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1266 Words
Capítulo 4 Después del encuentro, la noche anterior, lleno de apasionada locura y desenfreno, los cuerpos de Alexander y Nataly yacían en la cama, envueltos en las sábanas, aún extasiados. —Guau, fue increíble como siempre, guapo. Se ve que tenías mucha pasión guardada, claro, se ve que la insípida de tu mujer no tiene la más remota idea de cómo atender y complacer a un hombre—. Dijo Nataly en tono de burla. Alexander la miró con desdén, a pesar de que la relación con su esposa no es la mejor, a él no le agrada para nada que Nataly hable de ella. —Ya te he dicho que no la menciones cuando estamos juntos—. —Por favor, guapo. Solo digo la verdad, no sé por qué sigues con ella, esa mujer es una mojigata, ella nunca te dará lo que yo puedo darte. —Dijo ella mientras acariciaba su pecho. —No empieces con eso nuevamente, tú sabes cuál es tu lugar, te lo dije desde un principio, solo eres… Un desahogo, solo una más—. Dijo el CEO en tono sarcástico, dejando en claro la posición de Nataly en su vida. Nataly frunció el ceño en señal de desagrado. No esperaba para nada esa respuesta después del apasionado encuentro. Esas palabras fueron un duro golpe en su orgullo, ya que siempre ha guardado la esperanza de que él deje a su esposa y se quede con ella. —¿Entonces eso soy para ti? ¿Un desahogo? ¿Una diversión? ¿Una más?— Dijo al mismo tiempo que se levantaba de la cama con los ojos llorosos de ira. —No te pongas así, Nataly. No me des drama, no me gusta el drama en mi vida, te lo dije desde un principio—. Dijo al mismo tiempo que respondía su celular, el cual recibía una llamada de Demian. —Alexander, ya estoy afuera, esperándote—. —Llegas tarde, imbecil. Pero bueno, que se puede esperar de una persona con dos neuronas—. Contestó el CEO haciendo gala de su prepotencia, al mismo tiempo que colgaba el teléfono. —Eres un miserable, no puedo creer que me estés diciendo esto—. Dijo ella entre lágrimas. —No sé de qué te sorprendes, tú sabías que era casado y aun así aceptaste estar conmigo. Además, ni te quejes, que no te va nada mal. Tienes este bonito departamento, ropa, joyas, te cumplo tus tontos caprichos, así que sin dramas, mujer—. Contestó en forma de burla. Ella se quedó petrificada. La rabia le inundaba todo su cuerpo, que no podía articular palabra. Se salió de la habitación rumbo a la sala y se acostó en el sofá del lujoso departamento. Lloraba de frustración e ira, ya que en el fondo Alexander tenía razón, él era casado y no podría aspirar a más. Él se terminó de vestir y al ver a Nataly recostada en el sofá se acercó y le dio un beso en la mejilla. —Ya me voy, cariño. Volveré cuando se te pase el drama—. Ella no podía creer que el fuera tan frío y no sintiera ni un poco de remordimiento por las palabras tan crueles que le dijo. —Voy a hacer que un día te tragues tus palabras, maldito. No sé cómo, pero te juro que vas a terminar enamorandote de mí, y aquí te tendré, comiendo de mi mano— Dijo mientras se secaba las lágrimas. Alexander bajo y se subió al auto de Damien. —Espero que hayas terminado el reporte, hoy tenemos reunión con los inversionistas, así que no me hagas quedar mal—. —Sí, aquí lo tienes. Trabajé toda la noche en él, no he dormido casi.— Dijo Damien, quien se veía visiblemente agotado. —Si lloriqueos, Damien. Para eso te pago, no me hagas recordártelo. No quiero ponerme de malas ahorita—. Damien manejó directamente hacia el corporativo. Las personas a su alrededor miraban a Alexander con temor, lejos de verlo como alguien respetable, lo miraban como un tirano. Al llegar a su oficina, llamó a Susan, su asistente. —Dígame, señor—. Contesto la secretaria con cierto tacto. —Tráeme un café bien cargado y un analgésico inmediatamente. No soporto el dolor de cabeza. Me los llevas a la sala de juntas, ya que tengo una reunión con los inversionistas. Susan entró con cautela a la sala de juntas al mismo tiempo que el CEO revisada el informe de Damien. Se acercó y puso el café y el analgésico sobre la mesa cautelosamente. —Aquí está, señor, ¿Necesita algo más?— Preguntó la tímida secretaria. —No, ya te puedes retirar—. Contestó él sin el más mínimo detalle de agradecimiento. Él nunca decía gracias, ya que para él la gente que lo rodea para eso está y se les paga para eso, así que no tiene por qué agradecer. Los socios entraron a la reunión y saludaron amablemente. —Bienvenidos, caballeros. Gracias por asistir a esta importante reunión. Espero que estén preparados para discutir los detalles del informe y las estrategias de inversión— Anunció el CEO con un tono de voz firme y seguro, mientras se erguía en su silla con una expresión de autoridad. Los inversionistas comenzaron a presentar sus puntos de vista y preguntas sobre el informe, mientras Alexander los escuchaba con atención, interrumpiéndolos ocasionalmente con comentarios críticos y demandas de mayor claridad. —¿Y qué medidas específicas están tomando para abordar la competencia en el mercado asiático?—preguntó Alexander, mirando fijamente al representante de una de las empresas inversoras. —Bueno, señor, estamos explorando varias estrategias, incluyendo alianzas con socios locales y campañas de marketing dirigidas—respondió el representante, tratando de mantener la compostura ante la mirada penetrante de Alexander. —Eso no es suficiente. Necesitamos acciones concretas y resultados tangibles. No podemos permitirnos perder terreno frente a nuestros competidores. Quiero un plan detallado en mi escritorio para mañana a primera hora —Ordenó Alexander, con un tono de voz autoritario que dejaba en claro que no aceptaría excusas. —Sí, señor, pero si me permite hacerle una observación, es demasiado arriesgado invertir esa cantidad, no sabemos si funcionará en aquel mercado—. El CEO se levantó de su asiento y lo miró con desdén. —Señores, en los negocios se tienen que tomar riesgos, y los que me conocen saben que mi intuición no me falla. Yo jamás me equivoco, no por nada he llegado hasta donde estoy—. La reunión continuó con intensidad, mientras Alexander dirigía la discusión con determinación y astucia, demostrando su dominio en el mundo de los negocios y su disposición a hacer lo que fuera necesario para mantener su posición en la cima. Los inversionistas observaban la interacción con cautela, conscientes del temperamento de Alexander y de su reputación como un hombre implacable en el mundo de los negocios. Finalmente, la reunión terminó satisfactoriamente para Alexander. Él se sentía orgulloso de lo que ha logrado y su principal interés es mantener su nombre en la cima y aumentar su riqueza. Para él nunca se es suficiente, siempre es bueno acumular más. Mientras tanto, en su mansión, Emily decidió salir al jardín. A ella le encantaba estar rodeada de la naturaleza, era como una terapia y la hacía sentir muy bien. Se recostó sobre el césped y cerró los ojos. Eso le proporcionaba una gran paz, sobre todo, después del desagradable momento que vivió ayer con su esposo.
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