MI ADORADA PROFESORA

1001 Words
¿Alguna vez, fantasearon con sus maestros? Sí, sé que muchas veces no encontramos entre la espada y la pared, pues, nos decimos a nosotros mismos, que ellos están prohibidos, que debemos verlos como guías, pero en mi caso fue diferente. Mi nombre es Madison Scott, tengo veinte años, y aunque soy una chica afortunada en cuanto al dinero, pues soy la heredera de un gran imperio, eso no me hace feliz, de pequeña pase internada debido al asma y otras complicaciones respiratorias, para colmo de males, mis padres son ultraconservadores, tanto así, que ni quiera había dado mi primer beso, pero eso, cambio el sábado en la madrugada, gracias a Mis Azucena, mi profesora de inglés. Mi mejor amiga Wanda, quien es sobrina de mi maestra, se las arregló para convencer a mis padres, y ellos me dejaron ir a su casa con la excusa de que tendríamos una “pijamada”, no obstante, nos iríamos de antro. Siendo eso de las nueve de la noche, del viernes, salimos de la casa de la señorita Azucena, no puedo quejarme, mi noche estuvo divertida, pero, al no estar a acostumbrada a las luces y el ruido excesivo, decidí irme siendo la una de la madrugada, intente convencer a Wanda de que se fuera conmigo. —¡Qué aguafiestas! —me dijo, algo enojada—. Vete tú, no te preocupes por mí, sé cuidarme sola, además Brandon está conmigo, no me pasará nada —¿Qué le digo a tu tía? —le pregunté —Dile que me quedaré un poco más. No te alarmes, ella confía en mí. Teniendo claro, que ella no me acompañaría, decidí irme, y cuando llegue a su casa, su tía, aún estaba despierta, pero eso, no fue lo que llamo mi atención, ella lucía una bata que dejaba poco a la imaginación, me saludo muy amablemente, sentí algo raro, y es que, en el momento que ella me beso en la mejilla, mi corazón se agitó un poco, nerviosa por aquella sensación, subí de inmediato a la habitación de mi amiga y me repetí a mí misma: «¡Cálmate, es tu maestra! ¡No te hagas falsas ilusiones! No puedes desearla». Sin embargo, las fantasías no paraban de inundarme, así que camine en círculos, y nada me daba resultado, una llama en mi interior me quemaba. Entonces bajé para intentar tomar aire, quise ir al jardín, y no pude, y es que a medida que me iba acercando a la habitación de la señorita Azucena, escuchaba una especie de susurros, preocupada por ella, me acerque con discreción, la puerta estaba entre abierta, y para mi sorpresa, no había porque preocuparme, aquellos susurros que escuchaba, los emitía mi profesora, debido a que ella se estaba masturbando. —¡¿Te diviertes?! —me preguntó sonriendo. No sé, cómo, ella, se percató de mi presencia. —Yo… —titubeé, no pude darle respuesta alguna. —Tranquila, seguiré con la función. Ella me guio hasta su cama, hizo que me sentara, y a medida que seguía continuaba el espectáculo, una especie de cosquilleo empezó a emerger en mi parte baja, me sentía extraña, no sabía cómo reaccionar a lo que sentía en ese momento, su cuerpo desnudo, me tenía anonadada. —¿Y bien linda? ¿Continuamos? —acaricio mis labios. De un momento a otro, termine desnuda, en su cama, con mis piernas abiertas y ella, con su lengua en mi v****a, la lamia, tan apasionadamente, no dejo parte sin recorrer, su lengua hizo maravillas en mí, cuando vio que mi humedad era suficiente, fue introduciendo sus dedos poco a poco, debo decirlo, me dolía un poco, era virgen, nadie había entrado en mí antes, pero ella supo cómo hacerlo, y mientras que sus dedos estaban ahí adentro, su boca se encargaba de mis senos, los cuales, chupo, saboreo, y mordisqueo a sus anchas, mi profesora, aquella señorita tan dulce, se había convertido en una mujer totalmente diferente, me tenía atrapada, sus dedos hacían maravillas en mi v****a, mientras que su boca hacia lo mismo con mis senos, después de un rato de gemidos, ella y yo, nos besamos, vaya que mi profesora besa bien, es una experta con su lengua, debido a la excitación por los besos, volvimos a calentarnos, entonces, ella se acostó en la cama, me pidió que pusiera mi v****a, en toda su boca. —¡Dios…! ¡Uhg…! —Seguía bajo su dominio. Mientras estaba arriba, devoraba nuevamente mi v****a yo misma jugaba con mis senos, mis caderas se movían solas, acto que le fascinaba, cuando logre venirme por segunda vez, me sentí regocijada, pero ahí no cabo todo, pues, aprovechando la humedad que aún seguía en mí, me estimuló a tal, punto, que me calentó, para luego introducirme un vibrador, santo dios, nunca había sentido uno, y como lo disfrute, dure más o menos una hora en la habitación de Azucena, y fue una hora fantástica, ella me masturbo en distintas posiciones, y no solo fue mi v****a, jugo conmigo a sus anchas, hizo de mí un desastre, tuve varios orgasmos, mis gemidos no pararon. Y cuando quedamos satisfechas, sostuvimos una pequeña conversación. —Por tus expresiones, puedo ver, que es tu primera vez, ¿me equivoco? Su mirada me intimido, así que voltee cerré mis ojos. —¡Eres tan tierna! No te preocupes, cuidaré de ti —rodeo mi cuello—. Por fin, he cumplido mi sueño, eres mía y de nadie más. Ella me confesó que yo siempre le he gustado, que no hay noche que fantasee conmigo, y la verdad, no sé, si soy lesbiana, pero lo acepto, acepto que lo vivido con ella, fue descomunal, así que no la rechacé, desde esa madrugada, soy la novia de mi profesora, mi cuerpo ya le pertenece a ella y estoy segura de que muy pronto se ganara otras cosas más, quede tan adicta a ella, que ya estamos planeando nuestro próximo encuentro en su casa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD