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1220 Words
Capítulo 3 Emily estaba acostada en la cama, incapaz de conciliar el sueño, no podía dejar de pensar en el desagradable encuentro con Alexander. Las lágrimas no dejaban de brotar de su bello rostro, estaba llena de incertidumbre sobre qué pasaría con su matrimonio. Finalmente, después de un rato, se levantó de la cama y se dirigió al baño para lavarse la cara y tratar de calmar sus nervios. Se miraba en el espejo detenidamente, aún era una chica joven y hermosa, pero su semblante se miraba cansado por tanta tensión. Decidió volver a la cama y tratar de dormir, pensando que mañana, ya con la cabeza fría, podría pensar en una mejor solución. Ella, a pesar de todo, deseaba salvar su matrimonio, ya que lo consideraba una unión sagrada y para toda la vida. Mientras tanto, Alexander estaba recostado en el sofá de su despacho, de pronto sintió la necesidad de salir de ahí, pero estaba muy tomado y no quería conducir así, por lo que llamó a su asistente. —Damien, quiero que vengas en este momento a mi casa—. —¿Pasa algo, Alexander? Es que es tarde y estoy haciendo el trabajo que me encargaste.— Contestó Damien, algo molesto, ya que eran altas horas de la madrugada. —No me importa lo que estés haciendo ni la hora, quiero que vengas inmediatamente, para eso te pago, idiota. Así que obedece, ven inmediatamente— Le gritó Alexander. Este último decidió no pasar la noche en su casa, por el hecho de que el ambiente estaba muy tenso y no quería estar ahí. Se sirvió una copa de whisky y siguió bebiendo. Damien iba en camino, siempre tratando de acatar las órdenes de Alexander al pie de la letra, a pesar de los malos tratos y humillaciones que recibía de él, y al cabo de un rato, finalmente llegó a casa de Alexander. —¿Por qué tardaste tanto, idiota?— —Lo siento, Alexander. Es que ya sabes que vivo algo lejos de aquí— Contestó Damien algo nervioso—. —Ya cállate y larguémonos inmediatamente, no quiero estar aquí—. Le dijo el CEO bastante molesto. —Estás muy tomado, Alexander, ¿No crees que sería mejor que te fueras a dormir?— Le propuso Damien. —Tú no me dices lo que tengo que hacer, para eso te pago, para que estés a mi servicio las 24 horas, idiota—. —Está bien, Alexander, tranquilo, solo era una sugerencia—. —Nadie te pidió sugerencias, así que cállate y conduce, llévame al departamento de Nataly, inmediatamente.— Ordenó Alexander. —¿A esta hora? ¿No crees que Emily podría sospechar? Es muy arriesgado, Alexander—. Sugirió Damien. —Ahorita no me importa Emily, no quiero hablar de ella, solo haz lo que te digo—. Sentenció firmemente mientras tomaba su celular para llamar a Nataly. —Hola, cariño.¿A qué debo tu llamada tan tarde, guapo? ¿No me digas que la frígida de tu mujer no te quiso complacer?— Dijo Nataly en forma burlesca. —No empieces con eso, Nataly. En este momento voy para el departamento, así que ponte muy bella para mí, mi amor, cómo a mí me gusta—. —Claro que sí, guapo. Aquí te espero con ansias, no tardes—. Dijo ella mientras cortaba la llamada. Con una sonrisa de satisfacción, Alexander se preparaba para el encuentro con Nataly, a quien él consideraba un escape a la tensión de su matrimonio. El auto de Damien se detuvo frente al lujoso departamento que Alexander le había regalado a Nataly para verse. —¿Necesitas algo más, Alexander? La verdad quisiera ir a dormir, fue un día pesado en la oficina y mañana hay muchos pendientes—. —Está bien, ya vete, pero mañana quiero que vengas temprano por mí para ir a la oficina, y acuérdate que quiero el reporte listo, no me importa lo que tengas que hacer. ¿Entendiste?— sentenció Alexander. —Está bien, lo que tú digas—. Damien contestó a regañadientes. Este último iba en camino a su casa lleno de ira, golpeó el volante con furia, cada vez se cansaba más de los maltratos y humillaciones de Alexander. No entendía como podía tratarlo así, ya que se conocían desde la universidad y se habían vuelto grandes amigos, pero esto cambió a medida que Alexander crecía e iba teniendo más dinero y poder. Mientras avanzaba, una sensación de rabia se apoderaba de él, no solo por los maltratos y humillaciones de Alexander, sino también porque se sentía un cobarde, incapaz de poner límites. Muy en el fondo, Damien hacía todo para que Alexander se sintiera orgulloso de él y lo viera como alguien valioso e importante, ya que siempre lo ha admirado por su temple fuerte y decidido, pero conforme pasaba el tiempo, cada vez esa posibilidad se alejaba más. Mientras tanto, Alexander llegó a la puerta del departamento de Nataly, acomodó su saco y sonrió levemente, mientras tocaba la puerta. —Hola, cariño. Pasa por favor—. Le dijo Nataly con voz sensual. —Hola Nataly—. Contestó Alexander, mientras la tomaba por la cintura y la jalaba levemente hacia él. —Guau, tan bella como siempre, me encantas, Nataly, me vuelves loco—. Le susurró al oído. Nataly respondió con una risita coqueta y le guiño un ojo mientras se alejaba poco a poco y empezó a contemplarlo. —Ya sabes que tú también me encantas, guapo. ¿Quieres tomar algo antes de pasar a algo más… emocionante?— Le decía mientras deslizaba sus manos sobre el pecho de Alexander. Este sintió una corriente eléctrica en todo su cuerpo al sentir las caricias de Nataly, ella sabía cómo volverlo loco y de ahí se aprovechaba para tener todos los lujos que podría. —Me encantaría un trago, pero antes…— Él tomó su rostro entre sus manos, atrayéndola hacia el suyo para fundirse en un beso ardiente y apasionado. Nataly se entregó al beso con la misma intensidad, sintiendo cómo la pasión entre ellos se encendía como una llama que ardía fuera de control. Ambos deslizaban sus manos sobre el cuerpo del otro, con un deseo desenfrenado, recorriendo cada centímetro de su piel. Se besaban con pasión y locura, como si quisieran fundir sus labios en uno solo, después de un rato se separaron para tomar aire y sus corazones latiendo a mil por hora. —Guau, eso fue… increíble—. Dijo Nataly, respirando agitada. —Vaya que sí lo fue, pero eso fue solo el principio— Le dijo él con una sonrisa pícara. Él se acercó nuevamente y la cargó en sus brazos, besándola nuevamente mientras la llevaba a la recámara. —Estoy loco por ti, Nataly. Me encantas, cuando estoy contigo, siento que soy como un volcán de pasión a punto de estallar, el roce de tu piel, tus labios, tu cuerpo me enloquece—. —Tú me haces sentir lo mismo, Alexander, hazme tuya, por favor, en este instante— Dijo Nataly, respirando agitada. Ambos se entregaron a la pasión que los quemaba por dentro, olvidándose de todo a su alrededor y dando rienda suelta a sus instintos.
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