaban intercambiando miradas y palabras sugerentes. Ambos sabían que estaban jugando con fuego, pero ninguno parecía dispuesto a dar un paso atrás. Finalmente, Alexander se puso de pie y extendió la mano hacia Isabella. —Entonces, ¿Qué dices? ¿Nos aventuramos juntos a descubrir si esos rumores son ciertos?— propuso el. —Creo que será una experiencia muy interesante—. Respondió ella permitiendo que él la guiara fuera del lugar. Juntos, se adentraron en la noche, conscientes de que estaban a punto de embarcarse en un juego peligroso pero emocionante.
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