Emily se siente sumamente emocionada de escuchar las risas y ver las caritas felices de esos niños mientras Fred les daba sus regalos. Se cuestionaba cómo es que hay personas que pueden tener el corazón tan duro o la insensibilidad de poder abandonar a su suerte a sus propios hijos. A ella le encantaban los niños deseaba con toda su alma ser madre algún día, algo que cada vez miraba más lejano, ya que Alexander no quería ser padre por el momento, decía que era una gran responsabilidad y que le quitaría demasiado tiempo y lo distraería de sus objetivos, pero que tal vez algún día. Finalmente decidió dejar los problemas a un lado y se entregaría totalmente a pasarla bien y a hacer felices a esos niños
Emily toma la iniciativa y propone ayudar a los niños con algunas actividades. Fred sugiere que pinten dibujos para decorar las paredes del centro. Juntos, se sientan con los niños y comienzan a dibujar.
—¿Quién quiere ayudarnos a hacer algunos dibujos para decorar el centro?— Gritó Emily animando a los niños.
—Yo, Yo quiero—. gritaban todos al mismo tiempo emocionados.
—Genial! Vamos a necesitar muchos colores y papel para que todos puedan participar—.
—Tengo algunos lápices de colores aquí, vamos a empezar— Exclamó Sarah bastante emocionada.
Los niños comienzan a dibujar con entusiasmo, mientras Fred, Emily y Sarah los animan y les dan consejos sobre qué dibujar. Pronto, el ambiente se llena de risas y creatividad.
De pronto Emily siente que una pequeña manita se posa sobre la suya.
—Emily, ¿Puedo sentarme a tu lado y dibujar contigo? Preguntó una de las pequeñitas.
—Claro que sí, mi amor. Vamos a hacer un dibujo juntas—. Contestó ella mientras miraba a la niña con ternura.
—Fred, mira lo que dibujé. Es un superhéroe que salva a todos los niños del mundo— Le dijo otro de los niños a Fred.
—Guau, es increíble. Deberíamos ponerlo en un lugar especial para que todos puedan verlo—.
Después de pasar un tiempo divertido dibujando, Emily propone ir a los juegos del jardín.
—¿Qué les parece si vamos a aquellos juegos, mis niños?— Les propuso la joven
—Siii— Gritaron todos emocionados.
Emily y Fred se sentaron en uno de los juegos cercanos mientras observan a Sarah jugando con ellos Desde allí, observaban cómo los niños corren y ríen, disfrutando de la libertad y la diversión que les brindan los juegos al aire libre.
—Emily, tienes un don especial para conectar con los niños. Se nota lo mucho que te aman y confían en ti—. Dijo Fred sin poder quitarle la mirada
Emily no pudo evitar sonreír halagada por las palabras de Fred.
—Gracias, Fred. Me encantan los niños y estar con ellos. Son tan genuinos y llenos de alegría. Tiene el corazón limpio y puro. Me hacen recordar lo feliz y traviesa que era yo cuando era niña—. Contestó soltando una leve carcajada.
—¿Sabes? A veces nos perdemos tanto en nuestras preocupaciones y nos olvidamos de vivir y apreciar lo que realmente importa. Estar aquí con estos niños me hace apreciar aún más la bondad y la inocencia. Aún hay cosas hermosas en este mundo. Por eso me gusta venir aquí y pasar tiempo con estos angelitos— Exclamó Fred.
—Tienes razón, Fred. Nomás hay que ver a estás hermosas criaturas para darse cuenta que la vida es hermosa ¿Y sabes qué? Voy a volver a ser niña aunque sea por un instante. Así que ven conmigo—. Dijo mientras le tomaba la mano.
Emily se dirigió hacía unos columpios que estaban ahí y se sienta en uno de ellos.
—Ven, siéntate en éste, Fred—. Lo invitó ella.
—¿Cómo? No, claro que no. ¿Cómo crees que voy a hacer eso?— Dijo el joven apenado.
—¿Cómo de que no? Ven, siéntate. Vamos a columpiarnos juntos. No me digas que te da vergüenza. Anda, sientate—.
Fred, no estando muy convencido, accedió y empezaron a columpiarse.
Los dos reían y disfrutaban del momento, sintiéndose libres y felices mientras se balanceaban en el columpio bajo el cálido sol de la tarde.
—¿Ves? No fue tan difícil ¿Verdad? ¿A poco no es divertido?— Dijo Emily visiblemente emocionada.
—Siii, no hacía esto hace mucho tiempo. Guau, que maravilla. Me siento como un niño otra vez—.
Los niños se acercan a los columpios y los rodean observándolos con curiosidad y emoción mientras aplaudían.
Después de pasar un tiempo divertido y emocionante jugando con los niños, Emily propuso a todos ir a dar un paseo por los jardines de la casa hogar, donde podrán disfrutar de un momento tranquilo y conversar.
Mientras paseaban rodeados de la naturaleza, Emily y Fred se encuentran bajo un hermoso muérdago rojo colgado de una rama que se encontraba sobre ellos.
Al percatarse de eso, Sarah les pide a los niños que se acerquen a ella y les pide algo en voz baja.
—Miren, están bajo el muérdago. Eso significa que tiene que besarse—. Gritaban los niños al unísono.
Emily miró a Fred completamente sonrojada, sin saber que hacer o qué decir.
Sarah miró a Fred desde lejos mientras le guiñaba el ojo en señal de complicidad.
Fred le dedicó una leve sonrisa en señal de agradecimiento.
—Bueno, parece que los niños quieren que cumplamos con la tradición del muérdago—.
Se acercó a ella levemente, mientras ella estaba paralizada sin saber qué hacer o qué decir. Fred sabía que si la besaba en los labios ella se sentiría muy incómoda así que le dio un suave beso en la mejilla.
Emily lo observó con el rostro desencajado.
—Lo siento, no quería incomodarte—, se disculpa Fred, notando la reacción de Emily.
—Bueno, supongo que deberíamos continuar con nuestro paseo—. sugiere ella, buscando evitar hablar de lo que acababa de pasar.
Fred asiente, acompañándola mientras continúan caminando entre las flores y los árboles.
Se sentía la tensión entre los dos, ya que Emily, a pesar de que su matrimonio no iba nada bien, nunca pensaría en faltarle a su esposo.
—Te ofrezco una disculpa, Emily. No era mi intención incomodarte—, se disculpa Fred, rompiendo el silencio incómodo que se ha instalado entre ellos.
—No te preocupes, Fred. Fue solo una situación inesperada—. responde Emily, tratando también de suavizar la situación.
Sin embargo, a pesar de sus intentos de mantener la calma, ambos son conscientes de que algo ha cambiado entre ellos. La conexión especial que habían compartido durante el día se ve empañada por la incomodidad y la confusión.
—Creo que deberíamos regresar con los niños. No quiero que piensen que algo anda mal—, sugiere Emily, buscando una salida rápida a la situación.
—Si, tienes razón. Vamos con ellos—. Concordó Fred.